Mirar al retrovisor

China, el virus y el Domund

El país para el que los niños españoles recogían óbolos y papel de plata como parte de las campañas del Domund hoy nos ayuda a nosotros y despierta nuestra admiración por cómo afronta la pandemia de COVID-19; y Joan Santacana reflexiona al respecto advirtiendo que los modelos económicos y sociales no son fáciles de copiar fraccionadamente.

Mirar al retrovisor

China, el virus y el Domund

/por Joan Santacana Mestre/

Hace unos años, un viejo amigo cordobés recordaba la época en que, de niños, íbamos por la calle con huchas con el rostro o la cabeza de chinos, recaudando monedas y papel de plata (sí, el papel plateado que envolvía las chocolatinas) para el Domund, la Jornada Mundial de Misiones de la Iglesia católica para ayuda al Tercer Mundo. Exclamaba este amigo en tono socarrón, viendo el imparable auge de China: «¡Míralos; hace cuatro días recogíamos papel de plata para ellos!». Ciertamente, hay que reflexionar sobre lo que estaba y está ocurriendo en torno a China.

En el retrovisor de EL CUADERNO he mirado muchas veces a China. Parece una obsesión mía el tema del auge de China, pero no es para menos: no se trata de un simple cambio en la orientación de los mercados mundiales, sino de mucho más. Hoy, cuando una pandemia, por primera vez en la historia, sacude a un mundo global, nosotros, los que vivimos en la vieja Europa, contemplamos con sorpresa cómo China y los países asiáticos del Pacífico, los del Extremo Oriente, están afrontándola de forma mucho más eficaz; y, en vista de ello, nos proponemos imitarlos. Singapur, Taiwán, Corea del Sur, Japón y la propia China hacen frente con poderosos medios al virus; van en cabeza. Y mientras tanto, contemplamos el desastre que se cierne sobre los Estados Unidos, conducidos por un personaje sacado de una película de terror; y cómo la Unión Europea ha desaparecido y desde Bruselas se ha lanzado el sálvese quien pueda. Todo ello nos tiene sumidos en la más absoluta perplejidad.

¿Qué ocurre en China? Ocurre que hoy ya lideran las redes de 5G; son los mayores productores de energía solar, muy por encima de Europa y Estados Unidos; poseen la mitad de los superordenadores del mundo, y ello significa que tienen el doble de superordenadores que los Estados Unidos. Sus índices de crecimiento desafían a nuestras estadísticas. Un amigo que va frecuentemente a China por negocios me contaba hace un tiempo que cuando visita las factorías de producción chinas cada año, se halla con que han triplicado su volumen de almacenes y  fábricas. Son, no es ya ninguna novedad, la fábrica del mundo: China exporta por valor de 2.105.584,3 € e importa por valor de 1.808.423,4 €. Por lo tanto, tiene una balanza comercial positiva de 297.160,9 € según datos de 2018. Sólo como comparación, Estados Unidos exporta por valor de 1.410.662,2 €, es decir, mucho menos que China; e importa por valor de 2.212.006,1 €, con una balanza comercial negativa que asciende a -801.343,9 €.

La vía china al desarrollo tecnológico y a la hegemonía económica la hemos estudiado muy poco; el eurocentrismo nos ha impedido ver lo que ocurría. La transformación de China ha sido silenciosa, casi de puntillas. Deng Xiaoping, el pequeño Deng, como se le llamaba debido a su estatura física, fue uno de los artífices del cambio. Decía que «la ciencia y la tecnología son clave de todo»; para él «los científicos y los intelectuales forman parte de la clase obrera», lo cual equivalía a decir: «deben formar parte del Partido Comunista Chino». Incluso a los científicos disidentes que habían partido hacia el exilio, si tenían conocimientos especializados, los animó a volver; les dijo que «si están dispuestos a contribuir, es mejor que vuelvan al país».

El resultado de todo ello es la China actual, un enorme continente con mil cuatrocientos millones de personas, en plena carrera tecnológica. Ésta es una cara de la moneda, pero hay otra. En estas ciudades enormes, millones de cámaras controlan a las personas, con un ejército de informáticos y técnicos detrás de las pantallas, y se dice que unas treinta mil personas velan para que funcione el sistema de crédito social mediante el cual se otorgan o quitan puntos a todos y cada uno de los ciudadanos, como en nuestro carné de conducir. Es el Partido Comunista Chino quien decide lo que es el buen comportamiento, y además, se restringe el uso de Internet, en especial de algunos sitios web, y en particular aquellos que permiten a las personas interaccionar libremente entre ellas. Facebook, YouTube o Twitter allí no funcionan. Además, disponen de listas de OP que se bloquean sistemáticamente, determinadas palabras  están censuradas y ninguna persona puede «perjudicar la reputación de los órganos del Estado». Este es el modelo chino y hay que tener presente que los modelos económicos y sociales no son fáciles de copiar fraccionadamente. Hoy se observa claramente que el orden —orden mundial que ha presidido nuestra vida desde la caída del Muro de Berlín— está siendo zarandeado. ¿Qué saldrá de todo ello? De momento, enviando algunos millones de mascarillas contra el virus, China nos está devolviendo los papeles de plata que en su día recogíamos en las calles de nuestras ciudades. Se ha invertido la dirección de las ayudas.

Una última reflexión se impone para quien mira la realidad con la vista puesta en la historia. En vísperas de 1914, la Gran Bretaña, entonces la potencia militar y económica por excelencia en el mundo, se hallaba en trance de ser superada por el Imperio alemán. La rivalidad era económica y de modelo político, pero pronto adquirió otro matiz, como usted, querido lector, muy bien sabe. Los paralelos históricos son, por naturaleza, inexactos. Ni el paralelismo más exacto obliga a repetir los errores del pasado, pero lo malo es que los que nos gobiernan no saben historia.


Joan Santacana Mestre (Calafell, 1948) es arqueólogo, especialista en museografía y patrimonio y una referencia fundamental en el campo de la museografía didáctica e interactiva. Fue miembro fundador del grupo Historia 13-16 de investigación sobre didáctica de la historia, y su obra científica y divulgativa comprende más de seiscientas publicaciones. Entre sus trabajos como arqueólogo destacan los llevados a cabo en el yacimiento fenicio de Aldovesta y la ciudadela ibérica y el castillo de la Santa Cruz de Calafell. En el campo de la museología, es responsable de numerosos proyectos de intervención a museos, centros de interpretación, conjuntos patrimoniales y yacimientos arqueológicos. Entre ellos destaca el proyecto museológico del Museo de Historia de Cataluña, que fue considerado un ejemplo paradigmático de museología didáctica.

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1 comment on “China, el virus y el Domund

  1. Gracias por el, como siempre, estupendo y clasificador artículo

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