Escuchar y no callar

Envidia

Miguel de la Guardia prosigue su serie sobre los pecados capitales.

/ Escuchar y no callar / Miguel de la Guardia /

Si hay un pecado capital incomprensible para mí, ese es el de la envidia. El dicho popular de que lo que no es pecado engorda parece admitir que el pecado siempre aporta un grado de satisfacción a quien lo comete; lo que, aunque discutible, tiene algún sentido en muchos casos, pero nunca en lo tocante a la envidia. Envidiar, como tener celos, es algo que no aporta nada a quien lo hace y tampoco a quien lo sufre y es envidiado. Resulta molesto que alguien se compare con uno y maldiga no tener su suerte o no poseer algo que le pertenece, pero aún peor deben ser los pensamientos y sufrimientos del envidioso. Como ya he indicado, este tema es comparable al de los celos, pues en ambos casos todos pierden y no hay compensación alguna para ninguna de las partes.

Los españoles hemos creado la expresión de «sana envidia», de cuyo uso soy un ferviente enemigo, pues nada hay peor que envidiar. Es cierto que en el terreno profesional uno, si no es un estúpido engreído, no deja de admirar a quien lo hace mejor que él, pero en ello no debe haber ni el más ligero amago de envidia. En química analítica en España, el profesor Miguel Valcárcel, de la Universidad de Córdoba, fue ciertamente el científico más innovador en nuestro campo y un modelo para todos nosotros. Me gustaba decir que era él quien abría las puertas de las revistas internacionales para todos nosotros y los demás tratábamos de colarnos por las rendijas que él dejaba. Nunca le envidié, aunque no dejé de admirarle y mi respuesta fue proponerle como doctor honoris causa de mi universidad, aunque él nunca me favoreciera personalmente e incluso llegara a preguntarse la razón de mi propuesta. Al final, todos salimos ganando sin que mediara el menor resquicio de envidia en el tema. La Universidad de Valencia contó con un excelente profesional en su claustro y yo me di el lujo de reconocer en público su calidad.

Por otra parte, recuerdo una mañana en Cantabria en que me sentía muy a gusto en la casa de un amigo, desayunando en una galería que daba a un jardín de hortensias. Mi actitud debió resultarle tan placentera que me preguntó en qué pensaba y, sin dudarlo, le contesté que en la suerte de tenerlo de amigo y poder disfrutar de ese momento, pero nunca envidié que tuviera una casa tan acogedora y sí disfruté de ella.

Si algo nos gusta, lo natural es interesarse en ello y hacer todo lo posible para merecerlo y poder disfrutarlo, pero en ningún caso envidiar a quien posea el objeto de nuestros deseos. Entre las dos acepciones que señale el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española: «Tristeza o pesar del bien ajeno» y «Emulación, deseo de algo que no se posee», estoy más cerca de la primera, aunque eliminaría el término tristeza y, en cuanto a la segunda, opino que la emulación está fuera de lugar, puesto que envidiar no es un deseo intenso de imitar e incluso superar las acciones ajenas. Además, añadiría el calificativo de malsano al deseo de algo que no se posee.

En cuanto al antónimo de envidia, coincido con la Iglesia católica y con el DRAE en que caridad, y en el caso del último, generosidad y también magnanimidad reflejan bien las actitudes contrarias a la de envidiar, aunque me gustaría insistir en que el mejor remedio para la envidia, aunque aparezca en sus etapas más incipientes, es el esfuerzo.


Miguel de la Guardia es catedrático de Química Analítica de la Universitat de València desde 1991. Tiene un índice H de 88 según Google Scholar y ha publicado más de 900 trabajos en revistas del Science Citation Index con más de 34.600 citas,5 patentes españolas, 4 libros sobre Green Analytical Chemistry (Elsevier, RSC y Wiley), un libro sobre Calidad del Aire (Elsevier), 2 libros sobre Análisis de Alimentos (Elsevier and Wiley) y un libro en dos volúmenes sobre Smart materials en Química Analítica (Wiley). En la actualidad está preparando un libro sobre Nuevas sustancias sicoactivas con un contrato con Elsevier. Además ha publicado 12 capítulos de libros. Ha dirigido 35 tesis doctorales y es Editor jefe de Microchemical Journal (Elsevier), miembro del consejo editorial de varias revistas y fue condecorado como Chevallier dans l’Ordre des Palmes Académiques por el Consejo de Ministros de Francia y Premio de la RSEQ (España). Entre 2008 y 2018 publicó más de 300 columnas de opinión en el diario Levante EMV y colabora con El Cuaderno desde mayo de 2021. 


Descubre más desde El Cuaderno

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Acerca de El Cuaderno

Desde El Cuaderno se atiende al más amplio abanico de propuestas culturales (literatura, géneros de no ficción, artes plásticas, fotografía, música, cine, teatro, cómic), combinado la cobertura del ámbito asturiano con la del universal, tanto hispánico como de otras culturas: un planteamiento ecléctico atento a la calidad y por encima de las tendencias estéticas.

2 comments on “Envidia

  1. Envidiar es un ejercicio personal que enferma al envidioso. Me hace recordar un pasaje del libro de José Ingenieros, «El hombre mediocre» (a propósito, muy recomendable) …»Se dice de un sapo que vivía en un pantano maloliente y que observaba el paso de una luciérnaga muy cerca de la superficie del pantano; cierto día el sapo haciendo un gran esfuerzo salta para caer sobre la luciérnaga. Ésta a punto de morir sofocada pregunta «¿por qué me sofocas con tu peso? el sapo simplemente le responde: ¿por qué brillas?» Y esa es, ni más ni menos, la manifestación de la envidia. Tal como le sucedió a Edmundo Dantés en la novela de Dumas, «El conde de montecristo». Enviado 14 años a prisión por envidias de aquellos a quienes creía amigos. La envidia en la pasión pecaminosa que más se practica en la sociedad actual, y que me parece, ha prevalecido a lo largo de la historia de la humanidad. Por envidia Caín asesinó a su hermano Abel, primer crimen en el Antiguo Testamento, debido a este pecado.

    • Miguel de la Guardia

      Muchas gracias por su comentario. Estamos totalmente de acuerdo sobre lo nocivo de la envidia para todos. Un fuerte abrazo y gracias por su lectura de la columna.
      miguel

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Descubre más desde El Cuaderno

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo