Categoría: Giulino di Mezzegra

Giulino di Mezzegra

Una defensa atea de la Navidad en general y los belenes en particular

Pablo Batalla Cueto defiende en este largo artículo, frente a «los sermones intensos con que todos los años nos obsequia cierto anticapitalismo de tetrabrik y un laicismo fundamentalista», la posibilidad de una Navidad que no rinda culto ni al Dios cristiano ni al del consumo, sino que sea religiosa de una religión de los vínculos de afecto entre seres queridos que, como Albert Camus creía posible, no necesite a Dios para que no todo esté permitido.

Giulino di Mezzegra

Criar en tiempos del ‘zapping’

Pablo Batalla Cueto reflexiona sobre algunas tendencias tenebrosas de la sociedad actual (la desatención que angustiaba a Simone Weil, la tiranía del entretenimiento, etcétera) a partir de la imagen de un niño muy pequeño que aún no sabe hablar pero ya sí navegar por YouTube, escrolear la pantalla con sus dedos chiquitines y aun clicar el botón de saltar anuncio.

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Dioses neoliberales

Grandes Despertares religiosos se entretejen hoy con el advenimiento de posfascismos funcionales a los intereses del neoliberalismo. Pablo Batalla Cueto rastrea las entretelas de dos casos concretos: el del renacer hindú en la India y, sobre todo, el del auge evangélico en Brasil.

Giulino di Mezzegra

La izquierda ante el 8-M

«Las alturas de la película ya no están para buscar el Sujeto Revolucionario Único que en otro tiempo fue angustiosa preocupación académica encontrar a fin de reemplazar en el trono lamaísta de la revolución al fracasado proletariado. Pero si el predicado de la revolución no pudiera enunciarse en plural y con un sujeto elíptico, y aún necesitásemos prenderlo de una concreción mesiánica, ese liderazgo sólo podría corresponder hoy a la mujer feminista, cuya galerna liberatriz arrasa la iniquidad patriarcal atacando otras al mismo tiempo y tal vez sin proponérselo», escribe Pablo Batalla Cueto en su columna ‘Giulino di Mezzegra’.

Giulino di Mezzegra

Una idea de España

Pablo Batalla Cueto aspira a una España que cande con siete llaves los sepulcros de Unamuno y Ortega; que deje de interrogarse angustiadamente acerca de su ser y simplemente sea; y sea y siga siendo con todas sus incoherencias y faltas de sentido, y entienda que las cosas no tienen por qué ser muy coherentes o tener mucho sentido para ser sólidas o ser válidas.