Opinión

Lecturas irreverentes

Natalia Cueto Vallverdú sugiere a los adolescentes un verano diferente a base de lecturas irreverentes.

/ por Natalia Cueto Vallverdú /

Las tardes de calor. El letargo obligado. El aburrimiento estival: en casa, en la habitación, en el cuarto de la plancha. Persianas bajadas. Encierro. Dos horas después de la comida. El tiempo de digestión antes del baño. Los padres acostumbraban a imponer aquel silencio, aquel derrumbe físico, aquel lugar donde la ausencia de actividad era norma y música, como si de un ecuador se tratase, la franja detenida en cada día estival: antes y después de la siesta. Quizá era el aburrimiento. O la imposibilidad de la quietud en la edad temprana. Lo que fuera nos empujaba a las únicas aventuras posibles sin movimiento: las ficciones. Los tebeos, los libros, las viñetas, los suplementos de los periódicos… Atacábamos con ferocidad las bibliotecas: de los tíos, de las abuelas, de la casa del pueblo, de los amigos de la familia sin hijos pero con abundancia de volúmenes donde el relato nos absorbía. Y en esa zona cero ningún adulto solía dedicarnos tiempo: éramos libres para dejarnos llevar por el fulgor, el hechizo, la seducción de un libro cuyo lomo o portada provocaban la adhesión. Era verano. Era el periodo de la lectura. Era el acto de libertad. Pioneras, apandadores, piratas. Nadie sancionando. Nadie vigilante. Nadie más que tú delante de aquel abanico de mundos posibles. ¿Y si hoy fuera ayer y tuviéramos a nuestro cargo hijos e hijas, sobrinos y sobrinas, nietos y nietas en edad adolescente obligados a un tiempo muerto donde la lectura sí fuera alternativa de ocio y diversión? ¿Qué incluiríamos en esa librería insurrecta?

Historias de miedo para doce años y trece años. La amenaza en los juegos aparentemente cotidianos (las canicas, el escondite, correrías por el parque…), los monstruos que no lo son tanto, niños y niñas inquietantes que esconden la ferocidad de un relato, jovencitos y jovencitas talentosos que diseñan maldades preñadas de humor negro, infantes que urden un plan hartos de que sus padres y madres no tengan horas para ellos tragados por la vorágine laboral… una selección posible de libros y álbumes ilustrados: Steven Zorn, Ilustraciones de John Bradley, Relatos de monstruos, Colección Cucaña, Editorial Vicens Vives; Mary Shelley, Frankenstein, adaptación de Lucía Mora, Ilustraciones de Alberto G. Ayerbe, Editorial Susaeta; Varios autores, En el parque. Una historia cómica y cinco terroríficas, Editorial Thule. NicKolaus Heidelbach, ¿Qué hacen las niñas? y ¿Qué hacen los niños?, Libros del Zorro Rojo; Javier Gregori, La venganza de los niños cucú, Siruela; Linda Quilt, Escalofriantes historias de niños prodigio, Ilustraciones de Michael Sowa, Editorial Siruela; Stevenson, El extraño caso del Dr.Jekyll y Mister Hyde, guion de Santiago García, dibujos de Javier Olivares, Editorial SM.

Lecturas para jóvenes de catorce a diecisiete años. Puede ser que les interese la historia, el cine, el miedo, el mal del hombre bajo la excusa de la supervivencia, la rebelión de los cuerpos, el amor, la violencia sobre otros, la rebeldía ante todo lo paterno, la construcción de lo político. Afanes que pueden conducirlos a unas u otras lecturas. En el sopor veraniego, en las tardes largas, en las insomnes noches, ¿qué podríamos colocar en esa biblioteca posible? Hyman/Fromental nos ofrecen el cómic El Golpe de Praga, Editorial Ponent Mon; E. Allan Poe, Ilustraciones Luis Scafati, Traducción Julio Cortázar, La Narración de Arthur Gordon Pym de Nantucket, Libros del Zorro Rojo; Erri de Luca, Los peces no cierran los ojos, Seix Barral, J. Eugenides, Las vírgenes suicidas, Anagrama; Belén Gopegui, Deseo de ser punk, Anagrama; W. Golding, El señor de las moscas, Alianza Editorial; G. OrwellRebelión en la granja, Editorial DEBOLSILLO; Mariana Enriquez, Las cosas que perdimos en el fuego, Anagrama; Daniel Clowes, Ghost World. Mundo fantasmal, Ediciones La Cúpula.

Un verano con las llaves para la lectura irreverente. La rebelión elegida. La construcción de mentes críticas y no mansas. Ante todo que elijan, desechen, prueben, abandonen, se entusiasmen. Que se interroguen, se encuentren, se entreguen a la otredad que acerca la ficción. Y que lean.

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