/ Mirar al retrovisor / Joan Santacana /
Siempre ha ocurrido que el primer y principal uso de cualquier invento importante sea la guerra o tenga relación con ella. Así fue con los submarinos, la telegrafía, Internet, el GPS, el sónar, los mandos a distancia, el microondas, las latas de conserva y la energía atómica, para citar solo algunos ejemplos. Y ahora se repite con la inteligencia artificial. La guerra —la de Irán y todas las que le seguirán— se diseñan con la IA. Los modelos de inteligencia artificial, diseñados en principio para optimizar procesos empresariales, se han convertido en una poderosa arma de guerra. Se utilizan estos modelos para evaluar e identificar objetivos a atacar, cadenas de producción, puntos débiles, simulación de escenarios de batalla, posibles reacciones de los adversarios o de las víctimas elegidas. Este uso de herramientas de IA, como las ofrecidas por Anthropic, no son herramientas auxiliares, no son experimentos que se ensayan, sino que son el nervio de la guerra.
Con estos modelos se diseñan ciberoperciones para hundir o anular las defensas del enemigo, para interferir radares, etcétera. No se trata de la clásica guerra electrónica, que ya sabemos que existe desde hace décadas; no es esto. Lo que ocurre hoy es que la inteligencia artificial generativa, que sintetiza millones de datos e informaciones, propone escenarios e hipótesis de intervención, prioriza objetivos, jerarquiza los blancos o dianas, analiza todas las posibles respuestas enemigas y, con el resultado obtenido, solo queda tomar la decisión de actuar. En resumen, la secuencia de Observar, Orientar, Decidir y Actuar (OODA) la diseña un conjunto de algoritmos que, en el fondo, son los que deciden la guerra. Pero estas secuencias y sistemas algorítmicos los proveen empresas que simplemente son utilizadas por el poder. Es tan simple como decir que es la máquina quien decide la guerra, elige al enemigo y dispara.
En este sentido, el guerrero ya no es un Rambo cualquiera; tanques, aviones, acorazados, portaviones y armas de mano solo intervienen al final, cuando ya todo parece estar decidido. Esta guerra, la actual y las guerras que le seguirán, son las que diseñarán los chabots o softwares basados en inteligencia artificial y con el uso de drones y misiles prepararán el terreno para aniquilar al enemigo. Se acabaron los rambos. Y quienes manejan las teclas son adolescentes; en el caso de Israel son alumnos de enseñanza secundaria. En estos casos, la escuela es fundamental porque, lejos de prohibir el uso de los smartphones, los utilizan para la enseñanza reglada. Así se preparan los ejércitos del futuro. ¿Aprenderemos algo de todo esto?

Joan Santacana Mestre (Calafell, 1948) es arqueólogo, especialista en museografía y patrimonio y una referencia fundamental en el campo de la museografía didáctica e interactiva. Fue miembro fundador del grupo Historia 13-16 de investigación sobre didáctica de la historia, y su obra científica y divulgativa comprende más de seiscientas publicaciones. Entre sus trabajos como arqueólogo destacan los llevados a cabo en el yacimiento fenicio de Aldovesta y la ciudadela ibérica y el castillo de la Santa Cruz de Calafell. En el campo de la museología, es responsable de numerosos proyectos de intervención a museos, centros de interpretación, conjuntos patrimoniales y yacimientos arqueológicos. Entre ellos destaca el proyecto museológico del Museo de Historia de Cataluña, que fue considerado un ejemplo paradigmático de museología didáctica.
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