Asturias laberíntica
Carlos Barrio traza la historia remota y dedálica de una tierra que empezó siendo solar de los luggones y los pésicos, y acabó siendo reino.
cuaderno digital de cultura
Carlos Barrio traza la historia remota y dedálica de una tierra que empezó siendo solar de los luggones y los pésicos, y acabó siendo reino.
Ricardo Martínez-Conde reseña dos libros de reciente publicación: una historia gráfica de la Edad Media y las cartas de Dacia Maraini al director italiano.
Un artículo de Joan Santacana.
Una crónica histórica de Israel Llano Arnaldo.
Dos grandes honores atesora Alberto Álvarez Peña (Gijón, 1966): nadie sabe tanto sobre mitología asturiana y nadie la ha dibujado mejor. Etnógrafo, ilustrador y viceversa, Peña lleva un cuarto de siglo consagrado a una relativamente apresurada tarea de recopilación de los últimos restos de todo un mundo de creencias antiguas y fascinantes.
A juicio de don Américo Castro, el ser de España se había cocinado en la mutuas influencia e imitación entre las tres grandes religiones monoteístas que en la Edad Media hicieron de Iberia su hogar: cristianismo, islam y judaísmo. Tan lejos llegaba el profesor en aquella convicción suya que llegaba a sostener que el mito cristiano de Santiago Matamoros había nacido como réplica y copia del Mahoma islámico; que fue Santiago el Mahoma de los cristianos tal como Compostela fue su La Meca.
La Unión Europea, escribe Joan Santacana, ha sido la única vez en la que se ha intentado unificar el continente dando voz a todos. Si fracasa, se pregunta el autor, ¿qué la sustituirá? ¿Volveremos a restaurar la etapa de feroces nacionalismos? ¿Abriremos viejas heridas?
«Si Alemania, hoy columna vertebral de la Unión Europea, empezara a cansarse de desempeñar su papel de garante de la moderación y la democracia, y su nacionalismo ancestral despertara, ¿qué ocurriría? Tal vez entonces los demás nacionalismos se darían cuenta que la idea europea no había sido una mala idea después de todo», escribe Joan Santacana en su columna ‘Mirar al retrovisor’.







