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Tiempos mágicos

Worn books labeled Selected Poems and colorful Christmas ornaments on a wooden table

Worn poetry books and colorful Christmas ornaments create a nostalgic still life by the window.

/ una reseña de Luis López /

Hace ya tiempo que el miedo al kitsch se ha apoderado de la izquierda política. El kitsch de las viejas consignas y las banderas rojas, de la revolución indefinidamente pospuesta del proletariado, del fantasma que ya no parece recorrer Europa.

De la izquierda política, pero no de la izquierda poética. En lo que va de siglo XXI, lo que podríamos denominar poesía contrahegemónica ha ido ganando en España una visibilidad (representada en premios y antologías) impensable en los años ochenta o noventa del XX, en los que el discurso dominante apenas dejaba espacio a cualquier tipo de disidencia. De ello, como ejemplo, da parcialmente cuenta Última poesía crítica. Jóvenes poetas en tiempos de colapso, a cargo de Alberto García-Teresa[1] y David Trashumante (Lastura ediciones, Alcorcón, 2023).

En esta tendencia, sin duda, debe encuadrarse a Mario Obrero (Madrid, 2003), poeta precocísimo, ganador del XXXIII premio Loewe de poesía a la creación joven en 2020,[2] del XIV Premio de poesía joven Félix Grande en 2018[3] y presentador durante dos temporadas del programa de RTVE Un país para leerlo.

El kitsch de la izquierda es la palabra que ya no se atreve a ser revolucionaria, desactivada por la nostalgia de su potencia perdida, vaciada por el lenguaje del poder, que ocupa aparentemente todo espacio. Le surge entonces al poeta Mario Obrero la pregunta sobre la posibilidad misma de su tarea. ¿Cómo denunciar ese lenguaje, esas estructuras que siguen condicionando el pasado (la desmemoria)[4] y el futuro (la imposibilidad de la utopía)?  

crecen las vértebras como serrín en la derrota
nos dimos la mano toda sucia en cruces de caravaca
¿somos novios? si no respondes guarda el secreto
a tus seis hay otra falda pálida de encías
dios así lo quiso y tan solo de mirarnos se fundó la dinastía obrera
luego vinimos una tras otra a depositar nuestro pan en el sueño de los mirlos
nuestra confianza nostálgica en las izquierdas
anthós aquel que porta flores
carmina el poema y el jardín
se relevan en su canto los días como la llegada de un diluvio
irremediable la partitura de cuantas aves auspician
volver vol ver vol ver
regresar como los lúcidos alféizares cargados de sal y lombrices
participio cantando en las mesas
pólvora ensimismada en sus cunas de polvo
tendederos de la inmensidad
allí donde amas de casa

DERROTA: el viaje que hacen los navíos por la mar
Sebastián de Covarrubias

Es la sospecha sobre el lenguaje, en cuanto herramienta del Poder, lo que lleva a Mario Obrero a dar relevancia en su obra a aquellas lenguas que, por estar en los márgenes, retienen aún un matiz de resistencia; también a la etimología como evidencia del desgaste y resignificación, aunque en ocasiones de legitimidad. Pero, sobre todo, el medio del que se sirve para socavar ese lenguaje, restituyendo su sentido al discurso de la izquierda, la posibilidad —sobre todo— de nombrar el pasado, es el surrealismo, haciendo suya una tradición que en castellano pasa por Federico García Lorca, Antonio Gamoneda o Juan Carlos Mestre, rechazando un automatismo estricto porque no busca abismarse en el fondo del subconsciente, sino servirse de él para que la escritura resignifique lo olvidado, lo no dicho. En palabras, precisamente, de Antonio Gamoneda,[5] una poesía que va hacia una realidad bajo condiciones de irrealidad.

Poemas libres en su forma, pero que no pierden nunca el oído, la sonoridad que nos indica que se trata de una poesía que aspira a ser dicha en voz alta. Sonoridad, ritmo, que sin duda proviene de un conocimiento profundo de la tradición literaria peninsular, que de vez en cuando asoma en Tiempos mágicos;[6] pero sonoridad que también tiene una voluntad política: la oralidad presupone siempre lo colectivo, rompiendo los márgenes de la lírica, y adquiriendo por ello capacidad de agencia. Esto es algo que experimenté —si se me permite la anécdota personal— este pasado mes de julio, en un acto organizado por la librería ovetense Kafka, en que Mario Obrero leyó algunos poemas de este libro.

baldosas rojas III

Has venido a tu cuerpo a besar ciruelas como diminutas heridas
a tu cuerpo y su vertebral columna de tren adormecido
las comadronas acatarradas viajan y celan tus cejas
la rata encalada que orina silencio en la plaza
he venido a su cuerpo mi herida tu cuerpo una liviana renuncia
solo una arrodillada manera de alejarse
luego la lengua el idioma lamiendo tartas de licor
ha venido yo a manducar una rajita de tomate
misterioso concepto o algodonada duda egipcia
manu ducere guiar con tu mano la caricia el alimento la herida
tu vengo a él con blanco pantalón de insistencia
sin muñón las tórtolas navales
al cuerpo hemos venido con las manos y las ciruelas medio plátano gajo de mandarina
sin nunca habernos marchado hemos venido
llegada que no timbra en las agendas
torna de los dientes de leche
roja pátina ebria

Sobre la pretendida rendición de la izquierda se levanta la pesadilla que Mark Fisher denominó el realismo capitalista. Esa presunción es lo que niega, con el coraje del antagonista, el surrealismo de Mario Obrero en Tiempos mágicos. Surrealismo que se desborda, también, en su vena artística —y es algo que lo enlaza nuevamente con Lorca, Mestre y, también, con su admirada Guadalupe Grande—, que el autor integra en el libro en forma de collages que configuran un discurso visual en diálogo con los poemas.


[1] Autor también de Poesía de la conciencia crítica (1987-2011), Ciempozuelos, Madrid, Tierradenadie, 2013.

[2] Peachtree, Madrid, Visor, 2021.

[3] Carpintería de armónicos, Getafe, Universidad Popular José Hierro, 2018.

[4] A la memoria, simbolizada en la fosa común de Pernafeites, en Miravet (Tarragona), dedicó Mario Obrero Cerezas sobre la muerte, Barcelona, La Bella Varsovia, 2022.

[5] El cuerpo de los símbolos, Madrid, Huerga & Fierro, 1997, pág. 203. Miguel Casado, a su vez, utilizó esta expresión para referirse al propio Gamoneda (Los artículos de la polémica y otros textos sobre poesía, Madrid, Biblioteca Nueva, 2005, pág. 64).

[6] Así en el poema «en los cementerios del conocimiento rábanos, igos y pasas».


Tiempos mágicos
Mario Obrero
La Bella Varsovia, 2024
64 páginas
13,90 €

Luis López Suárez nació en Oviedo (1966). Entre sus intereses preferentes están la historia del arte, la música y el cine. Es autor de los poemarios No todo fue mentira (Madrid, 2008), Con paso incierto (2017) y Oficio de difuntos (2024) y la plaquette Ocho sonetos fúnebres (2020).

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