/ Escuchar y no callar / Miguel de la Guardia /
La debilidad procede de la inseguridad y es mala compañía para la toma de decisiones. A pesar de la enorme belleza intrínseca de la vida, nadie nos asegura que el día a día no esté exento de dificultades y es precisa una gran fortaleza de ánimo para afrontar cualquier situación. Pero ser fuertes no tiene nada que ver con ser agresivos o violentos. La fortaleza se demuestra en la firmeza en los comportamientos y la ternura en las formas y siempre con la elegancia en las conductas que procura una exquisita educación.
La fortaleza se evidencia en las dificultades, cuando hay que tomar decisiones penosas pero necesarias, pero también en las situaciones corrientes. La fortaleza, cuando lo es, debe ser también cauta y prudente. No sabe nada de rigideces ideológicas ni conoce otras líneas rojas de conducta que no sean la igualdad y dignidad de todos los seres humanos y el respeto a la naturaleza.
¡Qué fácil es aparentar una supuesta fortaleza criticando a los contrarios y humillando a quienes no pueden defenderse! Y qué lejos están de la fortaleza de carácter la soberbia y el nepotismo. Ser fuerte, a mi entender, es venir llorado de casa ante los problemas propios y que no tiemble el pulso ante las soluciones requeridas por las dificultades de los ciudadanos. No se trata de poner cara maquillada de circunstancias ante los propios problemas, pero tampoco de hacer afirmaciones vacías y promesas imposibles de cumplir.
La mentira y el incumplimiento de las promesas son los signos más claros de la debilidad de un gobernante y para evitarlos es imprescindible la honestidad y grandes dosis de pedagogía para justificar con detalle los propios fallos a los electores y, en su caso, los motivos de los cambios de opinión; en especial si afectan a promesas electorales a sus conciudadanos. Responder adecuadamente con datos y humildad a las preguntas de la oposición, por molestas que sean, en lugar de despacharlas con críticas a quien interpela y chascarrillos de baja estofa. Estas actitudes son, también, signos de esa debilidad mayúscula de los ególatras y prepotentes que nunca deberían haber alcanzado puestos de poder.
La fortaleza en política es, a mi entender, una virtud absolutamente necesaria para mantener una posición independiente frente a otros países, y hacerse respetar en la esfera internacional sin servilismos ni compromisos inexplicables y también frente a los poderes económicos y los grupos de presión cuando tratan de forzar decisiones que solo a ellos convienen. La fortaleza no es sinónimo de fuerza física, ni de agresividad, sino de contención en el empleo de medidas coercitivas, y de nada vale la fortaleza sin el freno de la prudencia en las decisiones y la templanza en las conductas.
La ciudadanía soporta mal las conductas soberbias y agresivas, pero tampoco gusta de la debilidad de sus gobernantes, puesto que esto erosiona la credibilidad del país, la confianza de los votantes y afecta negativamente a la seguridad pública y la confianza en las administraciones. Aunque sean los jueces los responsables de administrar la justicia, las instancias locales, autonómicas y nacionales deben asegurar el respeto de la ley para evitar males mayores que devienen de la sensación de debilidad que procura su dejación y conducen a un deterioro de la vida social y eso es algo de lo que tenemos sobrados ejemplos tanto a nivel nacional como autonómico y local; no de otra manera se entiende el deterioro de la vida en algunos barrios ni la irrupción de brotes de terrorismo callejero.
Votemos a gentes dialogantes y respetuosas con todos los ciudadanos, pero que sean inflexibles en asegurar el cumplimiento de las leyes y no se dobleguen ante intereses personales, presiones políticas ni comerciales. Lo anterior hoy, ante las presiones de unos Estados Unidos gobernados por Trump y la concentración de poder y riqueza acumulados por una minoría de empresas y familias, no es tarea fácil.

Miguel de la Guardia es catedrático de química analítica en la Universitat de València desde 1991 y en la actualidad profesor emérito en activo. Tiene un índice H de 92 según Google Scholar y ha publicado más de 987 trabajos con más de 40.000 citas, 5 patentes españolas, 4 libros sobre green analytical chemistry (Elsevier, RSC y Wiley), un libro sobre calidad del aire (Elsevier), dos libros sobre análisis de alimentos (Elsevier and Wiley), un libro en dos volúmenes sobre smart materials en química analítica (Wiley) y otro sobre NPSs (Elsevier) y está preparando un libro sobre Human biomonitoring in Food safety assurance para RSC. Además ha dirigido 35 tesis doctorales y es editor jefe de Microchemical Journal (Elsevier), miembro del consejo editorial de Spectroscopy Letters (Estados Unidos), Ciencia (Venezuela), J. Braz. Chem. Soc. (Brasil), Journal of Analytical Methods in Chemistry and Chemical Speciation & Bioavailability (Reino Unido), SOP Transactionson Nano-technology (Estados Unidos), SOP Transactions on Analytical Chemistry (Estados Unidos) y Bioimpacts (Irán). Condecorado como Chevallier dans l’ordre des Palmes Académiques por el Consejo de Ministros de Francia, Premio de la RSC (España) y condecorado por la Policía Local de Burjassot.
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Es bonito lo que escribes, pero un poco utópico o eres demasiado optimista. No parece difícil votar a alguien con esas características?
Mil gracias por tu lectura crítica, pero debo disentir. No, creo que sería muy fácil votar a candidatos adornados con virtudes políticas. Lo difícil, pero no imposible, es encontrar candidatos así. Por eso me gustaría que tuviésemos listas abiertas y dejar de votar tapándome la nariz a listas encabezadas por personajillos deleznables o repletas de arribistas.
Un fuerte abrazo.
El texto destaca por su claridad y profundidad ética. El autor reflexiona sobre la verdadera fortaleza en la política, diferenciándola de la agresividad o la demagogia.
Con un lenguaje claro y elegante, defiende valores como la honestidad, la prudencia, la responsabilidad y el respeto a los ciudadanos. En conjunto, es un texto inteligente que eleva el debate político hacia una dimensión moral más exigente.
Muchas gracias. Está claro que es el amigo socialista quien escribe con más afecto que razón. Ánimo y que cunda el ejemplo de candidatos que asumen la tarea de entender la política como servicio a sus conciudadanos y no como forma de trepar.
Un fuerte abrazo.