Poéticas

Sombras di-versas: diecisiete poetas españolas actuales

"Sombras di-versas" (Vaso Roto, 2018), antología realizada por Amalia Iglesias, reúne una selección de poetas españolas actuales nacidas entre 1970 y 1991.

Ni mujeres florero, ni poetas de taza

/ por Amalia Iglesias Serna /

“Este libro no nace contra otras antologías, ni quiere contestar ni alentar ninguna polémica, pretende ser constructivo y mostrar diecisiete razones para leer buena poesía”.

No ofrecería este libro al lector si no estuviera convencida de que quien lo lea encontrará razones suficientes para vibrar con los versos de estas autoras. Cada una de las poetas seleccionadas escribe desde la honestidad y la exigencia estética, desde la búsqueda de la calidad y el compromiso consigo mismas y con su tiempo, desde el respeto a la tradición y abriendo nuevos caminos poéticos con propuestas arriesgadas y atrevidas. Poetas que se preguntan  por las razones profundas de la existencia y la forma de habitarla,  que muestran su perplejidad frente a una contemporaneidad llena de incertidumbres y contradicciones,  que exploran lo íntimo y lo universal sin dejarse arrastrar por las modas, que no escriben a golpe de #hasthag sino desde la soledad sosegada de la pasión y la inteligencia. Aquí quiere estar la poesía de hoy, la que aspira a ser intemporal, lejos de la cháchara de los trading topic.  La buena Poesía, con mayúsculas,  es más necesaria que nunca en este mundo enloquecido en que vivimos porque fortalece nuestra conciencia y estimula los sentidos, alimenta algo universal e íntimo con su lenguaje imantado.  Considero valioso detenerse a  leer estos poemas y a estas autoras  no sólo para dar una oportunidad a la belleza y para recordar que el arte existe y que el arte nos distancia de la barbarie, sino también porque la poesía nos remueve y nos consuela, en una catarsis que nos muestra nuestras vulnerabilidades, pero también afianza nuestras fortalezas. Como un estímulo estético necesario, y como camino de conocimiento y posicionamiento moral. La poesía deja en nosotros huellas, conciencia de la emoción y balizas de sentido que nos hacen más humanos y nos cohesionan como especie, como sociedad y como individuos, que nos hablan de lo que tenemos en común al tiempo que nos susurran al oído, de uno en uno, aquello que nos hace únicos e intransferibles. Respirar la poesía es respirar la vida con más intensidad. En este volumen he intentado reunir para el lector un poco de aire fresco, diecisiete lugares propicios para respirar más hondo.

El criterio principal, tanto al seleccionar a las poetas, como los poemas de cada una de ellas, ha sido el de la calidad. Un intento de agavillar lo que yo considero la mejor poesía escrita por mujeres en este período en España. Desde mi propia subjetividad, por supuesto. En esta sociedad de bulimia informativa y voracidad consumista, donde la baratija, la bisutería viral y la publicidad encubierta nos presentan lo banal como excelente, la violencia y la barbarie como algo “normal”,  la “industria cultural” como Cultura,… en la atmósfera de la posverdad. Es por ello que necesitamos más que nunca de árbitros y especialistas en todos los ámbitos del conocimiento, de personas cuyo criterio nos resulte fiable,  que nos señalen dónde se aloja lo realmente interesante, para no dejar que se propague la metástasis de  esa “idiotez viral” que diría Umberto Eco.

Esa confusión voraz y esa banalización también se intenta trasladar últimamente a un sector de la poesía, el que confunde el criterio de “calidad” con el de las listas de “los más vendidos”, el que presenta un eslogan publicitario ñoño de taza de desayuno como hallazgo poético. El lector debe saberlo y debe saber  que, afortunadamente en España y en todos los países iberoamericanos hay grandes poetas que siguen resistiendo esa presión de un mercado que encumbra lo banal y desprecia lo más interesante, hay muy buenos y sobre todo buenas poetas que están escribiendo una obra de gran calidad que no es la jaleada por la mercadotecnia, y aquí se aloja una muestra de buena poesía. La crítica de poesía ha sufrido también una importante crisis en los últimos años, han desaparecido muchas publicaciones y los espacios que se les dedicaban en los medios se han visto seriamente desplazados por esos “hallazgos” de la posverdad  poética  encumbrados y jaleados por esos mismos medios de comunicación.  La poesía también necesita urgentemente de mediadores que le digan al lector lo que yo quiero decirle con esta antología: -“Lector: asómate a este libro y a la obra de estas autoras si todavía no las conoces. Estoy segura de que me lo agradecerás”.

En España hay en este momento más que nunca una inflación de antologías poéticas, de todo tipo: de mujeres, de mujeres y hombres, de hombres solos, de secta, de tendencias, de estilos, de autonomías, temáticas,…  Ante este panorama, me pareció estimulante la propuesta de la editorial Vaso Roto para hacer esta antología por distintas razones, entre ellas, por supuesto porque, como explico en el prólogo del libro, me parece decisiva y contundente la presencia y la fuerza de la poesía escrita por mujeres en este momento en España; y era todo un reto seleccionar las voces poéticas que yo considero más relevantes entre todo este maremágnum creativo. Por supuesto hay más poetas de gran calidad que con mucha pena he tenido que dejar fuera, tanto por el periodo elegido –las nacidas entre 1970 y 1991– como por el cuerpo y el tono que yo le quería dar al conjunto.

No he intentado presentar un grupo poético cohesionado, ni representar a una tendencia o un estilo, sino todo lo contrario, partiendo de la calidad poética que las une a todas ellas, he intentado mostrar la diversidad de sus poéticas, que proceden de distintas tradiciones y estilos a veces incluso opuestos. Les conecta, por supuesto la edad, pero también que respiran un aire de época similar, sus poemas responden a esta atmósfera común, aunque luego cada una de ellas tiene sus condicionantes particulares. Todas tienen también una sólida formación, y comparten el aliento interdisciplinar, son cosmopolitas, y se enfrentan a los grandes temas sin prejuicios, desde su condición de mujeres, pero sin marcas de militancia de género. Como digo en el prólogo son “polifonías del asombro ante un presente en constante mutación”.

Todas ellas tienen una fuerza poética de gran complejidad que responde también a los grandes retos y preocupaciones de nuestro tiempo.  Su propuesta estética es también posicionamiento moral y discurso político. Se hacen nuevas preguntas y dan nuevas respuestas sobre su identidad y su lugar en el mundo. Estos últimos veinte años ha sido un periodo de grandes transformaciones en todos los sentidos y eso sí se percibe por ejemplo en su forma de abordar el poema, de asumir riesgos, de posicionarse ante la realidad, hay una re-semantización por ejemplo en el concepto de cuerpo, que antes solía estar más relacionado con tópicos de la belleza o el amor, ahora se explora también como “campo de batalla”, como lugar de la enfermedad y la muerte. Podríamos decir que el discurso poético se ha hecho más grave, en consonancia con la gravedad de los tiempos.

No hay tantas diferencias entre las nacidas en 1970 y 1990, como  con las empezamos a publicar hace veinte o treinta años, con la generación anterior. Lo más importante que ha sucedido en nuestro entorno poético en las últimas décadas ha sido la impresionante calidad y cantidad de mujeres poetas, incomparable con la de periodos anteriores y su nueva manera de acercarse al hecho poético, mucho más profunda, intensa y ambiciosa. El gran boom de los ochenta y los noventa  en los que fueron emblemáticas antologías como Las diosas blancas (1985) o Ellas tienen la palabra (1997), no ha hecho sino crecer y afianzarse en esta generación posterior. Como vaticinaba Sharon Keefe Ugalde en Conversaciones y poemas (1991),  aquel fenómeno “era algo más que un boom y fue el inicio de una transformación profunda de la poesía escrita por mujeres cuyas consecuencias podrán alterar el curso de la historia literaria al filo del siglo XXI”.  Veinte años después, esta nueva generación  ya está alterando el curso de la historia literaria por su “atrevimiento, diversidad, su fuerza expresiva y su vitalidad imaginativa”. Estas diecisiete poetas  tienen una  calidad poética para mí incuestionable, no sólo entre las mujeres que escriben, sino también al lado de los hombres que escriben.

No hilanderas: sus versos son agujas que ahora saben  suturar heridas o trazar tatuajes, urdimbres de sentido. No musas: sus versos se interrogan sobre la identidad o manifiestan su desasosiego  o perplejidad ante un momento realmente crítico en el sistema de valores de nuestra civilización. Ni mujeres florero, ni poetas de taza.





Amalia Iglesias Serna (Menaza, provincia de Palencia; 1962) es una filóloga, poetisa y periodista cultural española. Durante las tres últimas décadas ha trabajado en el periodismo escrito y la gestión cultural en prestigiosos medios (Diario 16, Revista de Libros…). Actualmente es editora de Revista de Occidente. Entre sus libros de poemas Un lugar para el fuego, premio Adonáis 1984; Memorial de Amauta, premio Alonso de Ercilla del Gobierno Vasco 1987; Dados y dudas, accésit del premio Jaime Gil de Biedma 1995; Lázaro se sacude las ortigas, premio Villa de Madrid 2006; La sed del río, premio Ciudad de Salamanca 2016 y Tótem espantapájaros (2016). En 2004 la Real Academia de Poesía de Córdoba le concedió la Medalla de Oro Don Luis de Góngora. En 2007 presidió la Comisión Ejecutiva para la Conmemoración del Centenario de Antonio Machado en Soria.





Esther Ramón

 

(Madrid, 1970)

 

Evolución

En lo que crece,
una rama quebrada,
liquen coagulado
que espesa lo sólo vivo,
delimitando el espacio,
bebiendo los líquidos
corrosivos del tiempo.
Una cruz o hueso seco
que marca el desarrollo
de las articulaciones,
el avance vertical
del fémur,
que roe lo interno
y permanece plegado
en lo que ondea,
una pequeña cuchara
de madera, una aguja
abandonada en la
sutura, un bosque
detenido, agitación
del árbol, del pájaro
disperso, boca
siempre abierta
en el estuche intacto,
una vocal minúscula
que queda atorada,
y enciende cavidades
y moléculas, en el
descenso de inicio,
descreando.

[Poema recogido del libro Caza con hurones, Icaria, 2013]







Julia Piera

 

Julia Piera (Madrid, 1970)

 

Papiroflexia.
equilibrio a cuatro patas
de un unicornio en papel,

sus papeles ¿están en regla?
No me sentiría mejor si fuera
un unicornio de VERDAD.

Buscaré huecos, datos de inmigración,
nacionalidades,
pero ¿cuánto durará entero
un animal plisado
bajo la lluvia
entero
bajo la atmósfera
bajo la ventisca?

[Poema recogido del libro Conversaciones con Mary Shelley, Icaria, 2006]







Julieta Valero

 

(Madrid, 1971)

 

Más poetas que lectores

 «Descontextualizada   rindo   más»,   y   él   me pidió  la  frase  para su
siguiente   novela,  aunque   ambos   sabíamos   que  la  emplearía  en
hacer feliz a su mujer.

Crecimos  en   la  burla  de  los motines  y  sin  embargo  aquí  todo  el
mundo  se   siente  pequeño  y   hasta  mañana   no   traerán   mantas;
de  modo  que  sólo  podemos  ser  valientes  en la implosión.  Te pido
por   favor   que dejes  de  hablarme  como  una solapa de libro tú, que
tienes  ese  costillar  asilvestrado,  y  una  voz  de  bluesman capaz de
no llegar al gran público pero conmocionarnos tez a tez.

Ahora que la consigna es el silencio y dar de comer a los saqueadores
necesitamos  una  indignación  de  grandes  hojas,  bien  visible desde
el ágora.
Pero  tu  discurso  te  sabrá  a  morfina,  salvo  que  antes  aprendas a
descalabrarte  por  dentro  mientras  atiendes  a  la  clientela  como es
de ley.

Desenamorándonos     del   atrio   del   mañana,   sus   músculos,   su
bravuconería;  tampoco  es  que seamos muy felices en la inmediatez
y este tono despegado, poesía como traducida.

 [Poema recogido del libro  Que concierne, Vaso  Roto, 2015]








Marta Agudo

 

(Madrid, 1971)

 

11.

Me  llamo  Marta  y  las  palmas  sin  huellas de mis manos
no   me   permiten  firmar   ni  saludar  desde  fuera,  cosas
simples para quien palpa azúcar tras los espejos. Si las vo-
cales   unen   consonantes   y   las   consonantes   imantan
vocales,  dadme  mis  letras  para recomenzar. Cogí la «o»
y  desollé  su  sentido.  Dadme  mis  letras  para  recomen-
zar.   Dadme  aunque  sea  un  cero,  pero   uno  completo,
cuadrado y sin fisuras.

[Poema recogido del libro 28010, Calambur, 2011]






Pilar Adón

 

(Madrid, 1971)

 

El mundo hueco

 XXI

Nos deshicimos de las huellas.
Ni un resto de pelo, ropa o deje al hablar.
Vendimos las tierras, cerramos las casas,
los utensilios dejados en el suelo de la calle ancha
donde no durarían ni un día. Un paseante,
un morador, darían con el provecho
que nosotros no veíamos.
La cabeza arriba y abajo,
Olvidando la lengua antigua
Con que aprendimos a decir las palabras y también a
callarlas.

Repartir las semillas.
Repartir el pan.
Sin más rezos ni expiaciones.
Sin apelativos ni títulos.
Huir de los abrazos de camino a los trenes
donde perder el olor a nata,
el peso de las mantas.
La permanencia del vértigo.

No aguantamos.
No quisimos más fallos que los nuestros.
Nuestros códigos nuevos para pensar.

[Poema recogido del libro Mente animal, La bella Varsovia, 2014]







Yaiza Martínez

 

(Las Palmas de Gran Canaria, 1973)

 

Sólo  unos  versos  para  la forma  del  barco para
escribir  la  memoria  de mis hijos para espantar el
frío.

Así conoceremos el destino, en  el transcurso del
[lenguaje,
desde la visión de los astilleros.

Versos  para rendir  culto a mi familia, para presen-
tar el  futuro a la sabia madera, para grabar en ella
el desgarro
y toda la luz.

Hacia  la  ciudad  del león nos fuimos en este barco
recorrimos  agua conocida
y agua sin conocer

hacia el lugar en que la flor
y su hégira fueron recogidas

en este libro

[Poema recogido del libro Agua, Ediciones Idea, 2008]







Raquel Lanseros

 

(Jerez de la Frontera, 1973)

 

Cada poema es un salvoconducto hacia una tierra libre

Dicen que no hace falta la poesía.
Suponen que la gente necesita comer.
Con eso basta.

Pero sucede que existen vegetales
desplegando tenaces sus corolas de pétalos,
amarillos ingrávidos, profundos escarlatas,
milagrosos añiles aterciopelados,
acuarelas ventosas como el mar en las islas.

Todo como reclamo puntual a unos insectos
laboriosos, pequeños, más bien pardos.

La madre tierra lo sabe desde siempre.
Solamente los hombres se atreven a dudarlo.
No hace falta, eso dicen.

Aún así, qué difícil
qué objetivo tan arduo
intentar convencer no obstante junio
de la inutilidad de la belleza.

[Poema recogido del libro  Croniria, Hiperión, 2009]







Miriam Reyes

 

(Ourense, 1974)

 

No tengo casa a la que volver
ni esperanza de la que colgarme
por eso camino.

Las casas se derrumban a mi paso
la tierra es una alfombra de escombros.
Me detengo a admirar la belleza de las palas mecánicas
los movimientos de las excavadoras me erizan de deseo.
De noche las contemplo:
los perfiles inmóviles de las palas
descansando sobre el cielo azul cobalto
al lado de la luna de luz nacarada
son aún más hermosos que los brazos de los hombres que las manipulan
y las excavadoras
con sus enormes bocas abiertas y llenas todavía
de tierra y escombros
parecen enormes animales muertos.

Mis padres me enseñaron a no tener nunca nada.
Ellos me enseñaron a no volver nunca a casa
a no decir nunca esta casa es mía
aquí me quedo yo
en este lugar que amo.

Cierro la puerta y no necesito mirar atrás para saber
que la casa ya no existe más.
En ninguna parte sin hablar con nadie estoy
pero si nos cruzamos
puedo enseñarte a caminar sonriente sobre la desolación.

[Poema recogido del libro  Espejo negro, DVD, 2001]







Sofía Rhei

 

(Madrid, 1978)

 

Alicia tira los dados para abolir el azar

 El tiempo avanza porque existen las certezas,
y sin embargo
sólo es capaz de expresar su gratitud
consumiéndolas,

en cierto modo, hay juguetes radiando decisiones,
peonzas que se detienen
en una casilla y no otra del juego de la oca,
yoyós que responden
con determinado número de elevaciones
y no otro,
igual que los ladridos
de los perros matemáticos del circo.

Pero de todos es sabido que a las niñas
nos gustan las miniaturas,
y nunca podremos resistirnos a una muñeca rusa
[hecha de dados
cada vez más pequeños,
uno dentro de otro hasta el abismo.

[Poema recogido de  Alicia volátil, Cangrejo Pistolero Ediciones, 2010]







Ana Gorría

 

(Barcelon, 1979)

 

Soy

la que nunca soy
cuando soy

yo

la sombra sin figura
el paso sin camino soy

la que nunca fui
cuando soy

yo

avanzo sin paisaje
construyo sin pilares
mi habitación

el añico

el cristal que se rompe
contra sí mismo

soy

 [Poema inédito]







Leire Bilbao

 

(Ondárroa, Vizcaya, 1978)

 

Descabezando

Hay
pieles de mujer
con un olor más penetrante que el de las escamas
Hay
manos femeninas que se adentran en el estómago
sin saber cómo vaciar sus entrañas
Hay
delantales teñidos por la sangre
Hay
peces con mirada de marido
Hay
branquias que el jadeo desgarra
Hay
cuerpos que tiemblan como las olas
Hay
quienes se acuestan con el mar
como con un amante infiel
Hay
mujeres que arrancan la cabeza al pescado
como si fuera la (suya) propia.

[Poema recogido del libro Ezkatak/Escamas, Editorial Susa, 2006]







Ana Vidal Egea

 

(Dolores de Pacheco, Murcia, 1984)

 

Nosotros

Nosotros, los que nos fuimos pronto de casa
primero a otra ciudad, luego a otro país,
—cada vez más grave— cambiando de lenguaje,
de clima, desaprendiendo, mutando. Los que vivimos solos
en  hemisferios distintos, poniendo un océano de por medio
que hace imposible regresar a tiempo.

Nosotros, los que hemos dicho adiós tantas veces,
los que hemos masticado el silencio de los aeropuertos
y nos hemos tragado la piedra de la duda;
los que tenemos miedo a volar pero volamos
a los que nos cabe todo en una maleta,
los que hemos llegado de noche adonde nadie nos esperaba.

Nosotros, los huérfanos funcionales,
los que no recordamos las camas en las que hemos dormido,
los que tenemos que confiar en desconocidos,
los que seguimos buscando con un mapa en la mano
porque no tenemos lugar de descanso;

nosotros, apretamos los dientes, agudizamos la vista
y temblamos al recordar lo que vamos dejando.

 [Poema recogido del libro Dolores- Manhattan, La Fea Burguesía,  2016]







Luna Miguel

 

(Madrid, 1990)

 

Mala sangre

Porque cuando era pequeña mi madre solo me cantaba a los clásicos. Mi madre es arqueóloga y estudia a los fenicios. El día que presentó su tesis se equivocó y dijo Fecinios. Mi madre es una mujer clásica atrapada en este mundo clásico. Mi madre es paciente y cariñosa; le gusta achucharme. Mi madre y yo nos damos besos en la boca cuando nos abrazamos. Mi madre fenicia trataba de describirme los dedos rosados de la aurora en Homero, trataba de explicarme sus metáforas y luego yo no he sabido inventar ni una sola. Quizá porque ya las aprendí todas hace años. Quizá porque todas me recuerdan a ella. Mi madre no me leía La Ilíada sino La Odisea. ¿Cómo voy yo a leerte La Ilíada, Luna?, me decía. ¡Es un libro demasiado sangriento para una niña pequeña! ¿Demasiado sangriento? ¿Demasiado sangriento? La sangre es el néctar de los poetas. Toda la sangre es digno de un poema. Todo lo que menstrúa es digno de un poema. Demasiada sangre para una niña de cuatro o de cinco o de cien años. Mi infancia fue larga y alegre. Mi infancia terminó con el primer beso del primer gato y volvió a empezar con el último beso del último insecto. Ahora vivo mi segunda infancia. Mi cuerpo de nínfula sin cicatrices. Mis axilas de Monelle, sin vello ni olor. Mis pies diminutos. Los dientes de leche. La niñez no tiene por qué corresponderse con la inocencia. La niñez no tiene por qué corresponderse con la pureza. Sin embargo la felicidad era lo puro de un cuerpo. Lo pulcro de un cielo que nos guarda los párpados. Que nos mece y nos engaña. ¿Qué es la pureza?, preguntaba Dono. ¿Qué, la felicidad? ¿Y el viento? ¿Y las gasas? ¿Y qué son las monedas amarillas de los pobres? ¿Qué son los anillos?

¿Qué son los noticiarios?
¿Qué son las amapolas?
¿Qué es la heroína?
¿Qué es la voz?
¿Y la familia?
¿Y los otros?
¿Qué es el fin del mundo?

[Poema recogido de La tumba del marinero, La Bella Varsovia, 2013]







Elena Medel

 

(Córdoba, 1985)

 

Expulsión de los mercaderes del templo                       

Bienvenido, hueco; bienvenidas,
fechas señaladas, vidas de tres o cuatro
años en cajas
de cartón. Tanto entregué que se marcha conmigo.
Ni un vacío: vidas de tres o cuatro años,
sus siluetas marcando la pared.

Después, allí donde me hablaban
los encajes, allí donde me hablaban, el edificio
y su diccionario  —cuánto dejarían escapar— los pintaron
de blanco. Me acusaron del comercio.
Pequeñas cajas, ¿qué pensasteis de mí?

El poema se prende entre una casa y otra
y entre  una casa y otra, de esta manera,
se empieza otra vez.

Bienvenida, pródiga:
¿qué pensaron que haría? Me libré
de los templos. Sonreídme, decid
adiós al hueco: dadnos hoy
la boca que sople y apague el volcán.

[Poema recogido del libro Chatterton, Visor, 2014]







Berta García Faet

 

(Valencia, 1988)

 

Cuestionario pre-matrimonial

¿Nos vamos a vivir a un falansterio?
¿Has perdido mucho el tiempo?
¿Escribir libros tristes es adaptativo?

¿No hay cuerpo que no sea, a largo plazo, música?
¿Te drogas? ¿Crees en algo? ¿Eres salvaje? ¿Eres anarquista?
¿Teísmo, flechas, ritos, pasos?
¿Estrías, ascuas, teína, ateísmo?

¿Has resbalado por el páramo con una décima de fiebre?
¿Ríes a carcajadas por el páramo con una décima de fiebre?

¿Escuchas el silencio histriónico de la palabra harpa?
¿Escuchas el silencio histriónico de todas las palabras?
¿Escuchas el silencio histriónico del imperativo abrázame y,
verbalizándolo, me abrazas?

¿Plagian, pero mal, las palabras a los grajos?
¿Los textos de los cuervos? ¿Los cloqueos-contraseña?
¿Y el vapor, y el pespunte? ¿La diástole, el párpado?

¿Es una herida fresca?
¿Tienes mucho calor?
¿Nihilismo o pétalo?
¿Nihilismo o pétalo?

[Poema inédito]







Emiliy Roberts

 

(Ávila, 1991)

 

La mujer del barco de Ljubljana

La mujer del barco de Ljubljana
sube al barco turístico todas las tardes
a la misma hora —las cinco y cuarto—
y da un paseo por el Ljubljanica.

La mujer recuerda el tiempo en que masticaba idiomas
ajenos
como caramelos pegajosos—
la gimnasia de las flores.

Recuerda la ciudad en ruinas, los bombardeos que ya no son,
entre turistas y franquicias. Un rostro amado
es siempre un rostro destruido.
Nadie habla de lo que se perdió,
pues es mejor que lo perdido se dé por perdido.

Quizá el exilio no fue
sino amar otras ciudades—inevitablemente—:
un paseo en barca hablando a solas con las calles nuevas
de este templo en ruinas que amó

y ya no reconoce.

[Poema inédito]






Leticia Bergé

 

LETICIA BERGE

 

Yo no quiero crecer
y perder ese olor a musgo
que aún me envuelve y me protege.
Yo no quiero
vestirme de importante,
perder el brillo de los ojos
que delata la llama del tiempo sin pasado
y que todavía con el dedo estirado
me toca.

Me asombro al ver un árbol,
el amanecer como una tarde puesta al revés,
no yéndose,
el retrato de un muerto
en el salón de mi casa.
Yo no quiero
sujetar a los hombres por la corbata
ni manejar números

Maine, verano de 2005.

[Poema recogido del libro Dame tu llave, AGM Editor, 2006]







 

Sombras di-versas. Diecisiete poetas españolas actuales (1970-1991)
Amalia Iglesias Serna
Vaso Roto, Madrid/México, 2017
328 páginas; 16,00 €

Poetas incluidas: Esther Ramón, Julia Piera, Julieta Valero, Marta Agudo, Pilar Adón, Yaiza Martínez, Raquel Lanseros, Miriam Reyes, Sofía Rhei, Leire Bilbao, Ana Gorría, Ana Vidal Egea, Elena Medel, Berta García Faet, Luna Miguel, Emily Roberts y Leticia Bergé

 

 

 

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