/ una reseña de Alison Posey /
El año pasado, el joven novelista Mohamed Mbougar Sarr, primer ganador de ascendencia senegalesa del Premio Goncourt, pronunció un discurso en la Universidad de Duke sobre los límites de la llamada «literatura global». En Occidente, apuntó Sarr, la literatura se considera puramente escrita y leída. Esta concepción descarta la oralidad como forma válida de contar y compartir historias, a la vez que circunscribe la supuesta «globalidad» de la literatura a las tradiciones europeas. «¿Acaso no eran los cuentos que me narraba mi madre una forma de literatura?», se preguntó Sarr. Para la autora beninesa-española Agnès Agboton, la respuesta a Sarr no puede ser otra que un rotundo sí. En su autobiografía, Más allá del mar de arena —publicada en 2005 por Lumen y nuevamente en 2018 como parte de la Biblioteca Hispanoafricana Verbum—, Agboton reivindica «los valores de la Palabra», subrayando la riqueza e historia de las tradiciones orales africanas ignoradas en Occidente.
Agboton nació en 1960 en Porto Novo, la capital de Benín, el pequeño país de África occidental al norte del Golfo de Guinea. Su nacimiento coincidió con el fin de la ocupación colonial francesa; los franceses habían gobernado la entonces colonia de Dahomey desde 1894. A finales del siglo XIX, Benín se convirtió en una fuente lucrativa de aceite de palma y materias primas para los europeos, incluidos los portugueses, quienes dieron a Porto Novo su nombre actual. A raíz de la colonización francesa, explica Agboton, surgió un mal más allá de los «grandes expoliadores de África», los colonialistas y los traficantes de esclavos. «Fueron los misioneros», recalca, «porque colonizaban las consciencias». Por eso su autobiografía no solo defiende la tradición oral africana, sino también la preservación de culturas, identidades e historias beninesas ante la toma europea de las consciencias.
No sorprende que Agboton se dirija a sus dos hijos, Dídac y Axel, fruto de su matrimonio con el escritor catalán Manuel Serrat Crespo. «[L]os hijos que he tenido con mi marido, un hombre blanco», representan para su madre un crisol «donde se mezclan todos los orígenes, todas las culturas». Pese a las raíces mestizas de sus hijos, el hecho de que ambos nacieran y se criaran en Barcelona impulsa a Agboton a contarles su historia y la de su propio país de nacimiento. De ahí que las breves narraciones orales que componen Más allá del mar de arena no se limiten a Agboton, sino que adquieren un carácter universal.
Aunque los cuentos transcurren en África, la autora resalta las conexiones que surgen con el mundo narrativo europeo. «Hay muchas leyendas africanas que comienzan con un éxodo, pero también las europeas están llenas de pueblos que buscan un lugar para vivir», señala Agboton. Mediante su talento como cuentacuentos, la autora reivindica su cultura gun frente al eurocentrismo de Occidente, a la vez que nos invita a considerar que las similitudes humanas superan las diferencias.
Muchas de estas diferencias se hicieron patentes cuando, en 1978, Agboton se mudó con su marido de Costa de Marfil a Barcelona, donde se convirtieron en una «familia atípica en la Barcelona de aquel momento». Algunas las trata con humor. Nunca había visto una escalera mecánica, por lo que la de El Corte Inglés la dejó impresionada. También le asombraban las nevadas montañas catalanas, algo hasta entonces desconocido para una joven nacida en el clima húmedo de un país llano. «También es cierto que la diferencia produce desencuentros», señala la autora. «¿Cuántas veces nos habéis oído discutir por culpa del clima? Manuel suda, yo tiemblo de frío, y nuestra cama parece un campo de batalla lleno de mantas a medio poner». Pero el humor no resta importancia al coraje de Agboton, quien, con solo dieciocho años y a punto de dar a luz, decidió abandonar su tierra natal e ir a vivir con su marido a España, un país desconocido para ella.
Joven e ingenua, Agboton pronto se vio obligada a resistir la absorción de la cultura gun por las culturas catalana y española. Su libro enfatiza la distinción entre asimilación e integración. La autora percibe la primera como una muerte de su cultura nativa. Por el contrario, ella se ve como una mujer integrada porque «recibo y porque doy; porque acepto y, muchas veces, comparto los valores que prevalecen en la sociedad donde vivo; pero estoy integrada, también, porque mis propios valores, los de mi cultura de nacimiento, pueden ser aceptados y compartidos, pueden ser conocidos». Sumar la riqueza beninesa de la lengua gun y el plato Man n’sonu (salsa de verduras con cangrejos) al mundo barcelonés enriquece ambas culturas.
Así, Agboton demuestra que la integración es un proceso bidireccional de influencia mutua. La autora se licenció en filología hispánica en la Universidad de Barcelona y desde entonces ha publicado once obras en castellano y catalán. Destacan sus poemarios multilingües, sus libros de cuentos africanos y sus libros de cocina. El mencionado matiz entre asimilación e integración da valor a la lectura de su obra en 2024. Al igual que Sarr, Agboton es un vivo ejemplo de cómo la integración de culturas y creencias distintas (tan diferentes como la gun beninesa y la barcelonesa) producirá un mundo mejor para todos. En definitiva, el mérito de su autobiografía reside en su habilidad de crear puentes sobre las divisiones artificiales que nos separan, sean estas geográficas, culturales, lingüísticas o de otro tipo.
Fotografía de portada de Loic Pinseel

Agnès Agboton
Verbum, 2018
130 páginas
21,99 €
Alison Posey es investigadora postdoctoral en filología afrohispánica y peninsular en la Universidad de Duke, Carolina del Norte, Estados Unidos. Recibió su doctorado en la filología hispánica en 2021 de la Universidad de Virginia.
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