Arte

El Museo de Bellas Artes de Asturias: un ejemplo de rigor

Roser Calaf responde a un artículo de Joan Santacana en esta misma revista sobre los déficits de los museos revelados por la pandemia defendiendo el museo asturiano como un ejemplo a seguir.

/ por Roser Calaf /

Tras la lectura del artículo de Joan Santacana «Museos y archivos durante el sueño de Jacob», he creído oportuno exponer mi visión y contestar a algunos de sus argumentos; una visión que proviene de mi experiencia y el contacto con pequeños y medianos museos (en términos de posibilidades de gestión, en especial de los públicos).

Creo necesario destacar algunas de las actuaciones que es de justicia comentar y me gustaría ejemplificar con el caso del Museo de Bellas Artes de Asturias. ¿Qué ha hecho y hace el museo a nivel de gestión de fondos, exposiciones, atención a públicos y captación de nuevas audiencias? De inicio, encontramos respuestas positivas: hay un incremento de la colección con documentación y conservación de la misma, hay movilidad de las obras en el discurso expositivo permanente, las obras que llegan prestadas de otros museos se ubican en las salas donde encuentran mejor acompañamiento, se promueven exposiciones en colaboración con otros museos y se realizan exposiciones que tratan de situar el arte más reciente con artistas con recorrido que encuentran en el museo la oportunidad de que sus obras sean contempladas. 

El Museo de Bellas Artes, durante el posconfinamiento, ha sido un claro ejemplo de que, si se quiere, se puede, y desde luego no duerme. La llegada de la pandemia significó cierre total. Después, la apertura con límites supuso la primera oportunidad de conseguir cultura en directo (siguiendo todos los protocolos de seguridad), sin olvidar que la nula presencia de escolares fue una realidad. La falta de audacia apuntada por Santacana, basada en la ausencia de actuaciones donde la digitalización es la pauta, no puede ser aplicable a todos los museos; y no deberíamos considerar menos audaces a aquellos que se han movido dentro de las posibilidades que ofrece su capacidad de gestión. Sobre todo si, como es el caso, han hecho un esfuerzo por buscar nuevos públicos y han realizado honestamente su actividad propia (conservar y documentar la colección, aumentarla y difundir su legado patrimonial).

La estrategia seguida por el Museo de Bellas Artes ha buscado atraer al público local con un programa de actividades variado y publicitar las exposiciones en prensa y medios de comunicación. Ha sido importante el apoyo de la Asociación de Amigos del Museo, que semanalmente contacta con sus socios e informa de las actividades: publican textos enviados por amigos y personas cercanas al museo; recientemente han activado un concurso para el programa familia, reclamando a esta audiencia interactividad y proponiendo el envío de animaciones, memes, historias propias, dibujos… Asimismo, desde el ámbito de la comunicación, el museo ofrece visitas guiadas seguras, amén de otras actividades, como ciclos de cine asociados a cuadros de la colección o conferencias vinculadas a la actividad expositiva (con aforo limitado) que son grabadas y subidas a YouTube.

Si nos centramos en las exposiciones temporales, destaco tres que he visitado más de una vez y de las que he seguido las conferencias y la lectura de los catálogos correspondientes. Estos actos permiten afirmar que desprende rigor en el ejercicio de gestión. Saber compartir con otros museos exposiciones itinerantes y participar en proyectos de ejecución es un ejemplo de fortaleza. El aumento de la colección se hace visible con una exposición excepcional titulada 33 obras maestras del arte español. La donación de Plácido Arango Arias al Museo de BBAA de Asturias (12 de febrero a 25 de abril de 2021) que significa la fortaleza más potente. También merece ser destacada la exposición del artista vivo asturiano Bernardo Sanjurjo, cuyo planteamiento se centra en romper con la retrospectiva al uso y exponer las pinturas de casi dos décadas del s. XXI, dialogando con 7 obras anteriores que permiten entender ecos de estas en las más actuales. Es un discurso expositivo de «escalera de caracol», en palabras de su comisario Óscar Alonso Molina en la conferencia Bernardo Sanjurjo: el cuerpo cierto de la pintura (15 de marzo de 2021).

Deseo dedicar más argumentos a la exposición cuya visibilidad se vio más afectada por la pandemia durante el cierre inicial y la posterior reapertura: El diablo tal vez (17 de septiembre a 13 de diciembre de 2020), cuya comisaria, María Bolaños (directora del Museo Nacional de Escultura de Valladolid), creó el concepto de la exposición desde un propósito del presente —conocer la obra de Antoine Rogiers (2011)— conducido hacia el pasado, tal como reveló en su conferencia El arte de la tentación. La exposición situaba en lugar preferente el cuadro —Las tentaciones de San Antonio, de Jan Brueghel de Velours— y conseguía «enhebrar obras y escenas, técnicas y estéticas, el pasado y el presente en torno a un núcleo protagonizado por la familia Brueghel» (catálogo de la exposición, 2020). En Asturias fue ejemplo de buen hacer por las soluciones para distribuir las obras en espacios complejos. Los dibujos expuestos en paredes perimetrales del patio orientaban comprender la animación. Eran las historias de la instalación Los siete pecados capitales, de Antoine Rogiers, desde un video con siete pantallas simultáneas. En los filmes aparecen los personajes de grabados como La desidia o La soberbia, de Pieter Brueghel el Viejo (reproducción de estampas cedidas por Biblioteca Nacional de España). Estampas que cobraban vida y permitían comprender la historia que enceraban gracias a las cartelas, y conversaban con la actualidad desde la instalación. La exposición fue obra de un trabajo colaborativo entre el Museo Nacional de Escultura (Valladolid), el Museo San Telmo (Donostia-San Sebastián) y el Museo de Bellas Artes de Asturias.

Por estas razones, puede decirse la pandemia no ha dejado un periodo de sueño de Jacob en el museo que hemos usado como ejemplo; que tiene un proyecto de gestión que, en medio de una pandemia, ha seguido buscando complicidad con sus públicos con el rigor como objetivo. Expreso, eso sí, mi adhesión a las tesis de Santacana relativas a la necesidad de extender la digitalización: esta ha llegado y hay que estar ahí.


Roser Calaf Masachs es catedrática de la Universidad de Oviedo (emérita honorífica desde 2020). Fue profesora de la de Barcelona (1986-2002). Su línea de investigación es educación y patrimonio. Dirigió el Grupo MIRAR en Oferta Tecnológica de la Universidad de Oviedo (2000-2006), con proyectos como Red para poner en valor educativo el patrimonio cultural y natural de Asturias o Evaluación cualitativa de programas educativos de museos de España, en el que participaron 13 museos. Pertenece al ICOM/ CECA (Comité de Educación desde 2007). Sus publicaciones superan el centenar entre libros y artículos, con títulos como Didáctica del patrimonio: epistemología, metodología y estudio de casos (2009) o Acción educativa en museos: su calidad desde la evaluación cualitativa (2015).

3 comments on “El Museo de Bellas Artes de Asturias: un ejemplo de rigor

  1. Consuelo Sánchez Aparicio

    Muy interesante.

  2. Un artículo tan interesante como oportuno.Conviene resaltar las buenas iniciativas (ahora más que nunca) por no desanimarse ante la adversidad.Felicitamos a la autora por su buen criterio y saber hacer.

    • Maria Caridad Bestard González

      Información muy importante, necesaria, en estos tiempos. Felicidades!!!

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