Icono del sitio El Cuaderno

El runrún interior (124)

/ por Pablo Batalla Cueto /

El runrún interior (123)

Martes, 5/12/2023. Un grafiti en alguna parte, del que veo la fotografía en Twitter: «Necesitamos cambiar el mundo, no que nos mediquen para soportarlo».

*

Leo en La revolución religiosa: el nacimiento de la espiritualidad moderna, 1848-1898, de Dominic Green, que Gandhi se hizo vegetariano en Londres, tras comer en un restaurante veggie donde compró un folleto de Henry Salt; y que abrazó la tradición hindú leyendo a Madame Blavatsky, cuyo filoorientalismo le hizo abandonar la idea «de que el hinduismo estaba plagado de supersticiones». La importancia del filtro occidental en la formación de las ideas orientales incluso por oriundos del Oriente.

*

Un pasaje interesante de Los europeos: tres vidas y el nacimiento de la cultura cosmopolita, de Orlando Figes, sobre el silencio y la música clásica, que leo compartir a Edgar Straehle:

«A partir de la década de 1830, el comportamiento del público empezó a cambiar. Gradualmente, en los principales teatros de ópera al norte de los Alpes, el silencio se fue convirtiendo en norma. A medida que el patrón de comportamiento en los conciertos empezó a ser dictado por los melómanos serios, que en su mayoría procedían de las clases profesionales y no eran miembros de la aristocracia, el público fue guardando silencio. Se han propuesto diversas explicaciones para dar cuenta de este cambio, de la inmersión del público en el espectáculo visual que la grand opéra desplegaba a la anonimia e inseguridad propias del nuevo espectador burgués, para quien el silencio era sinónimo de respetabilidad y decoro. Sin duda, todos estos factores desempeñaron un papel. Pero en el corazón del fenómeno se hallaba una nueva seriedad en la actitud hacia la música; esta exigía escucha.

Este nuevo silencio del público se reflejó también en la disposición de las butacas en los auditorios de los conciertos públicos. A diferencia de la informal ubicación de los asientos en los conciertos privados y en los salones, que dejaba espacio para moverse, en los auditorios los asientos se dispusieron en filas formales, de modo que cualquier movimiento ocasionaba una ruidosa perturbación. En la London Musical Union, donde los melómanos serios del ámbito de las profesiones liberales eran mayoría, se impusieron unas estrictas reglas sobre el silencio. “Il piu grand’omaggio alla musica, è nel silenzio” (“El mayor homenaje a la música es el silencion”) era el lema de la Union. A partir de 1847, los programas de sus conciertos incluían el siguiente aviso: “Rogamos a los miembros del público que no puedan permanecer durante todas las representaciones, que aprovechen las pausas entre los movimientos de las composiciones para salir SIN MOLESTAR A LOS ARTISTAS NI AL PÚBLICO”.

En el Gewandhaus de Leipzig también era obligatorio mantenerse en silencio en el auditorio. Sobre el escenario podía leerse un lema de Séneca, “Res severa est verum gaudium” (“La verdadera alegría es un asunto serio”), que recordaba a los oyentes que la música es un arte para la contemplación estoica y la introspección silenciosa. Incluso la planta del Gewandhaus parecía diseñada para la reflexión espiritual: seguía como modelo la iglesia de Santo Tomás, con los asientos dispuestos en paralelo a las largas paredes del pasillo y orientados hacia la nave, de modo que los oyentes quedaban reunidos como una congregación; la orquesta estaba al otro extremo de la sala, donde en una iglesia se situaría el altar. Las Hannover Square Rooms y la Salle du Conservatoire mostraban una disposición similar. En esta última, además, se oscurecía la sala mitigando las luces de gas antes de que empezara la música, para dirigir la atención del público hacia la orquesta y promover una actitud de recogimiento interior».

*

Podemos deja Sumar y se va al grupo mixto. Como dice Jorge Lago, «ya no podían purgar a nadie más, así que se han purgado a sí mismos». La diputada de Podemos madrileña Carolina Alonso (oriunda de Gijón, y con quien yo coincidí en mis tiempos de militancia en la Juventud Comunista de Asturias) tuitea que se ha enterado de la decisión por Canal Red: así se las gastan quienes aseguran consultárselo todo a sus «inscritos». Moriche bromea: «El bloque mayoritario de la izquierda española se ve hoy amputado de un repulsivo inframedio de fake news, cuatro o cinco mil acosadores fanatizados en redes y el pequeño clan de desaprensivos que se lucra de ellos. No sé cómo vamos a reponernos de esta pérdida irreparable». Yo también creo que, dentro de la mala noticia general que es el infantilismo tóxico de esta gente, es una buena noticia. Se exprimió electoralmente la unión y ahora vendrá bien la división: Sumar a gobernar; Podemos a oponerse, pero sin dedicarse —digo yo que no serán tan malnacidos— a votar con el PP y Vox; cada uno en su casa, Dios en la de todos y nadie acostándose con niños y meao levantándose.

*

Qué patético resulta el sainete vidabrianesco de nuestra izquierda y sus 227 pequeños partidos personalistas idénticos fundados hace diez minutos cuando uno piensa en las décadas de historia y las tradiciones distintas y enfrentadas de las que venían los que se unieron para fundar Izquierda Unida en 1986. Tenías un PCE, con sus 65 años de historia; un PASOC que era el PSOE histórico y por lo tanto tenía 107; un Partido Carlista que tenía 15, pero prolongaba un linaje iniciado en 1833; un PCPE muy joven, pero cuya separación prosoviética del PCE eurocomunista tenía un sentido ideológico y geopolítico profundo; una Federación Progresista también recién fundada y poco más que un partido instrumental al servicio de la vanidad de Ramón Tamames, pero que, de todas maneras, aportaba a la coalición la orientación ecologista… Eran fuerzas que se habían, literalmente, matado entre ellas en el pasado, y tenía sentido que su coalición fuera una confederación cautelosa con la autonomía de cada cual, y que bien pudiera acabar —como así fue— como el rosario de la aurora. Frente a eso, ¿qué vemos hoy? Una colección de startups imberbes, indistinguibles en casi todo, que sacan pecho por sus insobornables identidades y exigen un delicadísimo encaje de bolillos para preservarlas, como si nos jugáramos algo más que un puñado de supervivencias personales. Se habla de «frente amplio» y se usa el rimbombante palabro «confluencia» como si mancomunaran sus sagradas y caudalosas aguas, venidas de remotas cordilleras de ensueño, el Tigris y el Éufrantes, y lo que se junta es más bien el Piles con el Pilón.

*

Un apunte muy interesante de Stephen Walt sobre el recién fallecido Henry Kissinger, razonando por qué no era realista, sino todo lo contrario:

«[…M]ientras que la mayoría de los realistas (y especialmente los realistas estructurales) hacen hincapié en los elementos materiales del poder (es decir, la población, la fuerza económica, los recursos, el poder militar, etc.), Kissinger creía que las ideas eran potencialmente igual de poderosas y podrían ser especialmente peligrosas. Su biógrafo oficial (y muy comprensivo) Niall Ferguson va demasiado lejos en tratar de reempaquetarlo como un idealista neokantiano, pero su relato reconoce la creencia perdurable de Kissinger de que las ideas peligrosas podrían causar grandes estragos si ganan seguidores, porque el ejército más fuerte podría no ser suficiente para evitar que se propaguen. ¿De qué otra manera podemos entender el miedo exagerado de Kissinger al eurocomunismo o su reacción exagerada a la elección de un presidente socialista moderado (Salvador Allende) en Chile? Las preocupaciones de Kissinger sobre el impacto desestabilizador de las ideas lo hicieron hipersensible a las perturbaciones más pequeñas en los países estratégicamente marginales y lo inclinaron a reaccionar de forma exagerada a ellas de maneras a las que otros realistas se opusieron».


Miércoles, 6/12/2023. Dice el presidente israelí Isaac Herzog que «esta guerra no es solo una guerra entre Israel y Hamas; es una guerra que tiene real, verdaderamente, la intención de salvar a la civilización occidental». El intelectual progresista estadounidense Corey Robin —judío, por cierto— hace un comentario certero sobre el code-switching, el ufano cambio de código, israelí: cuando se dice que si Israel es un Estado colonial de colonos occidentales, sus defensores lo presentan como un Estado para los judíos mizrajíes de Asia. Cuando se dice que están masacrando a los palestinos, esos defensores invocan su condición de puesto de avanzada de Occidente.

El caso es que podemos comprarle a Herzog el argumento. ¿Es Israel un paladín de la civilización occidental? Pues quizás sí. Pero habrá que decir entonces, por más que nos gusten las óperas de Verdi y el Quijote, que la autocomplaciente civilización occidental es una reverenda mierda; que el marqués de Sade, los holocaustos victorianos en la India o Adolf Hitler también son Occidente, y que lo que hay que invocar es una civilización universal sin genocidios.

*

Es curiosa la expresión, tan extendida últimamente y tomada del mundo de las apuestas, «ni cotiza», para referirse a acontecimientos futuros seguros. «Que tal cosa va a pasar, ni cotiza». Hasta tal punto es un gran y permanente casino la vida contemporánea bajo el turbocapitalismo que el juego, las apuestas, la ludopatía, colonizan hasta nuestros refranes, nuestras metáforas. Alguno añade un sintagma más a la expresión que la hace aún más puro Zeitgeist: «ni cotiza en Codere».

*

Comenta lo siguiente Cayetana Álvarez de toledo de la noticia de que Sánchez ha colocado al frente de la Agencia Efe a su exsecretario de Comunicación: «Ni una institución sin asaltar. Como para entregarles el CGPJ». Entregarles. Es decir, reconoce que lo tienen secuestrado.


Jueves, 7/12/2023. En Sueca (Valencia), un hombre mata a su hijo, pero, antes de hacerlo, lo pone al teléfono con su madre, para que esta escuche cómo lo asesina. La mujer escuchó el desgarrador grito del niño clamando «¡mamáaaa!» y, entonces, la llamada se cortó.

Siempre que leo algo así de profundamente sobrecogedor me acuerdo de algo que dice a veces Jónatham Moriche: que una de las carencias del marxismo, que no tiene la teología, es una aproximación insuficiente al problema del Mal. Por más que uno se empeñe en explicar una noticia así con frialdad materialista, como de alguna manera fruto de las relaciones vigentes de producción, no puede, es imposible. Es otra cosa y la teología, por debajo de toda su costra de supercherías, la explica mejor.

*

Eroski es condenada a indemnizar con 30.000 euros a Cristina Cifuentes por la filtración de su vídeo robando cremas, que determinó su dimisión como presidenta de la Comunidad de Madrid. Es lo justo, pero yo me pregunto para cuánta gente habrá tenido consecuencias duras y perdurables y excesivas un delito menor, tal vez cometido por necesidad, y no la indemnizaron con treinta mil euros, ni la indefensión aprendida les permitió ponerse a reclamarlos. Hay gente que nace con la amnistía puesta.

*

La Junta de Castilla y León pierde las ayudas al autoconsumo eléctrico tras negarse a tramitarlas «por su complejidad». Qué poco le gusta trabajar a esta gente. Consecuencias de poner a gestionar cosas a cayetanos en fachaleco con una docena de violadores de criadas, incapaces de levantarse antes de las doce y media, como manzanas de su árbol genealógico circular.

*

Me entero de que, en Suecia, una asombrosa y emocionante acción en cadena de trabajadores de distintos sectores de todo el país está poniendo en serios aprietos a Elon Musk, a partir de la negativa del dueño de Tesla de firmar con sus 120 mecánicos suecos un convenio que reconozca derechos como el salario mínimo, los horarios laborales o las pensiones. Los sindicatos de estibadores declaran que no descargarán sus coches hasta que no se firme un acuerdo; los trabajadores de la red eléctrica no se ocuparán de las averías de sus puestos de carga; los empleados de mantenimiento no pisarán sus instalaciones; los taxistas se comprometen a no adquirir sus modelos. Cuando Musk recurre a la ayuda de empresas de transporte por tierra de otros países para introducir sus coches en Suecia, a fin de sortear este bloqueo, los carteros se suman a la huelga y eso significa que no llegan repuestos a los talleres y, sobre todo, que no llegan matrículas, que solo se reparten por correo. La acción, finalmente, salta fronteras: se unen Dinamarca y Noruega. Y todo por el convenio colectivo de 120 trabajadores. En esos dos países vecinos del sueco, conductores y estibadores bloquearán la exportación de los Tesla. La batalla de sus vecinos es, dice un responsable del sindicato danés 3F, «increíblemente importante». Ecos maravillosos de la solidaridad obrera de otro tiempo. Ojalá cunda el ejemplo.


Viernes, 8/12/2023. Un periodista gazatí, Refaat Alareer, al que la BBC dijo que no volvería a dar voz porque no condenó los hechos del 7 de octubre en los términos que se le exigían, fue asesinado ayer por Israel. Que la tierra le sea leve. Deja un sobrecogedor poema escrito:

Si debo morir,
debes vivir
para contar mi historia,
vender mis cosas,
comprar un trozo de tela
y unas cuerdas
(que sea blanca con una cola larga)
para que un niño, en algún lugar de Gaza,
mientras mira el cielo a los ojos
esperando que su padre, que se fue en llamas,
y no se despidió de nadie,
ni siquiera de su carne,
ni siquiera de sí mismo,
ve la cometa, mi cometa que tú hiciste, volando arriba
y piensa por un momento que un ángel está ahí trayendo
de vuelta el amor.
Si debo morir,
deja que dé esperanza,
deja que sea un cuento.

*

Xan López: «Hace no tanto, la metonimia de usar neoliberal para referirse al capitalismo en general tenía sentido, tan profunda era la victoria del primero. Hoy el neoliberalismo está en una crisis profunda, y hay mucha gente muy capitalista que es, a la vez, bastante o muy antineoliberal. Si Biden, Macron, Lindner, Calviño o Díaz son todos neoliberales, sin matices, entonces los últimos años son inexplicables, todas las crisis y disputas una alucinación colectiva. Urge actualizar análisis y argumentarios, escapar de la noche en la que todos los gatos son pardos. Y por supuesto: hay cierto sentido en el que todos somos neoliberales (no solo ellos), porque décadas de hegemonía absoluta no se esfuman en un día. Hay un peso institucional, legal, cultural y sociológico que arrastraremos durante mucho tiempo, quizás ya “para siempre”. Pero eso no explica nada, y de hecho es un narcótico que sirve de refugio para no intentar entender nada ni ser capaces de cambiar nada. Estudiar las fracturas del sistema no es lo único que hay que hacer, pero sin hacer eso es complicado avanzar un solo paso».


Sábado, 9/12/2023. WhatsApp permitirá enviar mensajes de voz que desaparezcan tras ser escuchados. Bromea Jorge Dioni que poco después aparecerá REC, la app que te permite grabar esos mensajes efímeros.

*

Soy un hombre empático y comprensivo, capaz de ponerse en el pellejo de gente muy distinta e incluso de muchos adversarios, pero una cosa que por más que me esfuerce no me entra en la cabeza es el turismo de viajar a ver ceremonias de encendido de luces de Navidad.


Domingo, 10/12/2023. Castañeras con datáfono. El tiempo no pasa: se acumula.

*

Naguib Mahfouz: «El hogar no es donde naces; el hogar es donde cesan todos tus intentos de escapar».


Lunes, 11/12/2023. Dice Milei en su toma de posesión que «será duro»; que «no hay alternativa posible al ajuste. Va a haber un shock». Será duro, sí. Pero, como es obvio, no será duro para todos.

*

Hablaba el otro día con un amigo sobre cómo nos callamos algunas críticas duras a Sumar o elogios a lo admirable de la labor ministerial de Irene Montero por el sentido de responsabilidad de no ser instrumentalizados por la tóxica cruzada familiar de los Iglesias-Montero. Es una dinámica que no deja de ser dañina, porque refuerza los rasgos negativos de Sumar, y también hace falta que Podemos desaparezca definitivamente para que deje de suceder, y volvamos a ser el ágora de un debate honesto sobre qué izquierda queremos y necesitamos. Mientras haya una presencia tóxica a la que sea crucial no alimentar, todos esos rasgos negativos desatendidos de Sumar seguirán prosperando como una hiedra insidiosa, que se cuele por los surcos y huecos de los muros del edificio y pueda acabar derribándolo.

Yo quisiera decir en voz más alta, por ejemplo, que no parece muy de izquierdas el que, si no se es madrileño o catalán y no se tienen dos carreras y un MBA en la uni de la Ivy League, no se tenga escaño al que aspirar ni ministerio que oler. O que echo de menos un discuro más vehemente y menos franciscano, que no llegue a parecer más timorato que el del ala izquierda del PSOE. O que una formación de izquierda no puede organizarse como un partido-empresa berlusconiano o macroniano, limitado a un liviano equipo de asesores de discurso y consultores de encuestas en torno a un líder carismático. Pero no quiero reforzar en nada a los desalmados de Galapagar. Hay que sacarlos de la vía ya. Es urgente.

*

Xan López: «Toda la derecha española alabando la terapia de choque sociópata de Milei. Israel hablando sin tapujos de limpieza étnica, que se emite en directo por televisión. Estamos dejando ya muy atrás la era de las insinuaciones. Quieren vivir para siempre en la era de la impunidad».

Vamos hacia una era menos hipócrita. Pero es que la hipocresía (yo he pensado en escribir alguna vez un «elogio de la hipocresía») es uno de los atributos de la civilización. La hipocresía es fuerte allá donde lo es la virtud, de la que es homenaje, ya se sabe, por parte del vicio. Yo quiero una sociedad de virtuosos en la que, si hay viciosos —y siempre los habrá—, que sean viciosos que disimulen, que se sientan obligados a disimular, que en ese disimulo algo se les pegue, como al actor al que el método Stanislavski acaba convirtiendo de verdad en su personaje. Esta cosa, tan del día, del «yo soy muy visceral y digo las cosas a la cara» es un fracaso de la Ilustración. La civilización es callarse cosas, que ciertas procesiones vayan por dentro, que haya tabúes y códigos de cortesía, no que todos tengamos síndrome de Tourette.

Straehle rescata una cita de Leszek Kolakowski en El hombre sin alternativa, que comparto totalmente:

«Hablando en general, un aumento de hipocresía es una prueba de progreso ético, pues revela que aquello que antes se podía hacer en público, sin miedo a quedar por ello en entredicho, hoy no se puede hacer ya sin correr ese riesgo, lo cual significa que la conciencia moral de la sociedad se ha vuelto sensible para ciertas cosas frente a las que antes no se reaccionaba […]. La aceptación de una fachada falsa no es […] sino un forzado pacto con el demonio, el cual alguna vez exigirá irremediablemente sus derechos».

El runrún interior (125)


Pablo Batalla Cueto (Gijón, 1987) es licenciado en historia por la Universidad de Salamanca, periodista y corrector de estilo. Ha sido o es colaborador de los periódicos y revistas Asturias24, La Voz de Asturias, Atlántica XXII, NevilleCrítica.cl, Jot Down, La Soga, Nortes, LaU, La Marea, CTXT y Público; ha dirigido A Quemarropa, periódico oficial de la Semana Negra de Gijón, y desde 2018 es coordinador de EL CUADERNO. Ha publicado los libros Si cantara el gallo rojo: biografía social de Jesús Montes Estrada, ‘Churruca’ (2017), La virtud en la montaña: vindicación de un alpinismo lento, ilustrado y anticapitalista (2019), Los nuevos odres del nacionalismo español (2021) y La ira azul: el sueño milenario de la Revolución (2023).

Salir de la versión móvil