/ por Pablo Batalla Cueto /
Miércoles, 12/6/2024. Nos gusta advertir sobre el peligro de olvidar la historia, pero a veces el peligro está en conocerla. Cuenta Nicolás Sesma en Ni una, ni grande, ni libre: la dictadura franquista que muchos republicanos se empeñaron en creer que Franco iba a ser un mero general de pronunciamiento, como mucho un Primo de Rivera un poco más bruto, tras cuyo triunfo vendría algún abrazo de Vergara, hasta mucho después de haberse hecho evidente que representaba algo nuevo e infinitamente más sádico. Lo creía, por ejemplo, Julián Besteiro, que suponía que lo que sucediera a la victoria franquista sería una República autoritaria en la que la UGT llegara a tener encaje; suposición que contribuyó a su decisión de quedarse en Madrid en lugar de buscar la ruta del exilio. En agosto de 1939, mientras se pudría en el penal de Dueñas, dejó escrito en una carta: «Yo nunca creí que esta gente era tan bestia». Qué era Franco, qué representaba, quizás lo había entendido mejor el miliciano más analfabeto que estos buenos conocedores de la historia de España.
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Descubro, y me quedo cautivado, por esta foto de José Ramón Lueje, tomada hace décadas (no sé la fecha) en los Picos de Europa:
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En Francia, tormenta interna en Los Republicanos por la voluntad de su líder, Éric Ciotti, de pactar con Marine Le Pen. Parece que quieren expulsarlo del partido. Las cosas de tener una derecha del cuarenta y cinco en lugar de una derecha del treinta y nueve. En España, el PP también fue expeditivo contra María Guardiola, la presidenta de Extremadura, pero por expresar su voluntad de no pactar con Vox.
Jueves, 13/6/2024. Sumar discute sobre la sucesión de Yolanda Díaz. Hay quinielas: Pablo Bustinduy, Mònica Oltra… Entretanto, se plantea una dirección transitoria formada por Lara Hernández, Elizabeth Duval, Txema Guijarro y Rosa Martínez. Es provisional y los perfiles son bajos —salvo el de Duval— y apparatchiki; fontaneros de la máxima confianza de Yolanda. Pero me gustaría que se explorase más en serio, y como solución definitiva, la idea de una dirección colegiada. Si una lección debe impartir este ciclo que se acaba en la izquierda española, es que confiar en el Gran Hombre o la Gran Mujer que nos conduzcan a la gloria es un viaje para hacer sin alforjas. ¿Qué tal si nos dejamos de rómulos y tarquinios y pasamos de la monarquía a la república?
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Lo difícil no es coaligar sensibilidades, sino insensibilidades.
Viernes, 14/6/2024. Paul Valéry: «Si un pájaro supiera explicar lo que canta, por qué lo canta y cómo lo canta, dejaría de cantar».
Sábado, 15/6/2024. «Hay tantas cosas que se fueron con ella», suele decir apesadumbrada, refiriéndose, por ejemplo, a algunos platos; a las especialidades culinarias con que ella nos obsequiaba cuando la visitábamos en la casa del pueblo, cada domingo. Pero desde que ella se fue, se ha ido esforzando por emularlas; por rescatarlas de la extinción. Últimamente se ha puesto con la torta. Ha buscado la rara harina de maíz blanca que ella utilizaba. Ha rebañado el perol de su memoria para apropiarse de todos los recuerdos de su madre —mi abuela— y su abuela —mi bisabuela— cocinando, a fin de replicar, con pulcritud de recreacionista histórico, sus tiempos y sus gestos. Y hoy ha hecho torta y ha dicho «no sabrá igual», pero sí sabía igual: era, y ha sido emocionante, la misma torta.
Domingo, 16/6/2024. ¿En qué momento marcharse de un país en el que va emergiendo una tiranía o un movimiento revolucionario que amenaza al colectivo al que pertenecemos? Lion Feuchtwanger escribía —leo en Los silencios de la libertad, de Guillermo Altares— sobre lo «asombroso [de] que los amenazados en cada momento pensaran en ponerse a salvo demasiado tarde. Por qué, maldita sea, tantos aristócratas franceses habían sido tan burros como para dejarse sorprender por la Revolución, cuando hoy cualquier niño de colegio sabe desde los escritos de Rousseau y Voltaire que tenían que haberlo sabido décadas antes». También me lo he preguntado a veces, por ejemplo, de los judíos e izquierdistas amenazados por los nazis. Al final, uno nunca cree que acabe sucediendo lo peor; nunca piensa que los discursos amenazadores acaben traduciéndose en la realidad de un exterminio. Pero Auschwitz, como repite siempre el Auschwitz Memorial, empezó con palabras. Y como decía Laurence Rees y también recoge Altares, «nunca fracasó un genocidio por falta de gente dispuesta a asesinar».
Lunes, 17/6/2024. Comenta Jorge Guitián en Twitter que deberíamos revisar el tópico de la cocina de la abuela: muchas no cocinaban bien, muchas lo hacían por obligación y habrían preferido no hacerlo, muchas hicieron lo que pudieron con lo que tenían, incluido un tiempo muy limitado. Muchas introdujeron en la cocina los cubitos de caldo, las sopas de sobre, la margarina, el Nescafé o los aceites refinados y no se trata de juzgarlo, sino de hacer una relectura crítica de esa romantización reduccionista —como todas las romantizaciones— de la cocina de las abuelas. Leerlo me hace acordarme de mis dos abuelas carnales y también de lo que he oído sobre las dos políticas. Todas cocinaban mucho y bien, pero al menos dos de ellas siempre decían que no les gustaba hacerlo, y se hacía evidente que cocinaban bien a fuer de llevar haciéndolo décadas, sin el toque de excelencia de una afición genuina.
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El partido de Alvise Pérez es como si se agarra a Vox, se lo mete en una lavadora con el programa de centrifugado más bruto y en el proceso destiñe. Es decir: un atolondrado revoltijo de tropos de ultraderecha sin el orden de partido clásico que les da Vox, y desvinculado de símbolos nacionalistas.
Sobre Vox y SALF, otro apunte de César Rendueles: «Vox es una escisión de la derecha nacida de los Peones Negros y el apoyo mediático que recibió su teoría de la conspiración tras el 11-M. SALF es una escisión de la derecha nacida del magufismo pandémico y el apoyo mediático que recibió. Siempre sobre una montaña de muertos».
Martes, 18/6/2024. Dos obras de arte sobre el patriarcado. Un dibujo de Raoof Haghighi de 2021, titulado Simplemente cógelas y déjame sola:
Y El visitante matutino, de Dino Buzzati (1963):
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Maldice el empresario Félix Revuelta que «la mentalidad en España es trabajar poco y ganar mucho». El capitalismo es «egoísmo virtuoso» hasta que el trabajador al que se le ha dicho que sea «empresario de sí mismo» decide que, como buen emprendedor, él también quiere hacer el mínimo gasto y obtener el máximo beneficio. Entonces, de pronto, todo son exigencias de abnegación.
Pablo Batalla Cueto (Gijón, 1987) es licenciado en historia por la Universidad de Salamanca, periodista y corrector de estilo. Ha sido o es colaborador de los periódicos y revistas Asturias24, La Voz de Asturias, Atlántica XXII, Neville, Nueva Sociedad, Crítica.cl, Jot Down, La Soga, Nortes, LaU, La Marea, CTXT, Público y El País; ha dirigido A Quemarropa, periódico oficial de la Semana Negra de Gijón, y desde 2018 es coordinador de EL CUADERNO. Ha publicado los libros Si cantara el gallo rojo: biografía social de Jesús Montes Estrada, ‘Churruca’ (2017), La virtud en la montaña: vindicación de un alpinismo lento, ilustrado y anticapitalista (2019), Los nuevos odres del nacionalismo español (2021) y La ira azul: el sueño milenario de la Revolución (2023).

