Poéticas

Crónica de las aves de paso

Carlos Alcorta reseña 'Crónica de las aves de paso', del poeta gallego Pablo Fidalgo, accésit del Premio Adonais 2017 y publicado recientemente por Rialp.

Pablo Fidalgo Lareo: Crónica de las aves de paso

/una reseña de Carlos Alcorta/

[Foto de portada: Modica (Sicilia), ciudad natal de Salvatore Quasimodo]

Pablo Fidalgo (© A. Area)

La poesía de Pablo Fidalgo ha sido fiel desde su primer libro publicado, el sorprendente La educación física, a unos pocos temas que han servido, sin embargo, de eje argumental para desarrollar su pensamiento —un pensamiento crítico—, su adscripción ideológica, su forma, en definitiva, de estar en el mundo. En primer lugar, nos encontramos con la memoria, una memoria capaz de rastrear sucesos en los recodos de la historia, de la intrahistoria, con el ánimo de dar a voz a los silenciados, a quienes no pudieron articular palabra alguna para defenderse. En segundo lugar, su adscripción ideológica (sí, estoy hablando deliberadamente de ideología política para reseñar un libro de poemas), muy determinada por las indagaciones de carácter histórico que ha realizado, primordialmente en sus perfomances (O O estado salvaxe: Espanha 1939 o Habrás de ir a la guerra que empieza hoy) pero también en sus libros de poemas (Fidalgo Lareo compagina la actividad teatral —tanto en la labor creativa como en la función gestora— con la creación poética, hasta el punto de que no siempre es fácil desligar la una de la otra). El tercero de esos temas primordiales se refiere a la familia, a sus padres y abuelos. Un libro como Mis padres: Romeo y Julieta basta para confirmarlo, aunque su presencia se extiende a otros volúmenes. El último eje argumental que nos parece de indudable interés es el del viaje, muy presente, como se ve por el título, en su más reciente libro: Crónica de las aves de paso. Este estar de paso quizás sea la forma —muchas veces involuntaria— de estar en el mundo de la juventud actual.

De una forma más o menos perceptible, todos estos temas aparecen ahora de nuevo, aunque algunos hayan pasado, más que a un segundo, casi a un tercer plano, como el de la memoria histórica (sigue, no obstante, presente: «Nos escondemos del pasado/ pero el pasado está demasiado cerca») y otros, como el del compromiso ideológico, se desmarquen ahora de una visión personal («Durante un tiempo lo único que el mundo quiso de mí/ era que yo mostrase mi intimidad/ y yo obedecí sin saber por qué») y avancen hacia la denuncia de carácter colectivo, como podemos comprobar en estos versos finales del poema «Mediterráneos»: «Este es nuestro mar, se está perdiendo,/ se está secando,/ se está llenando de una muerte/ que ya no nos da vida, que ya no tiene épica./ Este fue nuestro mar: háblale ahora o calla para siempre».

El lenguaje descriptivo que Fidalgo Lareo utiliza no es, en su caso, subsidiario de consigna alguna. Lejos del panfleto, sus poemas ahondan en la realidad sin necesidad de tomar partido, solo es preciso estar a atento y extraer de un simple hecho que podríamos calificar de anecdótico sino encerrara tanto odio, las necesarias consecuencias, como ocurre en el poema «Capo Vaticano. Diario», que nos pregunta: «¿De verdad quieres saber qué pensamos de nuestra juventud que avanza al lado de la suya». Podemos encuadrar una gran parte de este no demasiado extenso libro dentro de esa poética del compromiso tan actual y que, desde mi punto de vista, solo tiene en común con la llamada poesía social de mediados de siglo pasado, la denuncia de la injustica: los métodos y las formas, como no podía ser de otra forma, se han perfilado con un lenguaje más esmerado y sutil que trata al lector como un cómplice, no como un correligionario: «Nos construimos juntos/ y sabemos que lo difícil no es llegar a acuerdos/ sino a verdaderos desacuerdos/ que iluminen a los que vengan detrás/ cuando ellos ya no estén».

El argumento familiar sigue estando muy presente. Las relaciones paternofiliales, siempre conflictivas, tampoco se exponen directamente. El simbolismo, el propio título del libro es la mejor prueba, esta muy presente en estos poemas, quizá más que en ningún otro de sus libros y el poema titulado «El padre» es un claro testimonio de este conocimiento que adquiere por contigüidades semánticas, no por certidumbres. Las aves, los pájaros, el vuelo mismo, además de libertad, ejemplifican bien esa capacidad de transformación interior que suponen las migraciones. Cambiar de hábitat invita a ser otro, resulta propicio para desprenderse de las rémoras de un pasado que puede llegar a resultar asfixiante y es que «Desplegar las alas es recoger el mundo,/ el mapa que te dieron./ Desplegar las alas es ser fiel a una posibilidad/ que siempre estuvo allí». El vuelo, como escribiera Jenaro Talens, excede el ala, de igual manera que la preparación, la intención del viaje supera al viaje mismo. Crónica de las aves de paso nos muestra a un Fidalgo Lareo en tránsito hacia una más universal herencia de conocimiento que da una consolidada intensidad emocional a unos poemas que, por otra parte, han demostrado con creces su riqueza compositiva y que nos encontramos ante unos de los poetas imprescindibles de las última hornadas, por más que los antólogos al uso se empeñen en ignorarlo. Poemas como «Tríptico de Módica», «Paolo Orsi» o «Lecciones de tinieblas» (que nos recuerdan tanto a Valente como a la música de François Couperin), así parecen anunciarlo.


Selección de poemas

Nostalghia

Lo único que amo del Atlántico son los pájaros
que se pueden ir en cualquier momento
a Sicilia, al Mediterráneo
y allí comenzar el viaje interior.
Los únicos que me acompañarían
y sabrían compartir
tanto espacio sin quejarse.

Pájaros del Atlántico.
El segundo día les digo:
veo que todavía estáis aquí,
¿nadie trató de llevaros a otro sitio
o de poneros a salvo?
¿Nadie os pidió que cerrarais los ojos?
¿Cuánto tardaréis en llegar al mar en el que nací?
Estoy aquí, viendo los dibujos en el aire,
¿son letras lo que hacéis?  

Esos pájaros, ¿me conocen?
Su vuelo, ¿sobre qué escribe?
¿Cómo pueden ocurrir en un mismo día
tantas cosas diferentes
y ese ansia de registrar cada una
incluso antes de que me sucedan?
Escribimos sobre las nubes
como una excepción en nuestra vida solar.
Todos tratamos de sobrevivir en el único paisaje
que consideramos nuestra historia.

Observa cómo el viento nos habla,
déjalo vivir.
Veo que aún seguís aquí
devorando algo en el mar,
sacando sangre,
pensando en la partida.

¿Sabéis cuánto aire tengo que sostener
para volverme invisible,
para que no me cacen?

El segundo viaje

Mientras mi madre me decía que estaba
perdiéndome la mejor parte de mi vida
¿no se la estaba perdiendo ella?
Cuando decía que viajes como el mío
sólo se hacen una vez en la vida
yo sonreía y pensaba si tú supieras
Recuerda el viaje que ella hizo a mi edad,
cómo no se dio prisa en volver al lugar del amor
pero yo sí.

Cuando vuelves del primer viaje
es el momento decisivo.
Al volver del viaje te contarán una historia
para que no te vayas nunca más, y lo lograrán.
Cada uno de nosotros representa una forma
de entender la juventud y el daño.
Por eso yo recordé todo, llevé dos diarios,
no perdí ni una sola palabra,
no lo conté al llegar a casa,
no lo compartí, no lo convertí en leyenda.
Quise igualarlo y superarlo
porque primero estaba educándome
y sólo después excitándome, sólo después haciendo justicia.

Cuando vuelves del primer viaje
todo el mundo cree ocupar ya otro lugar.
Si tú no te encargas de moverlos,
ahí se quedarán para siempre.
Si volvieras ahora de aquel viaje
no te mostrarías tan agradecida, guardarías el secreto.
Diles, si aún estás a tiempo, que no merecen saber dónde has estado
porque harán que todo forme parte de la casa,
exactamente lo que tú no quieres.
Sabes que en una vida se puede morir dos veces
por eso yo haré por lo menos dos viajes
para que puedas elegir cómo recordarme.

Tenías razón. Sólo había que cambiar una palabra de lugar.
Después de tanto tiempo en el lenguaje
comprendo lo que querías decir.
Sé que hablarte así es un viaje
que sólo se hace una vez en la vida.

Mi padre

Mi padre no era un pescador
si lo hubiera sido yo tendría otra forma
de enfrentarme al miedo.
Mi padre no tenía una cámara
para demostrar que estuvo donde había estado.
No se encargó de su época.

Yo vivo junto al mar
como el pescador vive en la playa.
Cuando me ven al final de la tarde
no imaginan cuánta sangre dejé en el mar.
Sólo tú sabes lo que es tener una barca
preparada ante la casa
para escapar en plena noche.

Mi padre no tenía una torre
desde la que poder mirar al enemigo
ni una torre como enemigo a quien destruir.
Mi padre no fue un jefe de estado.
No fue épico en su trabajo.
No ayudó a nadie a escapar.

Mi padre no fue un diplomático.
No fue un experto en aves.
Mi padre no fue un cartero.
Mi padre no fue un jefe de estación
pero yo estoy preparado
por si se convirtiera en uno,
por si hubiera que mudarse
donde los viajes de los demás lo necesiten.

Mi padre no era de esta vida
pero hubiese querido ver
a qué vida pertenecía
o cómo hablaba con la muerte
pero ni siquiera eso permitió.

Mi padre arrojó piedras a los pájaros
y los pájaros se las devolvieron
y desde entonces no sabe dónde está.

Quasimodo

El viento que salió a mi encuentro
Era solo viento
Trabajo en la madrugada
Cuando vuelvo al hotel
Cuando ese viento me haya movido, agitado y agredido
Lo suficiente
Créeme que lo sabrás

Si ese viento es la historia
Espero estar a la altura
O por lo menos nombrarlo
Por lo menos sentirlo
En el lugar de los demás

En las horas libres aprendías griego
Para saber qué voces, qué lenguas se habían oído
En los teatros de su infancia
Y ese fue el gesto

De momento, en tus estaciones
Veo a los chicos africanos
Si les dan la oportunidad de vivir en un vagón
De aprender griego e italiano
Un día serán como tú
Quizá un día se vayan y vuelvan la isla
Para devolver todo aquello que la isla les dio

Y el viento que sale a su encuentro
Aún no entiende nada

Iosif Brodsky

Desde el tren de Termini a Palermo
vi dos jóvenes desnudos bañándose en la playa.
Yo, leía a Brodski
entre dos océanos, entre dos formas de vida.

Para él la vida era una sola cosa:
el olor de sus algas heladas.
Nosotros escondidos visitamos San Michele
y dejamos un ramo de algas recién cortadas
sobre la tumba.

Así fue la infancia. Cuando entraba en el mar
yo me enredaba entre las algas.
No veía el fondo, pero aún confiaba.
Sólo bañándome entre las algas
podía entrar en calor.

Siempre he avanzado entre algas.
Por eso ahora he buscado este mar sencillo, sin furia,
donde nadie imagina
que los que se bañan desnudos
somos tú y yo.

El vuelo excede al día

Aprendimos a diferenciar una lluvia de otra,
una mirada de otra.
Nos ata lo mismo: el miedo a morir de frío.
Algunos se quedan en el nido y se resignan,
otros vuelan hacia dentro.

En nuestra geografía no es costumbre salvarse.
Como siempre te cuestionaron
sabes que siempre se puede hacer algo,
siempre se puede defender más allá.

No puedo ver a quien se recoge
sino a quien despliega sus alas.
No será fácil ser útiles en un mundo así
ni será fácil desaparecer.

¿Qué hacemos ahora?
Mostramos lo que amamos sin entregarnos
diciendo que aún puede ser nuestro.
Entraremos en el charco
y alguien nadará hasta nosotros.

Desplegar las alas es recoger el mundo,
el mapa que te dieron.
Desplegar las alas es ser fiel a una posibilidad
que siempre estuvo ahí.


 

Crónica de las aves de paso
Pablo Fidalgo Lareo
Rialp, 2018
52 páginas
9,50€


Carlos Alcorta (Torrelavega [Cantabria], 1959) es poeta y crítico. Ha publicado, entre otros, los libros Condiciones de vida (1992), Cuestiones personales (1997), Compás de espera (2001), Trama (2003), Corriente subterránea (2003), Sutura (2007), Sol de resurrección (2009), Vistas y panoramas (2013) y la antología Ejes cardinales: poemas escogidos, 1997-2012 (2014). Ha sido galardonado con premios como el Ángel González o Hermanos Argensola, así como el accésit del premio Fray Luis de León o el del premio Ciudad de Salamanca. Ejerce la crítica literaria y artística en diferentes revistas, como Clarín, Arte y Parte, Turia, Paraíso o Vallejo&Co. Ha colaborado con textos para catálogos de artistas como Juan Manuel Puente, Marcelo Fuentes, Rafael Cidoncha o Chema Madoz. Actualmente es corresponsable de las actividades del Aula Poética José Luis Hidalgo y de las Veladas Poéticas de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander. Mantiene un blog de traducción y crítica: carlosalcorta.wordpress.com.

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