/ Escuchar y no callar / Miguel de la Guardia /
¿Qué buscan los turistas en una nueva ciudad? ¿Las imágenes una y mil veces reproducidas en Google y las guías de viajes? ¿Una arquitectura? ¿La huella de la historia? ¿Un país que añadir a una colección previa? Si sus respuestas coinciden con la búsqueda de una imagen tópica, o con un catálogo de arquitectura, un rescoldo histórico o un simple cromo para su colección, discúlpenme, pero creo que no estamos en la misma onda. Sin dejar de lado la enorme suerte de haber nacido donde hayan nacido si pueden permitirse viajar por ocio, lo más importante del viaje está en salir del propio ambiente, abrirse al conocimiento de otras realidades y no quedarse varado en su realidad por satisfactoria que sea.
Viajar es conocer otras lenguas, otros hábitos, otras maneras de estar en la vida, otras relaciones sociales. Diferentes olores y sabores, otras maneras de vestir, de amar, de compartir el tiempo, eso es viajar y de mala manera se puede hacer todo eso contra reloj y sin dejar tiempo para apreciar los detalles, buscar en los ojos de los habitantes de las nuevas ciudades su alegría o su tristeza, su aburrimiento o sus ilusiones. Si el lector está pensando que escribo sobre una mudanza y no un viaje, se equivoca, porque no es cuestión de años, sino de momentos, de calidad del tiempo invertido en salir de la propia zona de confort y acercarse a otros lugares con ánimo de entender su modo de vida y disfrutarlo y, por supuesto, eso incluye un máximo de educación por parte del turista y de respeto a los lugares visitados. Mal se puede entender el alma de los gallegos si uno se acerca a la plaza del Obradoiro para tumbarse en el suelo, cocinar, bailar o lanzar a voz en grito cánticos y consignas, so pretexto de que se trata de una peregrinación. Ese tipo de conductas maleducadas son las que dañan la reputación del viajero y harían bien las autoridades locales en no ponerse de perfil y atajar esos comportamientos con multas disuasorias que, más allá de coartar las libertades individuales, protejan la convivencia.
Si el programa de viaje que les propongo les parece excesivo, recuerden que hay dos maneras de conocer a fondo un espacio: moverse por todos y cada uno de sus rincones o sentarse tranquilamente en la terraza de un café y dejar que todos los habitantes del mismo discurran bajo su mirada. Además, mi programa de viaje incluye callejear como un elemento esencial de conocimiento y placer, que es algo más que ir a un lugar concreto o pasear por sus calles e implica, si es necesario, perderse, tratar de no recorrer dos veces la misma acera, prestar atención a todos los edificios que se asoman al paso del turista y no dejar de lado la mirada de sus habitantes. Ya ven que en una sola palabra se puede resumir todo un programa de inmersión en la realidad del lugar que se visita y el resultado siempre será enriquecedor para quien concibe el viaje como aventura.
Los franceses emplean el término flânerie para ese caminar sin rumbo aparente y, en mi opinión, hay en ello algo de pereza, de disfrute de lo inesperado, de reconocimiento de nuevos lugares y encuentros con otras personas. Por eso, no lo duden, hay que callejear hasta en la ciudad en la que habitamos y prestar atención a los cambios sutiles que introduce el paso de las estaciones y el transcurso del tiempo. También se aprende mucho sobre uno mismo, si el paseante presta atención a los cambios en sus propias miradas, los diferentes focos de atención y los distintos sentimientos que provocan en su ánimo. Callejear no es perder el tiempo, es vivir y volcarse al exterior desde la propia subjetividad y, sin lugar a dudas, un elemento esencial para aproximarse a una nueva realidad.

Miguel de la Guardia es catedrático de química analítica en la Universitat de València desde 1991 y en la actualidad profesor emérito en activo. Tiene un índice H de 92 según Google Scholar y ha publicado más de 987 trabajos con más de 40.000 citas, 5 patentes españolas, 4 libros sobre green analytical chemistry (Elsevier, RSC y Wiley), un libro sobre calidad del aire (Elsevier), dos libros sobre análisis de alimentos (Elsevier and Wiley), un libro en dos volúmenes sobre smart materials en química analítica (Wiley) y otro sobre NPSs (Elsevier) y está preparando un libro sobre Human biomonitoring in Food safety assurance para RSC. Además ha dirigido 35 tesis doctorales y es editor jefe de Microchemical Journal (Elsevier), miembro del consejo editorial de Spectroscopy Letters (Estados Unidos), Ciencia (Venezuela), J. Braz. Chem. Soc. (Brasil), Journal of Analytical Methods in Chemistry and Chemical Speciation & Bioavailability (Reino Unido), SOP Transactionson Nano-technology (Estados Unidos), SOP Transactions on Analytical Chemistry (Estados Unidos) y Bioimpacts (Irán). Condecorado como Chevallier dans l’ordre des Palmes Académiques por el Consejo de Ministros de Francia, Premio de la RSC (España) y condecorado por la Policía Local de Burjassot.
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Miguel, veo que abundas en el planteamiento y concepción de lo que es viajar. Creo que una de las páginas más próximas a tu concepto la publiqué en El Cuaderno y se titulaba «Los mochileros». Lo hice porque una falsa izquierda ante la ausencia de un concepto del viaje, estaba optando por criticar a quienes llevan su mochile, a quienes no llenan los hoteles de cuatro o cinco estrellas. Avanti. He cerrado mi nuevo trabajo y ya lo estoy remitiendo al editor. Lo celebraremos. Guillermo.