Poéticas

Pura insumisión

Palabras pronunciadas en la Residencia de Estudiantes de Madrid con motivo de la Lectura homenaje a Cristina Peri Rossi que tuvo lugar el 21 abril de 2022.

/ por Esperanza López Parada /

Empecé leyendo a Cristina Peri Rossi tan pronto prácticamente como comencé a leer literatura latinoamericana, y lo hice por sus cuentos.

A través de aquella lectura supe que, de los esfuerzos, los más productivos son los inútiles; de los museos, los más amenos son los abandonados; entre los indicios, los más elocuentes son siempre los pánicos; de los amores, los equivocados; de las habitaciones, las mejores vistas las tienen las privadas, que las naves siempre van guiadas por locos y que los chicos no tienen otro deber que rebelarse.

Entre la diáspora y el humor, Cristina construye su peculiar lingüística general, que no puede ser otra sino la que dicta la insumisión. Después de leerla tanto, asombra de nuevo con la declaración de un deseo prohibido en esa su autobiografía desvelada: «La primera vez que me declaré a mi madre, tenía tres años». Y desde ahí arranca el relato de una niñez cargada de perplejidad, de sobresalto, de desvarío, de animales y de insomnio, de enfermedad, campo y lecturas, por parte de la que se convertirá, con todos los derechos del apelativo y toda su paradoja, en la «gran insumisa».

Ella, mejor que nadie, ha contado el pequeño y heroico milagro de las infancias tristes y de los reinos insomnes. Ella, mejor que nadie, ha hablado del niño en tanto héroe y desplazado, el que tiene las claves y las penas, el que sabe y no sabe mientras crece la tarde y se hace la palabra.

En cambio, como poeta, lo primero que aprendí de ella fue ese vocablo, Evohé, de su libro inicial, la voz de éxtasis en las fiestas de las bacantes. Aprendí además que el amor, encarnación concreta de un absoluto, puede ser salvaje, total, comunitario y a la vez letrado, ya que escritura y cuerpo ostentan el mismo rango y en función de ello la carne es una página, la unión con la amada un palimpsesto.

Y digo «amor salvaje» porque en Peri Rossi es necesariamente rebelde, digo «total» porque como un imán va concitando a su alrededor múltiples cosas: erótica y escarnio, sagrado y sarcasmo, génesis y diluvio.

Y afirmo «letrado» porque escribir es amar, aun cuando, en ocasiones, entre lo que amamos y las palabras se establezca un duelo en el que no siempre ganan estas. Ambas operaciones son orgánicas, libertinas y violentas, materiales y aéreas. El nombre en la punta de la lengua y el sexo al borde de las sábanas dicen lo mismo, como son iguales «la mujer pronunciada y la palabra poseída» y como la pasión termina cuando ha sido descrita. Las dos, pasión y poesía, pathos y poiesis, se hermanan en la obra de Cristina solo para disentir de inmediato también en ella, en el ejercicio paralelo y divergente de nombrar y amar.

Porque en el amor hay una parte indecible que es también su parte más rebelde y para la cual la gramática no alcanza. No alcanza el lenguaje esa insubordinación connatural de los enamorados, su batalla abierta contra todas las convenciones.

El amor, que es el sentimiento al que nos sometemos voluntariamente, es sin embargo pura insumisión, la mecha que prende la hoguera y estimula el levantamiento. Sobre todo, en Peri Rossi, es revolución en marcha contra «los hemisferios, las convenciones, los imperios, las leyes físicas», «parejas en subversión al orden domesticado».

Me fascina esa contradicción y el modo en la autora la describe, que el amor que esclaviza sea, a su vez, insobornable.

Todos los poemas de Peri Rossi, a lo largo del conjunto de su obra, funcionan como la topografía de los momentos distintos en el estado amoroso y, sobre todo, como el diagnóstico que este guarda con el lenguaje en su potencial más levantisco, más insumiso y también más poderoso y más imperativo.


Esperanza López Parada es profesora de literatura hispanoamericana en la Universidad Complutense de Madrid. Como poeta ha publicado los libros Como fruto de fronteras (Arnao, 1984), Género de medallas (El Crotalón & Vltimso, 1985), La cinta roja (Librería Anticuaria El Guadalhorce, 1987), y a partir de entonces, en la Editorial Pre-Textos: Los tres días (1994), El encargo (Pre-Textos), La rama rota (2006), Las veces (2014) y Un tiempo de gracia (2022). Ha traducido al castellano a poetas como Max Jacob, Saint-John Perse o Jules Laforgue y trabajado como crítica literaria en suplementos culturales o revistas como Babelia, ABC Cultural y Letras Libres.

Acerca de El Cuaderno

Desde El Cuaderno se atiende al más amplio abanico de propuestas culturales (literatura, géneros de no ficción, artes plásticas, fotografía, música, cine, teatro, cómic), combinado la cobertura del ámbito asturiano con la del universal, tanto hispánico como de otras culturas: un planteamiento ecléctico atento a la calidad y por encima de las tendencias estéticas.

1 comment on “Pura insumisión

  1. Agustín Villalba

    El nivel literario, filosófico y espiritual de la «poesía» de Cristina Peri Rossi, Premio Cervantes 2021:

    «Cuando me cansaba de un amor
    me dedicaba al juego
    […]
    ¿Será posible que haya amado
    al dieciséis rojo
    tanto como a tu vulva?
    ¿Es posible que esperar negro el siete
    me produzca la misma excitación
    que el color de tus bragas?»

    (De su libro «Estrategias del deseo»).

    «…ni estabas en el paseo de los estudiantes bohemios
    comiéndote una crêpe de chorreante mermelada
    tan roja como tu sangre menstrual.»

    (Id)

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