Escuchar y no callar

Dolor

Un artículo de Miguel de la Guardia sobre un sentimiento que crece a medida que envejecemos, y que no se refiere solo, ni principalmente, a las molestias físicas.

/ Escuchar y no callar / Miguel de la Guardia /

Cuando visito al médico siempre me siento incómodo cuando me pregunta dónde me duele, pues, afortunadamente, todavía no tengo demasiadas complicaciones y, lo más importante, no me gusta utilizar el término dolor para describir una molestia física. Reservo esta palabra para los hechos y las cosas importantes, como la pérdida de un ser querido o el diagnóstico de una enfermedad grave. Así pues, me dejarán que hable más de sentimientos que de molestias.

El paso de los años y la llegada de la vejez tienen aparejadas molestias en músculos y ligamentos de cuya existencia no fuimos conscientes en el pasado y, aunque tratemos de llevar una vida activa y alejada de excesos, es inevitable recurrir a la ayuda médica en más ocasiones que años atrás. En mi caso, tengo la suerte de contar con un gabinete de salud en el campus universitario y con buenas amigas médicos en las que delego, agradecido, mi cuidado. Hace un par de meses, al acudir al gabinete por una molestia en el brazo izquierdo que comenzara al despertarme un día y permanecía dos días después, me sorprendí porque me hicieron un electro y, debido a mis antecedentes familiares y personales, me recomendaron ir a urgencias hospitalarias, no admitiendo como excusa que debía viajar el lunes y era viernes, con el argumento inapelable de que urgencia quería decir, también, inmediatamente. Lo cierto es que todo se resolvió bien y un nuevo electro y los análisis pertinentes demostraron que probablemente fuera un problema muscular por una mala postura nocturna. Quedó la anécdota de la pregunta formulada por la joven cardióloga que me atendió en el hospital sobre si había sentido la inminencia de la muerte. A lo que respondí que si estaba leyendo una novela negra de ese título, debiendo aclararme que a este tema se refieren los textos de cardiología para describir el infarto de miocardio. Sirva pues esta anécdota para limitar la importancia de las molestias y dejar el dolor en el ámbito que le corresponde, no renunciando a un estilo de vida sano, pero limitando nuestras preocupaciones sobre la salud en la vida diaria.

El verdadero dolor es el que nos asalta cuando vemos sufrir a alguien a quien queremos, cuando comprobamos los problemas de nuestros seres queridos o el sufrimiento ajeno en general sin poder hacer nada para evitarlo. Lo inapelable es cuando debemos aceptar la muerte de alguien imprescindible para nosotros. Durante estos años he perdido a mis padres, a mis abuelos maternos, a mi adorada abuela Mamá Julia, a la que me unía una relación especial, a mi suegro Gonzalo Anaya, a quien sentí más próximo que lo establecido por una relación legal, también a amigos muy queridos como Carlos Romeu, que fuera alumno mío en el programa Nau Gran de la universidad, o José Antonio Vidal, amigo e intelectual compulsivo, con el que compartí muchas lecturas y momentos vitales y a otros de los que siempre recuerdo en gestos nimios como preparar el café de la mañana o lamentar la pérdida de un botón en mis camisas. Muchas veces me sorprendo preguntándome qué habrá sido de algunos profesores que influyeron definitivamente en mi formación y de los que no sé si vivirán, o en Nicky, el perro que trajeron a casa mis hijas Irene y Sofía hace doce años y que ha muerto hace menos de un mes. Todos ellos siguen vivos en mi memoria y allí quedarán. Ese es el dolor a que me refiero, lo mismo que los problemas de salud de mis hijos y de mis hermanos y no a los inconvenientes de envejecer y no querer morirse.

En resumen, desde mi perspectiva, el dolor casi siempre se debe a los problemas de las personas a las que queremos, y mala cosa será que lo sintamos en nosotros mismos como una exacerbación de las molestias.


Miguel de la Guardia es catedrático de Química Analítica de la Universitat de València desde 1991. Tiene un índice H de 88 según Google Scholar y ha publicado más de 900 trabajos en revistas del Science Citation Index con más de 34.600 citas,5 patentes españolas, 4 libros sobre Green Analytical Chemistry (Elsevier, RSC y Wiley), un libro sobre Calidad del Aire (Elsevier), 2 libros sobre Análisis de Alimentos (Elsevier and Wiley) y un libro en dos volúmenes sobre Smart materials en Química Analítica (Wiley). En la actualidad está preparando un libro sobre Nuevas sustancias sicoactivas con un contrato con Elsevier. Además ha publicado 12 capítulos de libros. Ha dirigido 35 tesis doctorales y es Editor jefe de Microchemical Journal (Elsevier), miembro del consejo editorial de varias revistas y fue condecorado como Chevallier dans l’Ordre des Palmes Académiques por el Consejo de Ministros de Francia y Premio de la RSEQ (España). Entre 2008 y 2018 publicó más de 300 columnas de opinión en el diario Levante EMV y colabora con El Cuaderno desde mayo de 2021. 


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3 comments on “Dolor

  1. Vicent Yusà

    Gracias Miguel por compartir tus reflexiones sobre un tema nada baladí. El dolor, como el amor, la felicidad y otros asuntos oceánicos, no solo es inabarcable, sino que diría que tiene una naturaleza histórica, que muta con el tiempo. Desde luego tiene una dimensión que incluye al Otro, como señalas. De algún modo es una forma de reconocer que no estamos solos, que sentimos dolor por otros, y necesidad de cuidarlos.
    Saludos

  2. guillermoquintsalonso

    Amigo Miguel, hay un dolor que se caracteriza por ser insoportable y que te debilita en forma tal que la naturaleza con tal estado parece protegerte de esta forma ante un final. Espero que nunca lo sientas. Guillermo.

  3. Miguel de la Guardia

    Imagino que tú si pasaste por ese lugar y no quiero que tomes mi anécdota como una broma. En ese momento, que recuerdo siempre que voy a Blasco Ibañez, sentí dolor por el amigo amenazado. Creo que he tenido suerte de no pasar por ese trance personalmente, aún.
    Un fuerte abrazo

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