Herencia
Ahora ya sé que puedo ser mi padre
mi madre
mientras me rasgo el tórax
con la más roma de las piedras.
Compruebo
cada una de las vísceras
dispuestas sobre papel pautado; migran de sus cuerpos hasta el mío con sus imperfecciones.
Viven en mí sus deseos,
sus perfiles genéticos maltrechos, sus muchos odios repartidos,
el peso no liviano de sus nombres, que ahora son míos.
Y el amor.
Los guardianes
Íbamos a bañarnos a aquel río rodeado de álamos turbios
en el tiempo de los abuelos y los nietos
sin yo saber aún
—eso no lo sabe una niña—
lo regada que estaba esa tierra emboscada
de tu savia
no tan joven como la mía tan ingenua
pero tan osada
incapaz de ser entendida
por los guardianes
de la vacuidad asesina
Al final
Al final,
todo se reduce a no intentar escapar del laberinto;
a entender
que es quizá entre la quietud marmórea de sus paredes
donde está el refugio
que con desesperado fervor palpamos a tientas.
Que el mal no reside dentro sino fuera de él,
donde el bello Minotauro no está.

Sara Madrigal Castro (Sevilla, 1983) es profesora de instituto en la especialidad de Geografía e Historia en un centro de difícil desempeño de la ciudad de Sevilla. Además de desarrollar una actividad investigadora y divulgadora en el ámbito de la Historia Modena, he tenido el placer de publicar algunos de mis poemas en publicaciones como Caracol Nocturno, Revista Fábula, Granos de Polen, Cariátide o Cuadernos de Roldán. Recientemente fue galardonada con el XVI Premio Saigón, de la Asociación Naufragio, en la modalidad de poesía y finalista en el I Concurso Internacional Granada entre Palabras.
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