Poéticas

Roberto San Geroteo

Roberto San Geroteo presenta esta semana en España su nuevo libro de poemas "El fuego hace su trabajo" (Amargord, 2017) en traducción de Miguel Casado.

[Foto de portada: ©Kela Coto]

/ por Miguel Casado /

Ver / un poco más de cerca a qué atenerse y atender / tanto a la presencia como al desvanecimiento, escribe Roberto San Geroteo, y su poesía propone esta forma de atención, para dar cuenta de lo que se ve y también de lo que actúa sin estar; del mismo modo, con parecido vaivén, una voz inscrita siempre en un presente inmediato se siente traspasada de temporalidad, compuesta por activos estratos de pasado. Se trata de una lengua directa, de sintaxis horizontal con continuas rupturas mínimas, una precisión hecha de impactos y suspensiones, de neutralidad e intensa emoción no explícita; el espacio de una tensión que se vertiera como fluido, con la doble naturaleza de lo corriente. Parecería que es la propia vida la que va hablando, coleccionando sus pequeños fragmentos que no podrían nunca unirse para formar un conjunto; pero que perfilan el relieve existencial de lo singular, su resistencia frente a los códigos sociales, su “antídoto” contra la ley del beneficio y la utilidad, “sonreír por nada / a lo desconocido y hacer / compañía al dolor”.

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Roberto San Geroteo nació el 26 de marzo de 1951 en Rennes, ciudad de exilio de sus padres. Bilingüe, ha trabajado como profesor de español en París, Charleville, El Havre y de nuevo en París, donde ahora reside. A él se deben las primeras traducciones al castellano de Bernard Noël (La cara de silencio, 1991) y las primeras muestras en francés de la poesía de Antonio Gamoneda; su labor de puente entre las dos lenguas se ha expresado en numerosas revistas de los dos países, de manera señalada en Noire et Blanche, de la que fue editor (1994-1998); actualmente forma parte del consejo de colaboradores de la revista À l’index. La forma habitual de su escritura poética han sido las plaquettes o cuadernos, recogidos más tarde en volúmenes que sintetizan una época; así lo hizo en primer lugar la solitude du tournesol (1998), que se tradujo al castellano como la palabra de un hombre (Icaria, 1999), edición de Miguel Casado. El presente libro, El fuego hace su trabajo, viene a ser el segundo de esos volúmenes y reúne cuadernos publicados en francés entre 2000 y 2011. La presentación tendrá lugar hoy viernes en Valladolid a las 20:00 h. en la Fundación Segundo y Santiago Montes ( Nuñez de Arce, nº 9) y el próximo lunes en Madrid a las 19:30 h. en el Centro de Arte Moderno  (Galileo, nº 52) con la presencia en ambos casos del autor y del traductor.


El fuego hace su trabajo

[Selección de poemas realizada por El Cuaderno]

•••

Un homme, le soir, les mains
dans les poches, de plus en plus seul
au fur et à mesure que la pluie tombe
chaque fois plus fort le long des rues
à froid, de sa fenêtre se console
des feuilles qui tiennent bon
les yeux fermés, des branches noires
dans le ciel blanc.

Un hombre, de noche, con las manos
en los bolsillos, cada vez más solo
a medida que la lluvia cae
cada vez más fuerte por las calles
en frío, en su ventana le consuelan
las hojas que se mantienen firmes
con los ojos cerrados, ramas negras
en el cielo blanco.



Les traits blancs défilent de chaque côté
de la route, la nuit.
Quelqu’un parle. D’autres regardent
à travers la buée, les docks
la ville, dans leur gelée orange
poisseuse, la voix continue.
Le silence aura le dernier mot.

Los trazos blancos desfilan a cada lado
de la carretera, de noche.
Alguien habla. Otros miran
a través del vaho, los muelles
la ciudad, en su gelatina naranja
pegajosa, la voz continúa.
El silencio tendrá la última palabra.



On a tué novembre.
Il fait encore jour.
La lumière bleue cendre et rose ne tient qu’à un fil.
Cette femme qui passe en manteau
est pharmacienne. Il lui arrive d’aller au cinéma
et même de pleurer. Quelque chose
de bon et de têtu semble résister comme on marche
au devant du froid.

Matamos ya noviembre. Aún es de día.
Azul ceniza y rosa la luz cuelga de un hilo.
Esa mujer que pasa con un abrigo
es farmacéutica. A veces va al cine
e incluso llora. Algo bueno
y testarudo parece resistir como se anda
para hacer frente al frío.



Douceur hors de saison.
Un ciré fouille dans une poubelle. Des enfants
passent en riant sous un grand parapluie noir.
Tout semble toujours possible du funiculaire.
Un goéland sur la brique d’une cheminée.
Quand on redescend, cette impression
se détache comme une décalcomanie
de la fatigue.

Dulzura fuera de estación.
Un impermeable hurga en la basura. Unos niños
pasan riendo bajo un gran paraguas negro.
Siempre todo parece posible desde el funicular.
Una gaviota sobre el ladrillo de una chimenea.
Cuando se vuelve a bajar, esta impresión
se despega como una calcomanía
del cansancio.



Le vent de la mer nettoie la maison.
Il faut voir filer les feuilles, crier
les goélands, la pluie
invisible touche le sol
et vous tendez la main
pour y croire.

El viento del mar limpia la casa.
Hay que ver volar las hojas, gritar
a las gaviotas, la lluvia
invisible toca el suelo
y tiendes la mano para creer en ello.



La passion des visages

Emmanuel Malherbet

Un seul chien, un chien seul
aboie et la ville semble plus humaine.
Les arbres étirent leurs branches noires
vers quelque chose
de l’ordre de ce bleu livide
du ciel qui tourne
avec nous
l’hiver change d’humeur.

La pasión de los rostros
Emmanuel Malherbet

Solo un perro, un perro solo
ladra y la ciudad parece más humana.
Los árboles estiran sus ramas negras
hacia algo
del orden de este azul lívido
del cielo que gira
con nosotros
el invierno cambia de humor.



Après-midi d’été dans une chambre. À la fenêtre ouverte un vieux drap bleu foncé, datant des années de plomb, en guise de rideau, accroché à deux clous. La lumière le décolore. Le vent l’habite. De bas en haut, de haut en bas. Les goélands ne sont que des ombres dont les cris fondent dans la rumeur de la ville. De temps en temps, juste quelques secondes, des briques rouges, des briques jaunes. Puis il se déploie de nouveau comme un poumon sur sa paroi, contre le vide, et fait de l’ombre à l’intérieur. Aussi loin que je me souvienne, je suis près de toi. Je vois à travers les gens. Une mouette dîne d’un pigeon sur le trottoir. Il ne reste rien. Une fenêtre parmi des murs et toujours le vertige. L’arbre le plus jeune de l’avenue, qu’il a fallu replanter, paraît-il, quelques jours après ma naissance.

Tarde de verano en una habitación. En la ventana abierta una vieja sábana azul oscura, de aquellos años de plomo, a guisa de cortina, colgada con dos clavos. La luz la destiñe. El viento la habita. De abajo arriba, de arriba abajo. Las gaviotas solo son sombras cuyos gritos se disuelven en el rumor de la ciudad. De vez en cuando, por unos segundos, ladrillos rojos, amarillos. Luego se despliega de nuevo como un pulmón sobre su tabique, contra el vacío, y da sombra dentro. Tan atrás como recuerdo, estoy cerca de ti. Veo, al trasluz, la gente. Una gaviota cena paloma en la acera. No queda nada. Una ventana entre paredes y el vértigo siempre. El árbol más joven de la avenida fue necesario replantarlo, parece, unos días después de que yo naciera.



Dimanche

Alejandro Vicente Gijón…

Personne n’y est pour personne.
Les chiens suivent leurs maîtres.
Les hommes, leurs femmes.
Personne ne suit, on bâille, on s’égare
comme ce camion de volailles en pleine fête foraine.
Le téléphone sonne, longtemps.
Est-ce un cri ou une plainte ?
C’est le silence. Alors
on devine seulement la voix, la langue, le paysage.
On laisse brûler, couler, se consumer
la lumière
pour la retenir plus tard, les yeux béants
buvant la nuit jusqu’à la lie.

Domingo
Alejandro Vicente Gijón…

Nadie está para nadie.
Los perros siguen a sus amos.
Los hombres, a sus mujeres.
Nadie sigue, bostezan, se pierden
como ese camión avícola en plena feria.
El teléfono suena, mucho tiempo.
¿Es un grito o una queja?
Silencio. Entonces
se adivina solo la voz, la lengua, el paisaje.
Se deja arder, fluir, consumirse
la luz
para retenerla más tarde, con los ojos abiertos
bebiendo la noche hasta los posos.



When the music is over
Lulu

J’aime cette vieille maison à la dérive, elle fait
corps avec moi, sans volets ni rideaux.
Elle ne m’appartient pas
plus que je ne lui appartiens. Voix, visages
en poussière y brûlent. Et parfois même
y passe une toute jeune femme.
Parler, un peu de vin
à la santé des coléoptères, lever
un store, régler une montre, voir
d’un peu plus près à quoi s’en tenir et tenir
autant de la présence que de l’évanouissement.
Comme à l’heure de rejoindre la grande nuit et ses lutins
quand on savait sourire
à la petite passagère aux yeux grands ouverts.


When the music is over
Lulu

Me gusta esta vieja casa a la deriva, forma
cuerpo conmigo, sin persianas ni cortinas.
No me pertenece
más que yo le pertenezco. Voces, rostros
reducidos a polvo arden en ella. Incluso a veces
pasa por ahí una mujer muy joven.
Hablar, un poco de vino
a la salud de los coleópteros, subir
un estor, poner el reloj, ver
un poco más de cerca a qué atenerse y atender
tanto a la presencia como al desvanecimiento.
Como a la hora de unirse a la gran noche y a sus duendes
cuando uno sabía sonreír
a la pequeña pasajera de grandes ojos abiertos.



Petit conte d’ hiber

Antoine Mouze

Le mendiant a un fil à la patte
et la main d’un enfant
dans sa poche, à la recherche
d’une belle
bille transparente, il n’y a pas de secret
pour lui sous son chapeau il
le soulève pour saluer et cueillir la neige
et les sapins sur leur passage
perdent leurs mandarines et les doigts
en gardent la peau et le parfum
dans sa poche, une main d’enfant
cherche la belle
bille transparente où il neige à volonté.

Breve cuento de invierno
Antoine Mouze

El mendigo lleva un hilo en la pata
y la mano de un niño
en el bolsillo, en busca
de una bella
bola transparente, no hay secreto
para él bajo su sombrero
lo levanta para saludar y recoger la nieve
y los abetos a su paso
pierden sus mandarinas y los dedos
conservan su piel y su olor
en el bolsillo, una mano de niño
busca la bella
bola transparente donde nieva cuando se quiere.







Miguel Casado es poeta y crítico. Como traductor se ha ocupado de Paul Verlaine, Arthur Rimbaud, Francis Ponge o Bernard Noël. Fue él ya quien tradujo La palabra de un hombre, así como los poemas del número monográfico que la revista Los Infolios dedicó a Roberto San Geroteo (1997).


El fuego hace su trabajo
Roberto San Geroteo
Traducción de Miguel Casado
Amargord, 2017
217 pp.; 14,00 €

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