/ Mirar al retrovisor / Joan Santacana /
Yo parto de la base que la Administración Trump no quiere el caos en Venezuela. Quiere el control del petróleo, y que el patio trasero de casa no le resulte hostil. Esta es la base de la Doctrina Monroe. Por ello el escenario del mes de enero del año 2026 es bélico; de intervencionismo al estilo más clásico. Como el de México, Panamá, Cuba, Chile y tantos otros. Es la primera escena. Mucha gente, cándida sin duda, esperaba la entrada triunfal de María Corina Machado; Trump ya ha dicho que no será así como se desarrolle el segundo acto. La razón es que ella no controla al Ejército y no puede garantizar el apoyo popular. Su entrada en el poder significaría violencia armada, caos… Venezuela no es Iraq, ni Libia.
Un incendio en Venezuela sería un caos detrás de casa, y por eso el segundo acto tiene que estar protagonizado por quien pueda garantizar un mínimo funcionamiento administrativo, que no sean saqueados los bancos, que los ministerios—especialmente el del Petróleo— siga funcionando… Sobre todo, el sucesor de Maduro tiene que ser alguien capaz de dialogar con las fuerzas armadas, contener a las masas y controlar la Administración, y nada de esto puede ofrecer el sector de apoyo a María Corina. Para este segundo acto de la tragedia venezolana se requiere alguien próximo al poder o en el corazón mismo del poder, y este —o esta— tiene que proceder del sector chavista. Para los aficionados a la Historia, recuérdese que cuando el Imperio japonés se rindió en la segunda guerra mundial, los encargados del orden fueron los militares japoneses, los mismos que habían jurado obediencia al Emperador y que, lejos de ser eliminados, fueron simplemente sujetados y descabezados. Ellos siguieron controlando el territorio imperial hasta que, gradualmente, fueron sustituidos por quienes podian garantizar el orden y la continuidad. Ahora será parecido. ¿Se pactará con la vicepresidenta Delcy Rodríguez o algún alto mando militar? Puede que así sea, salvando, obviamente, las formas.
El tercer acto será dar apariencia de legalidad a todo el proceso. Hay que legitimar el golpe y blanquear a los nuevos protagonistas; para ello hay que promocionar a un candidato adicto que sea fácil de dominar y sobre todo fácil de corromper, como ocurrió en Panamá. Aquí entra el simulacro de elecciones, la «democracia». Pero estos protagonistas del tercer acto no podrán negociar nada; deberán entregar el control del país a las grandes compañías norteamericanas.
Este es el guion. Pero la tragedia, en la historia, no siempre sigue el guion trazado. Ustedes ya saben que pueden aparecer actores torpes.

Joan Santacana Mestre (Calafell, 1948) es arqueólogo, especialista en museografía y patrimonio y una referencia fundamental en el campo de la museografía didáctica e interactiva. Fue miembro fundador del grupo Historia 13-16 de investigación sobre didáctica de la historia, y su obra científica y divulgativa comprende más de seiscientas publicaciones. Entre sus trabajos como arqueólogo destacan los llevados a cabo en el yacimiento fenicio de Aldovesta y la ciudadela ibérica y el castillo de la Santa Cruz de Calafell. En el campo de la museología, es responsable de numerosos proyectos de intervención a museos, centros de interpretación, conjuntos patrimoniales y yacimientos arqueológicos. Entre ellos destaca el proyecto museológico del Museo de Historia de Cataluña, que fue considerado un ejemplo paradigmático de museología didáctica.
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Totalmente de acuerdo con tu análisis de lo ocurrido en Venezuela. Es intolerable la intromisión de Trump, pero también es comprensible la reacción de los venezolanos en el exilio que se alegran del secuestro del dictador Maduro que, recordemos, secuestró al país al no mostrar los resultados de la últimas elecciones. Lamentablemente más de ocho millones de venezolanos están fuera del país por la política de polarización llevada a cabo por el chavismo.
Ignoro si Maduro, además de robar la fortuna de Venezuela y secuestrar al país, está involucrado en el tráfico de drogas, pero lamento profundamente este final de un autócrata y temo por el futuro de un país al que una política intolerante rompió en dos y destruyó sus riquezas naturales obligando a la parte más preparada del país a salir fuera.Espero que la agresión de Trump no acabe blanqueando la imagen de la dictadura venezolana y deseo que quienes tuvieron que salir del país vuelvan para recuperarlo