Arte

Aproximaciones a la sombra

María Martínez Vallina reseña una exposición de Guillermo Ocio que la galería ovetense Arancha Osoro alberga hasta el 22 de enero. La muestra se articula en torno a la asimilación de todos los conceptos enfrentados en el discurrir del diálogo del artista con el material protagonista: la madera.

Aproximaciones a la sombra

/por María Martínez Vallina/

Uno no se ilumina imaginándose figuras de luz, sino tornando la oscuridad consciente.

Carl Jung.

La sombra personifica todo aquello que no reconocemos y sin embargo, una y otra vez, nuestro carácter se ve forzado por ella. Celos, vergüenza, rabia, resentimiento, orgullo, mentiras, todas ellas representan emociones o tendencias que, desde nuestra educación social y familiar, hemos recibido como negativas y, por lo tanto, hemos decidido ocultar bajo la apariencia de nuestra consciencia. Jung, que nombra estas características como arquetipos, sostiene que este contenido, que radica en nuestra psique, pertenece al colectivo de los seres humanos, y hace referencia a nuestros impulsos más primitivos e instintivos, que van más allá de la razón. La fuerza con la que serán proyectados será mayor cuanto más queramos reprimirlos. La literatura y el cine nos han querido hacer reflexionar con personajes como Dr. Jekyll y Mr. Hyde o Darth Vader, donde se plantea la dicotomía entre el bien y el mal y la sugestión que suscita el coqueteo con el lado oscuro. Es importante que indaguemos en este territorio, esquivo y desconocido, para poder unificar nuestra personalidad. No hay luz sin sombra y, al fin y al cabo, comprender lo que somos nos hará libres.

La incertidumbre de la juventud y su contexto personal llevó a este artista a definirse como lo que es hoy: una persona que vive en una continua búsqueda de su yo más completo, en este incierto acontecer que es la vida. El cine, la filosofía o la psicología constituyen gran parte de las motivaciones que utiliza para explorar el comportamiento humano y su propio conocimiento. Aunque su iniciación en la sociedad artística empezó en su madurez, su historia siempre estuvo marcada por una necesidad creativa patente en su oficio: la carpintería. Tras formarse en el taller experimental de Humberto, hace ya casi veinte años, la indagación en diversas disciplinas, como la fotografía o la pintura, sirvieron a Guillermo Ocio (Oviedo, 1963) para definir sus prioridades plásticas.

La actividad del artista comenzó en torno al año 1998 cuando su teoría empezó a ser canalizada a través de su práctica. Formas geométricas contenidas en pinturas de colores primarios permanecían suspendidas sobre fondos planos implorando salirse del marco. Los materiales clásicos e industriales, como el óleo o el cartón, determinaron una escultura bidimensional que poco tardó en ocupar el espacio. Siempre atento a su proceso de elaboración, tomó a su favor las técnicas aprehendidas en su oficio y patentó un estilo basado en líneas puras y formatos rigurosos pesados donde la abstracción tenía un marcado protagonismo. Pronto emergió el volumen y con ello el interés por comunicar las obras con el cosmos que las rodeaba; objetos constructivistas que no solo se construían en el espacio y en el tiempo sino que también cimentaron un aprendizaje en torno a las múltiples representaciones de la realidad de quien las miraba. Miradas, acaso éstas impuras, y percepciones hápticas eran y son reclamadas desde distintos puntos de vista y percibidas a través de el cuerpo y el movimiento. Ahora, el hierro y la madera se abren paso en un espacio y un tiempo que hacen posible la interpretación de la experiencia.

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Son escasas las ocasiones en las que estos elementos se muestran desnudos, ya que el uso de los colores siempre está presente. Éstos no se manifiestan sin propósito y habitan enlazados en las composiciones con el único objetivo de estimular el mensaje que transmiten. El rojo y el fuego, el azul y el mar, el negro y la nada, son las principales simbologías que reiteran en la obra de este artista. Asumir los significados del color y entender así los efectos que provocan en la mente, son parte de la finalidad que persigue en torno al diálogo de las piezas con el público. En el germen de su praxis instala una iconografía donde los fenómenos naturales buscan la interrelación con el movimiento, que acompaña el modelado de sus creaciones y el desenlace final. Así, el agua y el mar forman parte de sus fotografías, casi pictóricas, en una aparente materialidad que trasciende en el fluir del efecto del hierro y la madera. El círculo, la forma geométrica perfecta, se ajusta y se retuerce más allá de sus límites, buscando la cuadratura que contienen todas las hipótesis.

La evolución de sus objetos no puede ser completada sin la fusión del vacío y la forma, ya que estos dos aspectos coexisten en la misma realidad de su universo. Guillermo Ocio prolonga su trabajo en la indagación de contrarios mediante composiciones que entienden el vacío como una configuración positiva del espacio. Añadir, perforar o sustraer son procesos principales que mantienen en armonía el todo y sus partes, gracias al control del material, el color y el ritmo que los ordena. Es un punto esencial, este juego del vacío, el que logra situar al espectador en contacto no sólo con los detalles exteriores sino también con la intimidad encerrada en ellos. Tal es la importancia de los espacios vacíos que se convierten en la materialización de la nada detrás de la que se encierra el todo.

Aproximaciones a la sombra se articula en torno a la asimilación de todos los conceptos enfrentados en el discurrir del diálogo del artista con el material protagonista: la madera. Se ha convertido en una acalorada y dilatada conversación en la que el escultor moldea la materia respetando el transcurso de su propia apariencia. Ahora, la sustancia invita a la experiencia táctil en el deleite de sus texturas y a la incitación visual en la insinuación provocada por los atributos del color. Las luces y las sombras guían al espectador en el lugar donde existe la pieza. El rojo se cuela en las grietas del inconsciente, el azul fluye en un intento de mantener la calma, el gris transita entre el bien y el mal y el negro se esconde deambulando en la oscuridad, la angustia y el misterio. El metal apoya la estructura y acompaña las formas visibles de las siluetas que ya no quieren ser ocultadas. Puede que la sombra ya no sea tan peligrosa, quizás ahora estemos dispuestos a mostrarle la debida atención.

[La galería Arancha Osoro, de Oviedo, alberga la exposición Aproximaciones a la sombra entre el 21 de diciembre de 2017 y el 22 de enero de 2019.]


María Martínez Vallina (Oviedo-Uviéu, 1985), licenciada en historia del arte, se ha especializado en el campo de la museografía y la museología orientado a la educación del público y a la difusión del arte. Actualmente compatibiliza su trabajo como ayudante en la Galería Arancha Osoro con la gestión de comisariados y la elaboración de textos destinados a la divulgación del arte y artistas asturianos.

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