Poéticas

Falsificar el talento

Héctor Tarancón Royo reseña 'Correo literario', de Wislawa Szymborska, un libro que recoge las mejores respuestas de la premio Nobel polaca a aquellos escritores que pretendían debutar.

Falsificar el talento

/una reseña de Héctor Tarancón Royo/

Si los ambientes académicos actuales buscaran una educación en valores y sentimientos, muchas instituciones se verían en la obligación de repartir, gratuitamente, Correo literario (2018), de Wislawa Szymborska. Así, el periodista, poeta o, en líneas generales, escritor podría ahorrarse numerosos disgustos en su fulgurante carrera literaria. Sobre todo, ahora que se da con igual de facilidad en un estudiante de biología, un músico o un arquitecto. No, la escritura no es exclusiva de las humanidades, aunque algunos la eleven en un pedestal, pero como comenta Max en ¡Oh, diabólica ficción! (2015): ahora las musas trabajan tanto que, inevitablemente, la calidad ha descendido. Todo el mundo escribe, un problema que, según se desprende del libro, ya viene de lejos. Sin embargo, la facilidad para publicar, y autoeditarse, han elevado en términos cuantitativos la edición, que cada vez es más barata y, en algunos casos, bastante mediocre.

El caso de la poesía, por su intensidad emocional y supuesta dificultad, es particularmente propenso al drama creativo. Por aquí, y por allá, aparecen por todo el Correo literario cartas llenas de existencialismo en el que todo depende de unos pocos versos. Cosa rara, quizá, dado que ya llevaba tiempo en marcha uno de los grandes clásicos de la literatura: Cartas a un joven poeta, de Rilke, libro breve que todos afirman haber leído, ¿no? Szymborska, conocedora de la hipocresía y falsedad de la actitud creativa, lo reconoce en el prólogo: más que ofrecer un contenido didáctico y delicado, lo que hubo fue una intención de juego directa, explosiva, que hiciera saltar por los aires los clichés de los lectores. El juego, que es a partes iguales travieso y serio, está elaborado de una forma tan mordaz y elusiva que produce una carcajada llena de certeza. Hay ataques a la vanidad y, sobre todo, a la alta estima que se profesan a sí mismos los nuevos creadores, ¡ya a una edad temprana! La poeta polaca se acerca y dispara a bocajarro: mejor ser sincera que el autor acabe poco leído y con su ego maltratado inútilmente.

No por más evidentes, si otorgamos el beneficio de la duda, sus consejos conforman un decálogo de la excelencia creativa: la templanza de las emociones, el esfuerzo en hacer un buen poema (que puede durar semanas), la búsqueda de personas más cultas, etcétera. Los familiares, amigos o parejas no valoran con los mismos criterios que un crítico o editor. Tampoco todo, cuando el creador junta dos versos aceptables, tiene que valer la pena y precipitarse hacia la publicación de un poemario. Eso no significa que haya que eludir, necesariamente, otro de los clichés de nuestro tiempo, que Szymborska no trata: en la rapidez alienadora de nuestro tiempo, el poeta, tocado por la divinidad y el talento, escribe lento dejándose llevar como un tocón por el río que obtiene su inspiración de la fuerza de los temas según el recorrido.

Tantas son las trampas a las que el escritor se enfrenta hoy en día que, siguiendo a la poeta polaca, solo pueden ser tratadas con fiereza, inconsciencia y valentía. En Correo literario el lector no encontrará una respuesta a la escritura ideal del poema, ni tampoco verá confirmadas sus aspiraciones. Al contrario, comprobará la dulce destrucción de las respuestas, que contienen algunas de las claves de la poesía de Szymborska. En Otras tradiciones, la profesora le espetó a John Ashbery que, en lugar de la llave de su poesía, le había dado a los estudiantes más cerraduras. En esa bifurcación se encuentra la mirada del creador, que puede transitar por lo fácil, o adentrarse en el poco fértil camino de la duda.


Extractos

«Homo», Trzebinia. Pregunta usted qué opinión tenemos sobre Homero. Hasta ahora, la mejor posible. ¿Por? ¿Ha pasado algo?

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Boleslaw L-k, Varsovia. Nos parece que esos sufrimientos existenciales le sobrevienen con demasiada facilidad. Para nuestro gusto hay demasiada desesperación y profundidad lúgubre. «La profundidad del pensamiento —escribió nuestro querido Thomas Mann (quién si no)— debería sonreír». Al leer su «Océano» hemos chapoteado en estanques sin apenas agua. Piense usted en la vida como en una extraordinaria aventura que le está sucediendo. De momento, es nuestro único consejo.

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Al. M., Poznán. «¿Qué contestar a los amigos que mantienen que son incapaces de leer poesía contemporánea porque no es tan bella como la poesía de Slowacki?». Probablemente se trata de personas a las que la poesía no les interesa en absoluto, de lo contrario no hablarían de la poesía contemporánea como de un fenómeno homogéneo. Pero hay un método contra esa gente. Provocamos una discusión en casa de nuestros adversarios. Cuando empiezan a machacarnos con el nombre del vate, exclamamos dando una palmada: «¡Ay, se me había olvidado por completo! ¿Me podéis pasar el libro de Slowacki un momento? Tengo que comprobar el final de un poema». Hemos empleado este truco tres veces y las tres ha resultado que en la casa no tenían esa poesía en teoría tan apreciada. Entonces sonreímos bondadosamente y nos despedimos de los consternados anfitriones.


Correo literario
Wislawa Szymborska
Traducción de Abel Murcia y Katarzzyna Mooniewicz
Nórdica, 2018
128 páginas
17 €


Héctor Tarancón Royo tiene la escritura, y la corrección de textos, como principal sustento vital y evoluciona cada día con la crítica cultural a través de artículos, entrevistas, exposiciones, libros, conferencias, textos de catálogo y guiones cinematográficos. Estos han sido difundidos en medios como A* Desk, Culturamas, El Coloquio de los Perros, Exit-Express, La Opinión de Murcia, Revista de Letras, Tebeosfera o Vísperas. Con especial atención a los discursos artificiales e ideológicos, se sitúa a contracorriente de la mediocridad y el conformismo. El resto consiste en mirar con desdén los obstáculos que nos presenta este viaje. Su contacto es hector.tarancon@outlook.es, y os espera impaciente.

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