Cerezas, hilillos, esperanza
Es tiempo de cerezas y de lecturas, y a Alberto R. Torices se le engarzan las de Arturo Barea, Ilsa Barea y Juan Eduardo Zúñiga: libros sobre la guerra, la crueldad, la avaricia y la esperanza.
cuaderno digital de cultura
Es tiempo de cerezas y de lecturas, y a Alberto R. Torices se le engarzan las de Arturo Barea, Ilsa Barea y Juan Eduardo Zúñiga: libros sobre la guerra, la crueldad, la avaricia y la esperanza.
«Todos queremos vender nuestro producto, pero tenemos que preguntarnos si nuestros libros contribuyen a frenar la deriva desquiciada de un capitalismo inhumano y depredador, o si más bien son combustible añadido a esta caldera del infierno». Un artículo de Alberto R. Torices.
Alberto R. Torices escribe sobre su indignación con quienes comentan la «debacle» o «derrota» de la izquierda sin mencionar las trapacerías constitucionales y cotidianas que impiden que la izquierda triunfe, de la ley electoral a la acción de las «cloacas».
«¿Puede uno sentirse orgulloso de España, de ser español? Venga ya… Si apenas hace falta echar la vista atrás para contemplar una galería de espantos». Un artículo de Alberto R. Torices.
Rafael Chirbes fue un autor que eligió para su literatura y para su vida un camino divergente del discurso desideologizado y conciliador impuesto para su época. Alberto R. Torices escribe sobre él al hilo de la publicación de ‘Rafael Chirbes: tiempo, conciencia y poética’, de Álvaro Acebes.
«Para el peregrino, que es el que anda «por el agro», el que por unos días, todos los que puede, muy pocos, se escapa de la jaula de cemento y cristal para mojarse y embarrarse y subir y bajar por los caminos, resulta verdaderamente deliciosa esta sensación, esta ilusión —bien lo sabe— de rebeldía: colgar el mono de faena, coger una muda y un bastón y largarse murmurando adiós muchachos, ahí os quedáis con vuestros rodillos y manivelas, yo me piro, yo me bajo de esta trituradora productivista del demonio». Un texto de Alberto R. Torices.
«¿Tenemos palabra, los escritores? ¿Nuestras palabras, estas palabras que manejamos, que producimos diariamente, son merecedoras de confianza? ¿Son garantía de nuestro compromiso? ¿Son fiables? ¿Aclaran y ordenan el mundo? ¿Ayudan a vivir?». Preguntas y reflexiones de Alberto R. Torices.
Al hilo de la polémica que envuelve al obsceno Premio Planeta, Alberto R. Torices escribe sobre el mar de la literatura y los peces y pececillos que en su interior aletean.
«Hagamos cuentas: sesenta mil muertos. De acuerdo, venga, ahora sí. Treinta mil no eran suficientes, con treinta mil todavía se podía comprar y vender armas a Israel, todavía se podía decir que Israel se estaba defendiendo de una organización terrorista, todavía se podía recibir a Israel en Eurovision y en La Dichosa Vuelta». Un artículo de Alberto R. Torices.
«Señalar al político (a uno, a un grupo, a todos) como causa del mal, atribuir a «la política» el origen de todo lo que identificamos como problema, tiene mucho de ejercicio de evasión mental, de apoltronamiento en una infantil credulidad, de excusa para eludir cualquier responsabilidad». Un artículo de Alberto R. Torices.
«Nadie regresa, siempre es otro quien regresa, siempre es otra, y ella es también ahora otra, ya no será nunca la mujer que partió lejos, alegre, confiada, deseosa». Un texto de Alberto R. Torices, escrito desde la playa, sobre el deseo y el tiempo, el amor y la melancolía.
«Cansados, aturdidos, humillados y estúpidos europeos del siglo veintiuno; ahí tenéis a vuestro líder, con su ridícula gorra roja y sus anchas posaderas plantadas en el despacho oval». Un artículo de Alberto R. Torices.
Alberto R. Torices homenajea al escritor leonés Luis Miguel Rabanal, recién fallecido: «uno de los grandes autores de nuestra lengua, lo ignore quien lo ignore».
«Sorprende un poco y decepciona mucho comprobar que los viejos mecanismos de manipulación de masas conservan toda su funcionalidad, toda su eficacia, lo mismo en la aldea global que en la medieval, en la montonera del ágora clásica que en la de Internet». Un artículo de Alberto R. Torices.
Alberto R. Torices escribe sobre su propia novela, protagonizada por un individuo instalado cómodamente en una existencia rutinaria y gris que de pronto siente la llamada de una vida más intensa y vibrante; un tipo ordinario que se ve arrollado, desbordado, por la surgencia en su interior de unas emociones de las que seguramente ni se creía capaz.














