/ por Carlos Barrio /
Todo final tiene un principio. Asturias no tiene final, pero su bandera luce el alfa y el omega: principio y fin para los creyentes cristianos. El emblema es una cruz, símbolo de la victoria contra los musulmanes. Pero ¿de verdad se enarboló esa insignia? La que se halla en la Catedral, no. De eso no cabe duda, ya que las dataciones radiocarbónicas la situaron en el reinado de Alfonso III, el último monarca, al que también se le puede considerar como el gran manipulador de la historia. Durante su reinado se redactaron las famosas Crónicas cristianas, fuentes primarias que han servido de base para buena parte de la historiografía romántica. Alfonso III buscaba legitimarse en el poder y utilizó la Historia. Con esos textos se unía su figura a la de Pelayo, pero también a la de la monarquía de Toledo. Abilio Barbero y Marcelo Vigil pusieron en tela de juicio las Crónicas, se dieron cuenta de los mensajes que mostraban y pusieron sobre la mesa la arqueología como algo fundamental para entender este periodo. A día de hoy esos textos pueden y deben ayudar, pero siempre acompañados de la etnografía, la mitología, la sociología, la antropología o ya la mencionada arqueología. Teniendo todo esto en cuenta, llegan las primeras dudas sobre un periodo que sigue siendo oscuro. ¿Cómo era Asturias en la época de Pelayo? Los investigadores sostienen que había una serie de poderes locales e independientes entre sí, pero también del reino de Toledo. Para poder identificarlos hay que viajar atrás en el tiempo, porque al hablar de poderes se habla de elites. ¿Cómo surgen?
En la Edad del Cobre aparece la que es considerada como primera ciudad de la península ibérica. Los Millares, en Almería, se data entre el 2400 y el 1800 a.C. En el citado yacimiento aparecen tumbas megalíticas únicas, que muestran la aparición de una aristocracia. En Asturias, por su parte, se han encontrado recintos funerarios de esa época en la mina del Aramo. Unos veinte individuos fueron depositados en el interior del depósito, probablemente como una ofrenda para calmar los ánimos de los moradores del Más Allá, que habitaban en el interior de esas cavernas. Puede que solo fuese un intercambio: la mina daba cobre, metal arrancado a las entrañas del monstruo, y este se cobraba una pieza para calmar sus ánimos. En ese periodo también aparecen las tumbas individuales y en el oriente de Asturias han aparecido enterramientos en cuevas de humanos acompañados de elementos de prestigio. ¿Hay un momento de ese periodo donde un señor importante se reunía con la bestia que vivía en el Más Allá? ¿Ha ganado alguien al monstruo en un duelo y gracias a esto se ha convertido en una persona poderosa?
El ídolo de Peña Tú, en el oriente de Asturias, es una gran roca cuarcítica cuya forma se asemeja a la cabeza de una serpiente. En un lateral aparece grabado un personaje y un puñal. También unas cruces cristianas, obviamente muy posteriores a los citados grabados ya que estos son de la Edad del Cobre. Algunos investigadores afirman que el ídolo se debe asociar con la figura de un guerrero poderoso y claro antecedente de la comunidad. En un pueblo desaparecido del valle de Turón, Cesnille, hay dos relatos que ayudan a desentrañar la figura de esos señores, sin ninguna duda guerreros. Allí, según la leyenda, vivía un señor que le daba todos los días un cuenco de leche a una serpiente. La bestia domesticada y enamorada de su amo acudía todas las jornadas a su cita, hasta que el señor falleció. No pudiendo superar la pérdida la serpiente comenzó a darse cabezazos contra una pared hasta que puso fin a su vida y pudo así reunirse con el señor. La segunda leyenda habla de hombre apodado Valentón. Una vez fue una persona a retarle a una pelea, pero dio la vuelta tras preguntarle a un lugareño por él. Este último le indicó el camino a seguir con un pesado útil de labranza. Si el Valentón era más vigoroso todavía, ¿cuánta fuerza podía llegar a tener? Todo esto tiene que ponerse en relación con el guerrero que derrota al cuélebre o al ojáncanu. Con los ritos de paso que deben superar los jóvenes para convertirse en carismáticos guerreros. Los seres mitológicos son sustituidos por animales como osos o lobos.
Esas elites destacadas se muestran de manera evidente en la Edad del Bronce, ya que aparecen enterradas, en algunas ocasiones, con poderosos ajuares. Uno de los túmulos de Monte Deva es de este periodo. En esa época, sobre todo en su etapa final, hay que destacar la presencia de objetos de valor, como hachas de bronce, en corrientes de agua. No son pocos los investigadores que vinculan estos depósitos con un culto a una divinidad acuática. Monte Deva señala el nombre de una deidad y su relación con un entorno. Se debe comenzar a hablar de una diosa de la naturaleza que se halla presente en montes y corrientes de agua.
En El Carboneru, un pequeño pueblo de Mieres, hay una laguna que guarda una leyenda extraordinaria. Según cuenta la tradición, allí cayó una rica señora con su carruaje. Las alhajas que portaba aparecieron unos kilómetros más abajo, a la altura de la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen, más conocida como El Convento. Ese relato debe relacionarse con una figura de la etnografía asturiana: la xana. Y aquí se ve cómo la mitología se convierte en cristianismo.

Si se desciende desde El Carboneru hasta la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen, aparecen lugares relacionados con el Camino de Santiago y yacimientos arqueológicos. Si se desciende por Mariana, nombre que puede venir de Xanes, ya que algunos lugareños se refieren al lugar como Marianes, llegamos a la pequeña capilla del Carmen, en el barrio de La Villa. Este edificio, románico en su origen, se levanta sobre la base del castro de Lladreo, enclave donde apareció cerámica romana y una moneda de la época de Tiberio. Al lado de la capilla se encuentra la Casa Duró y enfrente el Instituto Bernaldo de Quirós. En estos dos edificios vio un prestigioso historiador restos de dos villas romanas. En el prado del instituto se celebraba la romería del Carmen, donde iba la gente a comer el bollo. Todo ese entorno está lleno de topónimos relacionados con el agua: Guareña, calle Siete Fontes, barrio de Santa Marina… Esa figura religiosa aparece relacionada con elites locales y sus hábitats, ya sean castros o villas.
En el Bronce Final va a dar inicio la conocida como época castreña, un largo periodo donde el castro será el principal edificio de las aristocracias guerreras, viviendo el resto de habitantes del periodo en otros edificios menores. Hay castros de mayor tamaño y otros más pequeños que dependerán de los primeros. Se ha creído durante mucho tiempo que los moradores de Asturias en esta época eran poco menos que bárbaros asilvestrados con poco o ningún contacto con el exterior. Esto puede deberse a una excesiva creencia en la propaganda imperial romana, claramente interesada como buen agresor, en ridiculizar a todo aquel que se opusiese a su bota militar y política. La verdad es que esta sociedad era mucho más compleja y tenía contactos con el mundo exterior, algo que se debería suponer ya que comercio había en Asturias, por lo menos, desde la Edad del Cobre.
Profundas conexiones tenían los habitantes de la Asturias antigua con el mundo celtibérico. Estas relaciones son fundamentales para entender esta sociedad. También había contactos con el mundo mediterráneo y en los castros han aparecido ánforas de origen púnico y cerámicas griegas. Este comercio está vinculado a la aristocracia. Asimismo, la guerra era una práctica habitual y un modo de vida. El armamento tiene una clara vinculación con el poder. Y es que ser guerrero era un medio de escapar de la pobreza, como así lo atestiguó Diodoro hablando de los íberos y los lusitanos. Tomando como referencia la etnografía podemos hablar de la importancia de la juventud y la guerra. En Cantabria se celebra la Vijanera, una festividad protagonizada por unos personajes llamados zamarrones. Los zamarrones son varones jóvenes que van en grupo, como si fuesen una cofradía de guerreros. Portan campanos que ahuyentan a los espíritus y tienen como misión capturar un oso. En Lena, los zamarrones parecen guardar relación con los lobos. Las saunas halladas en algunos castros, como Pendia o Coaña, parecen estar asociadas con las mencionadas cofradías de guerreros, ya que algunos investigadores las relacionan con ritos purificadores de nuevos soldados. Las de Coaña están datadas en el siglo IV a. C y una de ellas estuvo activa hasta el siglo I d. C.
La llegada de los romanos a lo que hoy conocemos como Asturias trajo un dibujo geográfico de sus pueblos, algo que resulta de sumo interés. Parece ser que los astures propiamente dichos se asentaban en una pequeña área del centro. Luego estaban los luggones, que también se hallaban en el centro de Asturias, y los pésicos, que se ubicaban en el centro-occidente y tenían su capital en Pravia. Entre los cántabros cabe destacar a los vadinienses, que se asentaban en territorio del oriente asturiano pero también en zonas de León y Palencia. También han legado una controversia que dura hasta nuestros días: la romanización. Es evidente que la aristocracia local adquirió costumbres del mundo latino, como seguramente había adquirido costumbres de otras relaciones con el mundo exterior, pero la romanización se entiende como una victoria total del mundo romano. Y esto se ha de poner en entredicho. Aculturación sería un término más adecuado y se ve bien en la villa de Veranes o Lucus Asturum. Entre los astures y los romanos hubo enfrentamientos y todo parece indicar que el pueblo prerromano se organizó para la resistencia contra el invasor, pero también hubo pactos. A falta de más excavaciones, se cree que el centro y el oriente de la actual Asturias se enfrentaron de manera más directa al poder romano, no así el territorio occidental. Nuevas evidencias han asegurado la violencia cometida por los latinos en la conquista del territorio, pero también hay que tener en cuenta que hubo varias rebeliones en los tiempos posteriores que obligaron a los conquistadores a mantenerse firmes y no bajar la guardia. Ya se ha visto que los asturianos del mundo prerromano basaban buena parte de su vida en la guerra. Y esto fue un fenómeno que ayudó a la aculturación, como también los fue el comercio. Los guerreros astures sirvieron al ejército romano en sus campañas: Pintaius fue un astur-transmontano, portaestandartes de la Cohors V Asturum.
Su figura es conocida gracias a una estela donde se le ve ataviado con la piel de un oso, animal que era fundamental en la sociedad guerrera, como ya se ha visto. Otro militar fue Cayo Sulpicio Úrsulo, cuya lápida fue hallada en Ujo. Al lado de este epígrafe se encontraba otro dedicado por Cayo Sulpicio Africano, probablemente hijo de Cayo Sulpicio Úrsulo, a un dios o diosa indígena cuyo nombre respondía al de Nimmedo Assediaggo. Nimmedo debe guardar relación con la Naturaleza, ya que la palabra nemeton significa bosque sagrado en celta.
Un buen ejemplo para conocer esas elites astur-romanas son las villas, el edificio rural clásico de la Antigüedad. Un latifundio con varios edificios donde habría unos propietarios al frente. En La Olmeda, Palencia, hay una primera fase que abarca del siglo I d. C al siglo III y otra que comienza en el siglo IV y llega hasta el siglo VI. Al frente de este edificio se encontraría una familia aristocrática, unos terratenientes romanos que son sustituidos por gente de su mismo linaje, pero de origen germano, en época medieval. La Olmeda ha dado un nombre y un título: Asturiux, dux de la Tarraconense.
Esta nobleza poderosa es la clara antesala de lo que luego será una monarquía en la Edad Media. Sobre esta última da pistas el yacimiento de Argandenes, en Piloña, donde aparecieron cerca de trescientas piezas, destacando tres fragmentos de una lámina de oro que habían formado parte de los apliques de un cinturón. El ajuar se corresponde cronológicamente con la época de la monarquía visigoda de Toledo, pero los responsables de la excavación señalaron que los materiales pertenecían a personas importantes que eran miembros de unas elites astur-romanas. Las propias crónicas cristianas, elaboradas ciento setenta años después de los sucesos de Covadonga, hablan varias expediciones de castigo contra pueblos del norte. Sisebuto y Wamba actuaron contra esos poderes.
Pelayo, según las crónicas de Alfonso III, se refugió en una cueva del monte Auseba denominada Santa María. Ya se han señalado los vínculos entre las deidades precristianas y las vírgenes. Y también se ha hablado de la caverna como lugar de refugio de las bestias y la unión que hay entre ellas y los guerreros. Pero sobre las cuevas hay que profundizar más.
Un hallazgo extraordinario en la cueva de La Cerrosa, en el oriente de Asturias, muestra la importancia de las cavernas, ya que en su interior aparecieron numerosas piezas: vainas de puñal de filos curvos, puntas de lanza, un cinturón, cerámica… Asimismo, se hallaron restos de perros, caballos y ovicápridos. Pero lo más interesante fue el hallazgo de restos humanos en la cavidad. Cuatro personas descansaban en el interior de la gruta y tres de ellas aportaron dataciones radiocarbónicas: una mujer joven que vivió y murió entre los siglos VI-V a. C; otra mujer, que tendría entre veinticinco y treinta y cinco años y a la que la datación situó entre los siglos VII y V a. C; un varón que las pruebas situaron entre el siglo III y el I a. C. Los restos femeninos bien pueden guardar relación con algún sacrificio ritual para calmar los ánimos de las bestias, como ya se ha visto con anterioridad; el varón, sin embargo, pudo ser una persona destacada que pudo ser depositada allí como vínculo de unión entre con el lugar, que podía ser sagrado. Los investigadores relacionaron el sujeto con numerosas piezas metálicas. También con los restos de un caballo, animal que tenía mucha importancia para la sociedad prerromana y que aparece en las lápidas vadininienses, pueblo que era originario del oriente de Asturias. La simbología del guerrero con su caballo será cristianizada posteriormente dando lugar a uno de los grandes iconos del nacionalismo español: Santiago Matamoros y su caballo blanco.
Las cuevas eran lugares de culto. En ellas se han encontrado piezas de especial importancia: guijarro calcolítico en la cueva del Cuélebre de Corao, hacha plana de cobre del mismo periodo en la mina de El Milagro, dos cascos de bronce de la Edad del Hierro en una caverna del Picu Las Torres… De un periodo muy posterior es el tesoro de Chapipi, un enterramiento de monedas de época romano-bizantina depositado en una gruta. Tradicionalmente se ha asociado este hallazgo con un ocultamiento debido a una crisis política y al peligro que esto conlleva, pero nuevas investigaciones relacionan el tesoro con un culto religioso. No cabe duda de que Pelayo era un noble cristiano, ya que esta religión se practicaba en un principio en lo que luego fue España a través de las aristocracias, pero parece evidente que había restos de lo que se conoce de manera genérica como paganismo. El rito que llevó a Pelayo a encabezar una rebelión tuvo que ser precristiano en su naturaleza: Covadonga se traduce como Cova Dominica, Cueva de la Señora, pero esa deidad no debía ser cristiana en su origen. Simplemente se cristianizó su figura para adaptarla a los nuevos tiempos. El chorro que brota de la gruta procede del río Deva ¿qué figura mitológica vive en arroyos, cascadas o zonas de agua? Efectivamente, una xana.

El método de elección del caudillo tampoco guarda relación con las prácticas godas. Por los historiadores romanos conocemos las asambleas de los astures y el propio territorio asturiano actual está formado por setenta y ocho concejos. Julio César destacó esta práctica entre los galos que iban a entrar en guerra. Y no fue el único: más autores grecorromanos hablaron de las asambleas celtas donde se tomaban decisiones de especial relevancia relacionadas con la guerra, pero también con la elección de líderes militares. Floro, historiador romano, nos da una pista muy importante para imaginarnos el escenario antes de la escaramuza. Gracias a él conocemos la figura de Olíndico, un jefe celtíbero que blandía una lanza de plata enviada desde el cielo para luchar contra los romanos. Es evidente que nadie arroja armas desde el Firmamento, por lo que es difícil separar el mito de la historia. Lo que sí es más que probable es que la figura del arma que supuestamente lució Pelayo se convirtiese en una cruz cristiana. No sabemos qué sucedió en todo el ritual que acompañó al ascenso de Pelayo, pero un exvoto íbero del siglo V a. C puede ayudar a desvelar o imaginar cómo fueron los hechos. La figura señalada, conservada en el Museo Arqueológico Nacional, muestra a un guerrero-sacerdote hollando la cabeza de un lobo mientras mata un carnero en un medio acuático. ¿Pudo guardar parecido la elección del noble asturiano? El escenario de Covandonga nos muestra un medio acuático, una figura religiosa precristiana, una asamblea de raigambre prerromana…
Las Crónicas cristianas, elaboradas bajo el mandato de Alfonso III, siguen siendo una fuente primaria imprescindible para entender la configuración de la monarquía y la desigualdad. También para ver las contradicciones. Así, es muy llamativa la aparición y desaparición de Gijón, donde residía el alto cargo musulmán Munuza. Siguiendo los textos, este huyó tras conocer las noticias que llegaban de Covadonga pero fue alcanzado y acuchillado junto a sus hombres. Después de esta primera mención a Gijón la villa desaparece del relato y no vuelve a aparecer hasta el reinado de Ramiro I. ¿por qué?
La Campa Torres es un buen punto de inicio para entender el significado de la villa asturiana en la prehistoria y en la edad antigua. En el siglo VI a. C se levantó la muralla. Es probable que esa fortificación estuviese asociada a un sacrificio humano, ya que la aparición de una mandíbula hace que algunos estudiosos sostengan esta teoría. La Campa fue un centro de poder que vivió un grandísimo esplendor a partir del siglo IV a. C y que tuvo una destacada industria metalúrgica y una importante vida comercial. En el siglo I de nuestra era, el castro sufrió un proceso de aculturación ante la llegada de los romanos y cien años más tarde se fue despoblando de manera lenta. Pero eso no significa que el poder gijonés desapareciese: solo se trasladó. La villa de Veranes, por ejemplo, es un buen ejemplo de esto último. La villa fue utilizada en la época alto imperial. En el Bajo Imperio se construye sobre el viejo edificio y al frente del centro de poder estaría un miembro de la aristocracia astur-romana. Veranes acabaría sus días como espacio eclesiástico, pero siguió siendo utilizada hasta los siglos VII y VIII.
Otro lugar destacado es el pozo-cisterna de Cimadevilla. Una relectura del enclave ha mostrado restos interesantes relacionados con la época de la monarquía asturiana. En el enclave ha aparecido un meloncillo, mascota que es originaria del Mediterráneo sudoriental, un laúd y una silla. Estos objetos se han relacionado con una jefatura con contactos con otras personalidades importantes del periodo. Sin embargo, la sede regia tras la batalla con los musulmanes surge lejos de Gijón, en Cangas. Además, esa fortificación fue destruida.
Probablemente las élites del Gijón de la época llegaron a acuerdos con los musulmanes, algo que destiñe por completo el supuesto patriotismo de los inicios de la llamada Reconquista. Pelayo sí se rebeló y acabó encabezando una rebelión en el oriente de Asturias. ¿Intentaron pactar los árabes con el levantisco Pelayo? Si hacemos caso a lo que nos cuentan las crónicas, que nos habla de un posible enlace matrimonial entre Munuza y una hermana del noble asturiano, sí. Para entender esto hay que hablar del papel de la mujer.
Un conocido geógrafo griego al servicio de Roma mostró el determinante papel que jugaba la mujer en la sociedad prerromana. Según Estrabón, los hombres dotaban a las mujeres, la herencia era recibida por las hijas y las hermanas casaban a sus hermanos. Las mujeres también se dedicaban a labores agrícolas, protegían a sus esposos y seguían trabajando a pesar del parto. Además, también formaban parte de la vanguardia guerrera en caso de conflicto bélico. El protagonismo que Estrabón le da a la mujer en la Asturias prerromana viene ratificado en la epigrafía, vinculada a la aculturación. En el siglo XX pervivía alguna costumbre: numerosos testimonios orales hablan de mujeres que acababan de dar a luz y seguían haciendo las tareas del hogar mientras los maridos se tumbaban en la cama con el recién nacido. Asimismo, también es conocida es la consideración que tenían las mujeres en zonas rurales asturianas de la actualidad a la hora de aconsejar.

Fueron Barbero y Vigil los que pusieron de relieve la relevancia de la mujer en la Edad Media asturiana, asociándola con la transmisión del poder. Por lo tanto, jugaban un papel similar a la época prerromana y romana. Y esto va a durar hasta la llegada de Ramiro I. La hermana de Pelayo garantizaba autoridad a Munuza, pero esa unión fue rechazada. Es más que probable que la rebelión viniese motivada por más causas, fundamentalmente económicas, y que los árabes intentasen un acuerdo que no prosperó.
A Pelayo le va a suceder Favila. Las Crónicas van a ser lacónicas con respecto a su figura, pero las pocas líneas que le dedican son de vital importancia para ver cómo las estructuras indígenas seguían presentes. Se sabe que gobernó durante dos años y que fue muerto por un oso al que había provocado. Esta muerte guarda relación con un rito de paso como los que ya se han mostrado. ¿Por qué debía superar Favila esta prueba? En la cultura celta, los altos cargos podían adoptar a los hijos de los nobles menores. Esta práctica beneficiaba a ambos, abriendo la posibilidad de que este hijo adoptivo accediese al poder. Aquí se crearía un conflicto, ya que se ha visto que la herencia venía a través de la mujer. A pesar de no superar dicho rito, Favila se legitimaría ante la historia, ya que fue enterrado en un lugar digno: en una iglesia levantada sobre un dolmen, lugar de culto y reuniones. La mencionada iglesia había sido edificada por orden de Favila y en su consagración aparece la figura de un augur local llamado Asterio. Un augur es un sacerdote, pero no cristiano.
Tras el breve periodo de Favila llega Alfonso I, hijo de un dux cántabro y yerno de Pelayo al estar casado con su hija Ermesinda. Alfonso accede al poder mediante el matrimonio y con su llegada se unifican dos jefaturas locales. La muerte de Favila puede entenderse como una disputa entre varios poderes, posiblemente de origen germánico, que quieren ocupar la jefatura de Cangas en sustitución de Pelayo.
Fruela, hijo de Alfonso I y Ermesinda fue un aristócrata del que las Crónicas dan mucha información. Como se ve, accede a la jefatura gracias a una mujer por lo que las estructuras indígenas de herencia siguen vigentes. Los textos cristianos suelen ser muy explícitos a la hora de narrar enfrentamientos contra los árabes, algo que es muy bien recibido por parte de la clase política española, sus acólitos y hasta gente que puede estar en sus antípodas. La construcción cultural española se basa, en buena parte, en el desprecio, el miedo y el odio hacia los musulmanes. La Reconquista es un periodo que sirve de base para ese relato, pero las fuentes primarias indican que también los enfrentamientos entre cristianos fueron constantes. Fruela tuvo que hacer frente a una rebelión de los vascones. En tierras vascas ejerció como señor poderoso y secuestró a una mujer llamada Munia con la que tuvo un hijo del que se hablará más adelante. Asimismo, Fruela tuvo enfrentamientos con los gallegos. Además, el jefe local asesinó a su hermano Vimara, al que intentó borrar de la historia eliminando su figura. El final de este señor vino de manera violenta: Fruela fue asesinado por sus hombres y su cuerpo fue trasladado lejos de la jefatura de Cangas hacia el centro de Asturias, a Oviedo.
A Fruela le va a suceder su hijo Aurelio. De él se cuenta que se enfrentó a una rebelión de los siervos. Parece ser que los textos se atreven a hablar de las clases subalternas de la época, pero puede que esos siervos no sean esclavos o campesinos libres. Quizás fueron otras jefaturas locales ubicadas en territorio asturiano y que dependían de alguna manera de la de Cangas. Tal vez fueron otros señores locales que se enfrentaron a la sede canguesa por motivos políticos. El interesante topónimo San Martín del Rey Aurelio invita a tener en cuenta esta tesis: San Martín es el evangelizador, una de las figuras clave del cristianismo medieval y sustituto del dios de la guerra romano, Marte.
Tradicionalmente se ha vinculado la monarquía asturiana con tres sedes: Cangas, Pravia y Oviedo. Con Silo, sucesor de Aurelio, el centro de poder político se traslada del oriente al centro-occidente. Silo estaba casado con Adosinda, hija de Alfonso I, por lo que la herencia política sigue legándose a través de la mujer. Asimismo vuelven a aparecer los nombres latinos sustituyendo a los germánicos. El traslado de la sede es una idea que debe descartarse; lo que se ha llevado a cabo es un pacto entre poderes independientes, entre aristocracias locales. Flavionavia, ubicada en la actual Pravia, era la capital del pueblo pésico, ubicado entre el Nalón y el Navia. Los pésicos eran vecinos de los galaicos y aparecen citados en los textos medievales como facción enfrentada a los visigodos. Obviamente, los pésicos sobrevivieron a la romanización y es probable que sus élites indígenas pactasen en su día con los romanos, algo que tendrán que demostrar las excavaciones. Silo no tuvo problemas con los musulmanes, pero sí con los gallegos. El poderoso señor cedió algunos castros a la Iglesia; algo que se debe interpretar como una cristianización, pero también como una decisión política.

Tras Silo va a llegar uno de los personajes más importantes de la historia medieval de Asturias: Alfonso II. Su gobierno se hizo esperar ya que fue expulsado del poder por su tío Mauregato. El joven Alfonso tuvo que exiliarse a tierras vascas, de donde era originaria su madre, una antigua sierva ya mencionada llamada Munia.
Mauregato, por su parte, era hijo de Alfonso I. Al igual que su sobrino, era vástago de una sierva, pero a él no se lo perdonaron los cronistas, que lo acusaron de usurpador. Los siervos, ahora en versión femenina, vuelven a aparecer, pero esta vez alcanzan el poder. Bajo el gobierno de Mauregato se cree que se inició una de las grandes obras del cristianismo: el Camino de Santiago, una construcción cultural para ocultar todo lo que había antes de esta religión. Su sustituto no será Alfonso, sino Bermudo. Su condición de diácono muestra nuevamente las estructuras indígenas, ya que es probable que los cronistas maquillasen su pertenencia a alguna clase sacerdotal de origen, por lo menos, precristiana. Un religioso no podía estar al frente de la monarquía de Toledo. Wamba sufrió un curioso episodio para forzar su retiro, ya que se la aplicó la tonsura para que no pudiese reinar. Al principio de estas líneas se han visto destacadas figuras tanto religiosas como guerreras: Olíndico y Asterio, también se ha mencionado un exvoto íbero. ¿Pudo ser Bermudo un augur o un guerrero-sacerdote? Lo único que dicen las Crónicas sobre él, además de su figura clerical, es que estuvo al frente del gobierno por un periodo de tres años y que renunció de manera voluntaria. Tras él sí llegará Alfonso II.
El nuevo señor va a marcar un punto de inflexión en la época de las jefaturas y alcanzará el poder tras la voluntaria renuncia de Bermudo. Las Crónicas muestran el esplendor de Alfonso, pero ocultan otras de gran importancia que han llegado a través de otras fuentes. Según las de Alfonso III su homónimo fue el primero en establecer la sede regia en Oviedo; la Albendense, por su parte, afirma que la mencionada sede regia fue devuelta a la actual capital de Asturias. Es en esta crónica donde se menciona el encierro del joven señor en un monasterio ubicado en un lugar denominado Abelania, topónimo de gran controversia que puede estar situado en el entorno de Ablaña, en Mieres. En las inmediaciones de este pequeño pueblo se encuentra el pico Gúa, zona montañosa con nombre asociado al agua. En las cercanías aparecen túmulos y grabados prehistóricos. En la falda del Gúa hay un pueblo llamado Santa Llucía, virgen relacionada con la luz. En Aguilar, lugar ubicado en una de las estribaciones que lleva a la montaña hay una pequeña ermita románica. Unos metros más abajo, en La Rebollá, aparece otra iglesia de la misma tipología levantada en honor a María. Asimismo, en Aguilar hubo un castillo en el que estuvo prisionero Gonzalo Peláez, un levantisco noble asturiano que tuvo una serie de conflictos con la corona de Castilla. Esta zona se halla en las inmediaciones de Oviedo, lugar donde fue enterrado Fruela. Es de suponer que el joven aspirante a jefe local buscase apoyos donde podía gozar de simpatías y desde el entorno del Gúa se ve uno de los principales edificios de la Edad Media asturiana: el castillo de Tudela. Además, se debe creer que los cronistas maquillaron el supuesto presidio de Alfonso, poniendo la palabra monasterio en lugar de santuario. La zona mencionada se asemeja mucho más, por todo lo visto, a esto último. ¿De dónde sacaron la idea de sustituir un recinto por otro? De los francos, que cuentan en sus crónicas el ascenso al poder de Pipino, hijo de Carlos Martel y padre de Carlomagno, que acabó con el reinado de Chindasvinto III, al que obligó a recluirse en un monasterio.
Carlomagno va a ser una pieza central en el puzle alfonsino. Se conocen los contactos entre el emperador franco y el noble asturiano gracias a los textos carolingios. Contactos que se pudieron iniciar en tierras vascas, donde Alfonso estuvo recluido en primera instancia y de donde era originaria su madre. La figura del que fue coronado emperador en la Navidad del 800 se debe interpretar como la del gran guardaespaldas de la cristiandad occidental, el brazo armado del papa de Roma. Las crónicas del reino de Asturias silencian estos contactos por motivos desconocidos pero el joven Alfonso se tuvo que poner bajo las órdenes de Carlomagno, como si de un siervo se tratase. Es probable que para alcanzar la jefatura local, algo que ayudaría a entender la piedad de sus obras y la numerosa construcción de edificios religiosos en Oviedo. Estos contactos ayudaron a construir una historiografía que comenzó a relacionar la rebelión de Pelayo con el cristianismo. Un epígrafe, hoy desaparecido, narra la destrucción de un templo anterior a San Salvador por obra de los gentiles. De manera tradicional se ha relacionado a los mencionados gentiles con los árabes, que por esas fechas mantuvieron políticas belicosas bajo el mandato de Hisham I, pero hay que tener en cuenta que este término se refiere de manera común a lo que los cristianos llaman paganismo.
Oviedo se silencia en las crónicas hasta ese momento y tan solo aparece para hablar de la sepultura de Fruela, pero la actual capital de Asturias no era un solar sin historia. El castro de Llagú, fue fundado en el VI-V a. C y estuvo ocupado hasta el II d.C. Muy cercana a Oviedo se hallaba la villa de La Estaca, fundada en fecha bien en el siglo I o en el III de nuestra era y que pudo estar ocupada durante trescientos años. Este yacimiento guarda relación, según algunos estudiosos, con Lucus Asturum: un importante centro de poder mencionado en el Anónimo de Rávena. Si el inicio de la futura monarquía comenzaba en territorio vadiniense y se desplazaba hacia la tierra de los pésicos ahora llegaba a la zona de los luggones, que ocupaban buena parte de la zona central de Asturias y que pueden tener relación con los ruggoni, un pueblo que sufrió expediciones de castigo por parte de la monarquía de Toledo.

Tras el largo gobierno del jefe local, que pasó a la historia con el sobrenombre de el Casto por motivos que se desconocen, vino Ramiro I, al que se le puede considerar primer monarca de Asturias. Según las Crónicas, Ramiro se hallaba en Castilla concertando un matrimonio. Aprovechando la ausencia de Ramiro, un conde de palacio llamado Nepociano que guardaba algún tipo de parentesco con Alfonso II, seguramente a través de Munia, por lo que se entiende que tenía opciones de acceder al poder a través de la rama vasca, se hizo con la jefatura. Nepociano se enfrentó a Ramiro contando con el apoyo de astures y vascones, pero fue derrotado sobre el río Narcea por Ramiro y sus aliados gallegos. Tras la victoria, Ramiro unifica Asturias y por eso se puede considerar el primer rey. El monarca derrotó a los normandos en un oscuro episodio difícil de interpretar, ya que se puede pensar que estos últimos pudieron adentrarse en Gijón en apoyo de algún noble local.
Asimismo persiguió condes díscolos, cegando a Aldroito y asesinando a Piniolo, y construyó un recinto palaciego, que también es de difícil interpretación. Los edificios de Santa María del Naranco fueron levantados en lo alto de un monte, bajo una cristianización. Pero, si el nuevo señor era heredero de Alfonso ¿por qué no ocupó San Julián de los Prados? Puede que el apoyo de los astures a Nepociano ayudé a explicar todo esto. Por último, Ramiro persiguió a unos misteriosos magos, a los que ajustició con el fuego. Estos mágicos solo pueden ser considerados enemigos políticos, que significaron un peligro porque podían disputarle el poder a Ramiro. La lucha contra la herejía es eso, al fin y al cabo.
Uno de los rasgos más destacados del primer reinado fue la desaparición de la herencia a través de la mujer. Por este motivo, Ramiro fue sustituido por su hijo Ordoño sin que apareciese ningún nombre femenino en el proceso. Bien de este último o bien de su padre es Santa Cristina de Lena, otro edificio de gran interés ya que las dataciones radiocarbónicas han demostrado que se levantó sobre una construcción anterior que puede guardar relación con los magos, los siervos o alguna jefatura de poder.

El sucesor de Ordoño, Alfonso III, pasó a la historia de Asturias como el último monarca, pero a este título debe acompañar, como ya se ha dicho, el de gran falsificador. A veces, el azar tira por la borda las grandes mentiras. Unos ladrones que asaltaron la catedral de Oviedo se llevaron consigo, además de otras muchas cosas más, la Cruz de la Victoria. Esta se rompió mostrando la que supuestamente había enarbolado Pelayo, la de madera. Las dataciones tomadas sobre ella demostraron que el símbolo era dos siglos posterior a la batalla de Covadonga. Todo había sido una invención de Alfonso III y sus acólitos, como ya se ha mencionado. Para acabar, unas obras en el Museo de Bellas Artes sacaron a la luz una fuente de época romana (algo que demuestra la presencia de gentes antes de Alfonso) muy similar a La Foncalada. Esta última, históricamente relacionada con el último monarca, puede ser muy anterior y guarda un parecido más que razonable con las saunas castreñas mencionadas anteriormente. Es más que probable la cristianización de La Foncalada, donde reposan dos frases que muestran quién era el que mandaba en la época del último rey: «Este signo protege al piadoso. Este signo vence al enemigo; Señor, pon el signo de la salvación en esta fuente para que no permitas entrar al ángel golpeador».
Desde estas líneas se ha hablado de un proceso histórico que sigue siendo desconocido. Desde estas líneas se ha mostrado un relato que tiene como base la visión crítica con las fuentes primarias y que también utiliza la etnografía y la arqueología como disciplinas básicas. Es muy difícil saber si los ritos de paso que los jóvenes practicaban para escapar de la pobreza guardan relación con la problemática que hay en torno al lobo y al oso en la actualidad, ese trabajo se debe dejar para otros especialistas. Lo que sí es indudable es que buena parte de la enemistad que se guarda con Marruecos y el mundo musulmán gira en torno a un relato falseado por ideologías de diversas épocas. También parece evidente que la respetada opinión de las mujeres rurales, a pesar del machismo, está asociada al determinante papel jugado por ellas en épocas antiguas.
Carlos Barrio es historiador
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