/ Mirar al retrovisor / Joan Santacana /
¿Se imaginan que una persona persiga como objetivo ser martirizado? ¿Imaginan la posibilidad de que, movido por una ideología, alguien se entregue voluntario a la muerte; y una vez conseguida la condena exhorte a sus amigos a que no intercedan por él ante el tribunal, pidiendo clemencia; que, por el contrario, insista en querer morir de la forma que fuere, ya sea por la espada, por el fuego o comido por las fieras? Parece imposible, pero personajes con estas características han existido de hecho. No me refiero a aquellos que, luchando por una idea contraria al orden establecido, son descubiertos y condenados. Estos casos son ampliamente conocidos y la historia está llena de ellos, ya sean patriotas, ideólogos, mártires o soldados en el ejercicio de sus misiones. Me refiero a un tipo de personajes muy diferente, que va en busca de la muerte, que se entrega con la esperanza de ser martirizado.
El personaje que les quiero presentar es Ignacio de Antioquía, san Ignacio para la Iglesia católica. No es un santo cualquiera, sino un Padre de la Iglesia, uno de los padres apostólicos, por su cercanía cronológica a estos. He leído sus cartas: se trata de misivas, escritas en griego, dirigidas a diversas comunidades cristianas a lo largo del siglo I d. C., cuando, encadenado y custodiado por una decuria, o sea, una escolta de diez soldados del Imperio, fueconducido a Roma para ser martirizado en el circo, mediante el suplicio de las fieras.
Hay numerosos estudios históricos y lingüísticos que no dejan lugar a dudas sobre la autenticidad de las cartas. Algunas tienen interpolaciones, pero otras son auténticas e íntegras, de arriba abajo. Las cartas van dirigidas a las comunidades cristianas de Esmirna, Éfeso, Magnesia, Trales, Filadelfia y Roma. Ignacio se presenta en su correspondencia como obispo de Siria, provincia romana que tenía a Antioquía como capital. La condena a muerte, que le supone ser trasladado en un largo viaje desde Siria a Roma, en donde será ejecutado, le confiere la condición de esclavo.
En una de estas cartas, enviada a la comunidad cristiana de Roma, insiste en que no intercedan por él antes las autoridades romanas, ya que su deseo es morir en el circo. Entre otras cosas dice lo siguiente:
«De Siria hasta Roma lucho contra fieras, por tierra ya por mar, de noche y de día, esposado a diez leopardos, o sea, diez soldados, los cuales, cuando más amable me muestro, peor me tratan. Yo, contrariamente, mejoro a base de maltratos […] Ojalá pueda disfrutar de les fieras que me están preparando (en el circo). ¡Cuánto deseo hallarme frente a ellas! Incluso las provocaré para que me devoren rápidamente, no como ha ocurrido algunas veces, que ni tan siguiera los tocaron. Por lo que respecta a mí, si no me atacan, las instigaré […] Soy trigo de Dios: dejadme que sea entregado a las fieras puesto que por ellas puedo llegar a Dios soy el trigo de Dios, y soy molido por las dentellas de las fieras para que pueda ser llamado pan puro».
Ignacio afirmaba que tenía una fe inquebrantable porque había visto a Jesús después de ser crucificado, es decir, a Cristo Resucitado. En la carta a los efesios dice textualmente: «Yo también, en efecto, despues de la resurrección lo conocí en un cuerpo de carne y continúo creyendo que todavía lo tiene». Cuando uno lee estas cartas, no sabe si se halla frente a un personaje de una fortaleza sobrehumana o bien ante un fanático religioso, como cualquiera de los kamikazes de la Segunda Guerra Mundial o del Estado Islámico actual. En todo caso, estamos lejos de comprender los orígenes del pensamiento religioso en su estado embrionario.

Joan Santacana Mestre (Calafell, 1948) es arqueólogo, especialista en museografía y patrimonio y una referencia fundamental en el campo de la museografía didáctica e interactiva. Fue miembro fundador del grupo Historia 13-16 de investigación sobre didáctica de la historia, y su obra científica y divulgativa comprende más de seiscientas publicaciones. Entre sus trabajos como arqueólogo destacan los llevados a cabo en el yacimiento fenicio de Aldovesta y la ciudadela ibérica y el castillo de la Santa Cruz de Calafell. En el campo de la museología, es responsable de numerosos proyectos de intervención a museos, centros de interpretación, conjuntos patrimoniales y yacimientos arqueológicos. Entre ellos destaca el proyecto museológico del Museo de Historia de Cataluña, que fue considerado un ejemplo paradigmático de museología didáctica.

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