Narrativa Quid novi ex Africa

‘La pesadilla de Obi’ y el sueño roto ecuatoguineano

Alison Posey escribe sobre una novela gráfica que retrata los horrores y miserias de la dictadura de Teodoro Obiang.

/ por Alison Posey /

Según el historiador y crítico ruso Mijaíl Bajtín, lo grotesco fusiona lo cómico y lo serio con el fin de criticar a las élites. La novela gráfica La pesadilla de Obi (2015) del ilustrador ecuatoguineano Ramón Esono Ebalé (quien usa el pseudónimo Jamón y Queso) ilustra a la perfección esta tesis. La obra retrata la realidad esperpéntica de Teodoro Obi Obiang Nguema, el dictador envejecido de Guinea Ecuatorial, cuando se adentra en el corazón de su pueblo.

Única excolonia española en el África subsahariana, Guinea Ecuatorial ostenta una de las mayores disparidades de ingresos entre los ciudadanos y la élite política que ha gobernado esta pequeña nación desde su independencia en 1968. En la novela gráfica, que se puede leer gratuitamente en este enlace, las fangosas calles malabeñas, saturadas de basura, se convierten en el escenario idóneo para desvelar las profundas inequidades del país, cuyos ciudadanos ni siquiera disponen de agua corriente o electricidad estable, por no hablar de democracia. Las consecuencias del gran expolio del país llevado al cabo por su régimen, con la connivencia de empresas extractivas occidentales (sobre todo norteamericanas), son espeluznantes.

El personaje Obi, trasunto del dictador Obiang, protagonizará esta historia de contrastes chocantes. Esono Ebalé, junto a sus dos guionistas (conocidos por sus pseudónimos de Chino y Tenso Tenso), dibujará lo grotesco de su nación como algo tan simbólico como real. Nacido en la Guinea Española en 1942, Obi ascendió al poder en 1979 tras ejecutar a su tío, Francisco Macías Nguema, durante un golpe de Estado. Desde entonces, él y sus descendientes han llevado una vida de lujo, repleta de coches deportivos, jets privados y mansiones en Malibú, gracias a la lucrativa exportación de petróleo a países como Estados Unidos y el Reino Unido. La novela gráfica representa estas riquezas en una cámara acorazada llena de dinero en efectivo de la que Obiang dispone para pagar a aquellos en su nómina, desde políticos hasta prostitutas e incluso medicastros estadounidenses.

Al abordar el mundo cleptocrático de Guinea Ecuatorial —donde las ganancias de las empresas petroleras que se quedan en el país llenan los bolsillos de la familia Obiang—, Esono Ebalé y sus colaboradores evocan otro concepto de Bajtín: lo carnavalesco. Los carnavales, según el ruso, proporcionan un espacio de subversión donde la inversión de las normas sociales cuestiona las jerarquías existentes. La novela parte de esta premisa: después de que el poderoso Obi caiga dormido tras un día de excesos, el personaje despierta para encontrarse con una nueva realidad. Ya no es el dictador despótico del «Kuwait de África», sino un ciudadano ecuatoguineano normal y corriente. Obi se esfuerza por realizar las tareas más simples, pero la grotesca realidad de la vida cotidiana en Guinea Ecuatorial se hace cada vez más insoportable.

Transformado, gracias al sueño, en un ciudadano ordinario, el protagonista habrá de vérselas con las crudezas de la Guinea cotidiana. Las inequidades entre clases y clanes sobresalen gracias al estilo caricaturesco de Esono Ebalé y a la ironía mordaz de sus guionistas. Mientras el presidente Obiang reside en una mansión espléndida, Obi, vestido con una camiseta harapienta del PDGE, el Partido Democrático de Guinea Ecuatorial, vive en una casucha sin agua corriente ni luz. Mientras Su Excelencia cuenta con una limusina presidencial y una falange de guardias leales, Obi viaja aplastado en un taxi compartido con media docena de personas. Mientras el presidente pronuncia un discurso celebrando «una vez más nuestra sincera amistad con los países que defienden los derechos humanos», Obi recibe cincuenta latigazos en la comisaría. Por una ambigüedad deliberada, no queda claro si sus quejas se refieren a la tortura sufrida o al estado general del país.

En definitiva, lo grotesco y lo carnavalesco someten la realidad ecuatoguineana a una crítica implacable. Ambos elementos se intensifican a medida que Obi se ve cada vez más capitidisminuido por una serie de humillaciones corporales: sufre de una incesante hinchazón de testículos que proviene de alguna ETS, y le cuesta andar tras los muchos golpes recibidos a manos de los serviles funcionarios del presidente. Estas malandanzas lo llevan a buscar refugio en la misa, donde, como se pone de manifiesto en el clímax de la novela, los temas bajtinianos devienen un arma poderosa para exigir un cambio social.

Tras quedarse dormido esperando la confesión, el sueño transporta a Obi a un nuevo reino: el infierno. Allí se encuentra con el diablo, quien le hace recorrer una lujosa mansión bañada en carmesí, conocida como el infierno de los tiranos. Sus habitaciones, parecidas a la suite presidencial de Obiang, hospedan a varios dictadores del pasado (Mobutu Sese Seko de Zaire, Muamar el Gadafi de Libia, Francisco Franco de España…), quienes se ven obligados a contemplar, en pantalla plana y con sonido envolvente, sus respectivos crímenes por toda la eternidad. Sus grotescas expresiones consternadas, sus rostros arrugados bañados en lágrimas, y la propia risa del diablo al advertir el terror de Obi, refuerzan el papel de lo grotesco a la hora de reivindicar las preocupaciones del pueblo: lo que más espanta al dictador, concluye la novela, es la realidad cotidiana de los ciudadanos ecuatoguineanos: «Obi teme que después de dormir, cuando vuelva a abrir los ojos, descubra que sigue siendo un guineano normal con su vida normal. En lo más profundo de su mente bosquera, Obi tiene miedo, Obi teme que la pesadilla continúe». La pesadilla de Obi demuestra que la justicia popular prevalece incluso en el inframundo.


La pesadilla de Obi
Chino, Tenso Tenso y Ramón Esono Ebalé
2018
127 páginas
10 €

Alison Posey es investigadora postdoctoral en filología afrohispánica y peninsular en la Universidad de Duke (Carolina del Norte, Estados Unidos). Recibió su doctorado en filología hispánica en 2021 de la Universidad de Virginia.


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