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La generación Z cambia el alcohol por la pregabalina: sin resaca, sin calorías y sin ansiedad social. Un informe de la BBC destapa el atajo químico de unos jóvenes que temen más la cancelación digital que la muerte física. Un artículo de Eduardo García Fernández.

/ un artículo de Eduardo García Fernández /

La pasada semana se dio a conocer un informe global de la BBC titulado La generación sobria, que fue noticia y, según dicen, encendió las alarmas; vamos, como en su día lo hizo la serie Adolescencia, pero las alarmas pueden sonar y cansarse de sonar quedando sepultadas por múltiples noticias aún más descorazonadoras.

Lo que el informe muestra es que muchos jóvenes de la generación Z consumen pregabalina, un fármaco utilizado para calmar el dolor neuropático, frenar los ataques de epilepsia y reducir la ansiedad, y esto último, reducir la ansiedad, es lo que se pretende, pues se consume para salir de fiesta en sustitución del alcohol. También se consume propranolol e incluso se inyectan péptidos sintéticos que son un tipo de proteína que se populariza cada vez más por internet.

Así que se colocan con sustancias que consiguen en el mercado negro a través de la red porque, entre otros efectos, estos fármacos no generan resaca, son más baratos que el consumo de alcohol y además no engordan. Se pretende no sufrir ansiedad social cuando se interactúa y para ello se toma lo que haga falta, aunque muchos quedarán enganchados, e incluso otros mueren puesto que a dosis altas la pregabalina es muy peligrosa. Sin embargo, el problema viene de lejos: de una generación, la Z, que sufrió más que otras debido al confinamiento durante la pandemia de covid-19 a la que se define como la generación ansiosa, título del famoso libro de Jonathan Haidt publicado en 2024. El cóctel está servido: unos jóvenes que sufren más ansiedad social y rechazan el alcohol —entre otras razones, por la resaca y por engordar— y también porque lo asocian a la generación de los boomers y los millennials, y ya se sabe que quienes consumen una determinada droga acostumbran a hablar mal del resto, pero a la vez, los influencers les hablan de las bondades de tomar medicamentos para no sufrir ansiedad social, sin que medie ningún filtro crítico; a todo esto se une que crecieron aprendiendo a tenerlo todo a golpe de clics, instantáneamente, como el Cola Cao.

No se plantea la posibilidad de aprender habilidades sociales y ser asertivos a la hora de relacionarse, sino que se opta por el atajo de la química en vez de esforzarse en cambiar y aprender nuevas formas de comportarse que requieren tiempo y voluntad, así que mejor doparse con unas buenas pastillas y ya está; no vaya a ser que me graben un día borracho y lo cuelguen en las redes sociales cancelándome, porque, en definitiva, esta generación teme ser expuesta en la red más que a la mismísima muerte física, porque para ellos la censura en la red es la muerte digital y, por tanto… real.


Eduardo García Fernández (Oviedo, 1968) es licenciado en psicología clínica y máster en modificación de conducta. En 1999 abrió una consulta de psicología clínica en la que aborda todo tipo de patologías y adicciones. Entre sus aficiones se encuentran la literatura y el cine. Y acostumbra a vincular éstas con su profesión dando lugar a artículos con un enfoque diferente. Ha realizado y participado en programas de radio en Radio Vetusta, ha colaborado con la revista digital literaturas.com y en la actualidad colabora esporádicamente con artículos y reseñas en el periódico La Nueva España.


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