El marcapáginas

Este juego sin fin

Al fin y al cabo, todo lo que late en "Predicciones catastróficas" (Trifolium, 2018) de José María Pérez Álvarez es pura vida.

Supe de José María Pérez Álvarez (O Barco de Valdeorras, 1952) cuando hace unos años ganó el premio Bruguera con La soledad de las vocales, y me puse a seguir sus pasos después de que Sergio Gaspar —no recuerdo si en una conversación telefónica o en el transcurso de alguno de nuestros encuentros barceloneses— me hizo una sugerencia que yo interpreté como una orden: «Lee Nembrot». Nembrot era una novela torrencial, de ambiciones cosmogónicas, que publicó DVD en los inicios de este siglo, que recibió grandes elogios de Juan Goytisolo y que quedó descatalogada cuando la editorial que con tanto tino apostó por ella echó el cierre, para desconsuelo de unos tantos. Afortunadamente, el sello coruñés Trifolium la recuperó en 2016, revisada y ampliada, en una gozosa puesta al día que sigue encontrando su sentido último en la cita de José Ángel Valente con la que su autor quiso poner la rúbrica final: «El día que este juego sin fin con las palabras se termine habremos muerto».

Es una frase que resume bien la propuesta narrativa de José María Pérez Álvarez y que enriquece su significado en su última novela, Predicciones catastróficas, que publica de nuevo Trifolium y que llegó hace bien poco a las librerías para solaz y contento de quienes vamos leyendo puntualmente todo cuanto da a imprenta uno de los narradores más arriesgados, personales y corajudos de cuantos pululan por el panorama de nuestras letras contemporáneas. Digo esto porque si algo caracteriza los libros de Pérez Álvarez es, precisamente, la celebración intelectual y lúcida de un lenguaje que se exprime página a página con una aparente facilidad tras la que se esconde, bien parapetada, la vocación de dominar significados y pragmáticas, la voluntad firme de transgredir la norma para apuntalar la pertenencia a la tradición, la determinación de ir un paso más allá de donde consiguen ir los otros para dar con esas zonas de sombra que, paradójicamente, clarifican lo que somos. El argumento de la novela es anecdótico, casi insustancial, y no resulta precisamente original: un escritor hasta cierto punto fracasado, en el crepúsculo de su vida, se enamora de una antigua alumna de apenas veinte años e intenta conquistarla aun a sabiendas de que la brecha generacional es tan honda que invariablemente terminará desbocando en un insalvable abismo sentimental. Hay un puñado de secundarios de lujo —el Hombre del Paraguas Verde, la vecina del 156 B, el propio editor Xan Arias— y hasta el resumen de una novela que desgraciadamente nadie ha escrito nunca. Y todo eso, con ser muy poco, es muchísimo. Escrita como una larga epístola confesional, Predicciones catastróficas juega con literalidades y ficciones, frases excelsas y procacidades varias —estilo alto y bajas pasiones—, seriedad y autoparodia, repasos explícitos a autores cuya influencia se teje y se desteje a lo largo de su trama y guiños intertextuales que el lector puede descifrar o no, porque la novela fluye como un río de aguas bravas que huyen desbocadas hacia una catarata con fin en una nada que es el todo, un final que no por esperado resulta frustrante ni llama a desengaños, porque al fin y al cabo todo lo que late en este libro es pura vida. No defrauda esta nueva entrega del juego sin fin con que José María Pérez Álvarez nos viene obsequiando con bendita regularidad y en el que uno querría seguir tirando el dado tras superar la última frase, a ver si así se puede postergar eternamente la partida.


 

1 comment on “Este juego sin fin

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