/ una reseña de Luis López /
Después de muchos años, conmigo permanecen las antologías Joven poesía española, de Concepción García Moral y Rosa María Pereda (1979) y Poesía española reciente (2001), de Juan Cano Ballesta, concebida con la función explícita de ser una continuación de la anterior; añadiría también, aunque sea la de un solo autor, Agujero llamado Nevermore (2000), por la combativa introducción de Jenaro Taléns. Todas ellas publicadas en la colección Letras Hispánicas de la editorial Cátedra. Es cierto que ha habido muchas, muchísimas antologías publicadas en aquellos —y estos— años, pero Cátedra lleva consigo el prestigio académico de su catálogo, que compendia rigurosamente, con Clásicos de Castalia, el acervo de la literatura española.
A ellas se une ahora Un estallido. Antología de la poesía española (2000-2025), de Raúl Molina Gil[1] y Álvaro López Fernández, por obra de la cual la poesía más reciente escrita en castellano[2] se incorpora con rigor académico al ancho caudal de Letras Hispánicas.
Llegan Raúl Molina y Álvaro López precedidos por una solvente trayectoria. Ambos coordinaron previamente, junto a Ángela Martínez Fernández, el interesantísimo número de la revista Kamchatka,[3] «Lecturas del desierto: nuevas propuestas poéticas en España» (2018) y su anexo, que incluía una amplísima antología, en la que pretendían «dar cuenta de las líneas temáticas y estéticas que estructuraban el campo poético actual». También el dossier «Experimentación y rupturas en la poesía española del siglo XXI», en Tropelías. Revista de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada[4] (2023), con el objetivo de construir «una arqueología que nos muestre el tránsito y el diálogo intergeneracionales que se están produciendo».
Hay muchas cosas buenas que señalar en Un estallido. La primera, su reconocido afán cartográfico: aunque los poetas recogidos son veinticinco (tal vez sea obvio, pero sigue resultando necesario advertir que toda antología es necesariamente limitada, aunque esta, al menos, no pretende ser excluyente) el panorama que se ofrece en el estudio introductorio es pormenorizado y riguroso. La segunda, que se desentiende del agotado —y nunca útil— modelo generacional, uno de los mayores lastres de la crítica española del último siglo. La tercera, que no se pretende prescriptora de una línea poética hegemónica (lo que quiere decir tanto como excluyente), sino que se define —contrariamente— como integradora. La cuarta, la importancia justificadísima que concede a editoriales como Ultramarinos, Letraversal o Cántico (entre otras),[5] gracias a cuyo arrojo es posible en España publicar textos con voluntad vanguardista, reivindicativa, o simplemente alejada de los agostados campos de lo que se dio en llamar «línea clara», «poesía figurativa» o «de la experiencia», entre otros nombres. La quinta, la transversalidad con que se plantea el estudio del campo poético, de manera que se iluminan no pocas zonas, fuera de las convenciones que, de otra manera, quedarían en sombra: «una politización discursiva más explícita de sus contenidos, la importancia de la libre reivindicación del género, el afecto y la temporalidad, la búsqueda de sensaciones de arraigo compartidas, etc.»
Hay, sin embargo, dos puntos, a mi juicio, que deberían haberse abordado y que es lástima que se hayan quedado en el tintero. De un lado, el comentario (no necesariamente detallado, pero sí suficientemente clarificador) de lo que ocurre en otras poesías peninsulares y sus relaciones con la escrita en castellano. De otro, un panorama de la interacción de la poesía actual española con otras tradiciones literarias (como la anglosajona) y con la castellana misma e hispanoamericana, más allá de los autores inmediatamente anteriores a los antologados (recuerdo el fatigoso recurso de los años ochenta y noventa del pasado siglo a vincularse a ciertos poetas «menores», ejemplificado en el abuso referencial a Manuel Machado, que parece haber afortunadamente desaparecido). En cualquier caso, estas ausencias no suponen un demérito al brillante trabajo de Raúl Molina Gil y Álvaro López Fernández.
Los veinticinco poetas antologados se enumeran para el lector curioso: son María Salgado, Ben Clark, Lola Nieto, Elena Medel, Javier Vicedo, Bibiana Collado, Martha Asunción Alonso, Unai Velasco, Ángelo Nestore, Ángela Segovia, Berta García Faet, Luna Miguel, Ruth Llana, Álvaro Guijarro, Cristian Piné, Gema Palacios, Xaime Martínez, Mayte Gómez Molina, Pablo Baleriola, Rodrigo García Marina, Andrea Abello, Juan Gallego Benot, Rosa Berbel, Laura Rodríguez Díaz y María de la Cruz. «La perversa lógica de cualquier antología es que lo que queda al otro lado es siempre mayor que lo incluido. Ese fuera de plano lo habitan numerosos poetas y libros que han participado en ese deslumbrante estallido». Por eso se mencionan, en los criterios de edición, otros treinta y ocho poetas más que, a modo de ejemplo, podrían haber sido recogidos en Un estallido. Antología de la poesía española 2000-2025, una cartografía minuciosa, detallada y enormemente útil.
[1] A este tema dedicó su tesis doctoral, Poesía española joven: un estudio del campo poético (2000-2019), dirigida por Antonio Méndez Rubio y codirigida por Jenaro Taléns, leída en la Universitat de València en 2020.
[2] Los antólogos son conscientes de la «relevancia actual de las poesías en otras lenguas del Estado español», pero consideran que ese sería un trabajo que requeriría ser abordado colectivamente por diversos especialistas. Nada que objetar, pero efectivamente se echan de menos.
[3] Kamchatka. Revista de Análisis Cultural n.º 11, Universitat de València.
[4] Tropelías. Revista de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada n.º 40, Universidad de Zaragoza.
[5] Dirigidas algunas por poetas recogidos en esta antología, como Unai Velasco (Ultramarinos) y Ángelo Nestore (Letraversal).

Raúl Molina Gil y Álvaro López Fernández (eds.)
Cátedra, 2026
456 páginas
19,95 €
Luis López Suárez nació en Oviedo (1966). Entre sus intereses preferentes están la historia del arte, la música y el cine. Es autor de los poemarios No todo fue mentira (Madrid, 2008), Con paso incierto (2017) y Oficio de difuntos (2024) y la plaquette Ocho sonetos fúnebres (2020).
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