> Escuchar y no callar

Leerte

Un artículo de Miguel de la Guardia sobre el placer de leer a gente a la que uno conoce en persona.

/ Escuchar y no callar / Miguel de la Guardia /

Cada vez me gusta más leer lo que escribe la gente a la que conozco personalmente, y en ello no hay el menor estímulo morboso, sino la sensación de poder percibir en la obra escrita la memoria del autor y del momento en que la hizo. Es un poco lo que me inspiran las obras de Francis Bacon, en las que la deformación de las facciones humanas les imprime un cierto estar en el tiempo, más allá del momento atrapado por el cuadro. En el fondo, estoy convencido de que las personas vamos dejando detrás de nosotros un rastro, evidente en el caso del jabón de baño, la crema o el perfume usado; pero también las feromonas que emite nuestro organismo como respuesta a estímulos de tristeza, dolor o placer. Además, soy consciente de que, en la retina de un observador atento, parte de nuestra imagen queda impresa en lo que hacemos y en el lugar de donde acabamos de venir, con la memoria de nuestro estado de ánimo allí y entonces.

Dicho todo lo anterior, entenderá el lector mi gusto por leer lo que escriben amigos y conocidos a los que agradezco enormemente que compartan su creatividad. No duden en ver aquí una confesión de mi interés por reseñar libros de nuevos autores a los que la casualidad, o una larga amistad, pone la vida en mi camino y contribuir con ello a la divulgación de su obra.

Me siento particularmente orgulloso de haber conocido a José Miguel Trejo Morente y que Pablo Batalla lo admitiera como colaborador de El Cuaderno. Se trata de una persona sensible y que escribe con el alma y no dudo que los lectores de la revista digital disfrutarán de sus relatos y comprarán sus libros, escritos desde La Yesa, pero que resumen las experiencias de una vida compartida en diversos lugares y con diferentes personas.

Leer teniendo en la memoria la cara del autor, sus vivencias y lecturas, añade significados a los relatos, los poemas o los ensayos. En estos años he tenido la oportunidad de leer, en diferentes etapas de su elaboración, todas las novelas de José Manuel Cano Pavón y siempre le amenacé con la posibilidad de escribir una tesis sobre «Manolo Cano, la pasión de escribir» y me temo que, para mi bien, puede ocurrirme lo mismo con Vicent Yusà, que tiene la amabilidad de compartir conmigo su obra. Por eso no dudo en recomendar a los lectores que, si tienen la oportunidad, no duden en acudir a presentaciones y coloquios de nuevos libros y acercarse al mundo de sus autores.

Entre las joyas de mi biblioteca guardo con especial cariño la edición en rústica de Pan de limón con semillas de amapola que me dedicó Cristina Campos, los dos de pie frente a frente en la Feria del Libro de Valencia. En aquella ocasión cometió la deliciosa equivocación de escribir su mail y éste ha actuado como línea de unión que me ha permitido compartir con ella lecturas y anécdotas. También guardo con cariño las novelas de Laura Riñón Sirera, a la que conocí en su librería Amapolas en Octubre de Madrid, y a la que gusto de visitar cuando voy allí.

Acabo de leer La ciencia de la longevidad del doctor José Viña, que fuera compañero de colegio durante doce años y es compañero de universidad desde su cátedra de Fisiología. He tenido que esperar hasta encontrarme con su libro en su segunda edición y les confiese mi doble disfrute, tanto por el contenido del libro y su inteligente puesta al día de la literatura científica, como por los recuerdos que me aportaba de quien fue un estudiante excelente y un buen amigo del que guardo recuerdos de una tarde de cine en compañía de su madre y su hermano. Lo dicho: la letra con un tiempo compartido con los autores se vuelve doblemente placentera.

Leer a quien se conoce supone un valor añadido para el lector; y, por favor, no se pierdan lo que ese familiar, amigo o conocido escribió un día; en especial si se trata de un primer libro; puesto que el placer de descubrir a un nuevo talento literario es una sensación solo comparable a descubrir la obra de un nuevo artista plástico, un pintor, ceramista o un escultor, en sus primeras obras.


Miguel de la Guardia es catedrático de química analítica en la Universitat de València desde 1991 y en la actualidad profesor emérito en activo. Tiene un índice H de 92 según Google Scholar y ha publicado más de 987 trabajos con más de 40.000 citas, 5 patentes españolas, 4 libros sobre green analytical chemistry (Elsevier, RSC y Wiley), un libro sobre calidad del aire (Elsevier), dos libros sobre análisis de alimentos (Elsevier and Wiley), un libro en dos volúmenes sobre smart materials en química analítica (Wiley) y otro sobre NPSs (Elsevier) y está preparando un libro sobre Human biomonitoring in Food safety assurance para RSC. Además ha dirigido 35 tesis doctorales y es editor jefe de Microchemical Journal (Elsevier), miembro del consejo editorial de Spectroscopy Letters (Estados Unidos), Ciencia (Venezuela), J. Braz. Chem. Soc. (Brasil), Journal of Analytical Methods in Chemistry and Chemical Speciation & Bioavailability (Reino Unido), SOP Transactionson Nano-technology (Estados Unidos), SOP Transactions on Analytical Chemistry (Estados Unidos) y Bioimpacts (Irán). Condecorado como Chevallier dans l’ordre des Palmes Académiques por el Consejo de Ministros de Francia, Premio de la RSC (España) y condecorado por la Policía Local de Burjassot.


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