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Flecos sueltos

Ha querido el azar que los avatares de Cristina Cifuentes en su etapa de ocaso y fuga al frente de la Comunidad de Madrid coincidiesen con mi lectura de "El mal y el tiempo", segunda novela de Carlos Fortea (Madrid, 1963).

/ por Miguel Barrero /

Los recientes acontecimientos políticos nos enseñan que el pasado puede ser una bomba de relojería, sobre todo si se alcanzan determinadas cotas de poder y conviene asegurarse de que el expediente está limpio antes de lanzarse a los abismos de la opinión pública. Ha querido el azar que los avatares de Cristina Cifuentes en su etapa de ocaso y fuga al frente de la Comunidad de Madrid coincidiesen con mi lectura de El mal y el tiempo (Nocturna), segunda novela de Carlos Fortea (Madrid, 1963), que se me había quedado traspapelada por la biblioteca y que por suerte logré repescar para afanarme en un par de noches de gratificante lectura.

Fortea tiene una trayectoria amplia a sus espaldas como traductor —ha vertido al castellano obras de Stefan Zweig, Thomas Bernhard o Günter Grass— y como autor de libros infantiles —A tumba abierta o El diablo en Madrid, ambas en Anaya—, pero no había dado el salto a la narrativa adulta hasta que en 2015 publicó, también en Nocturna, Los jugadores, una novela ambientada en la Conferencia de Paz de París de 1939 cuya trama bordeaba el género negro y que fue finalista del premio Espartaco, que concede anualmente la Semana Negra de Gijón. Esa inspiración policiaca asoma de nuevo en El mal y el tiempo, convertida aquí en una excusa para indagar en los resortes de la amistad, el amor y la ambición mediante el hilo conductor que componen tres personajes —Arturo Cervera, Silvia Corsano, Mario Fuentes— cuyas peripecias vitales se confunden durante una década en un singular ménage-à-trois que atraviesa itinerarios profesionales y escaladas políticas. Estructurada en tres partes que se van alternando capítulo a capítulo —dos de ellas ambientadas en el mismo periodo temporal aunque en escenarios distintos (Madrid y Asturias), centrada la otra en un largo flashback que remite a la época de inicios y aprendizaje—, la novela no sólo se centra en describir la evolución de sus protagonistas, sino que al tiempo que ilumina los impulsos que rigen las acciones de éstos va trazando, de manera tan sutil como certera, un fresco poderoso de lo que fue la España de la boyante década de los noventa, cuando parecieron quedar atrás los demonios del pasado y el país entero se lanzaba de cabeza a una borrachera macroeconómica que engendró los polvos de los que terminarían derivando estos lodos. De lectura ágil y argumento envolvente, El mal y el tiempo es una novela que confirma a Fortea como el buen narrador que es y demuestra una vez más esa capacidad de la literatura para adentrarse en los vericuetos que se esconden tras los fríos datos de la estadística histórica.


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Carlos Fortea (Madrid, 1963)

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