Poéticas

Los laureles reverdecidos de la aforística

Carlos Alcorta reseña tres libros de aforismo de reciente publicación, escritos por Javier Sánchez Menéndez, Carmen Canet y Ana Urkiza.

Los laureles reverdecidos de la aforística

/por Carlos Alcorta/

No tenemos más que comprobar la profusión de colecciones dedicadas al aforismo que han surgido en los últimos años para comprobar la vitalidad de un género que hasta no hace mucho languidecía enmascarado bajo otros epígrafes de carácter más amplio. A las editoriales que mencionamos en este comentario podemos añadir algunas otras, como por ejemplo la editorial Renacimiento  o Cuadernos del Vigía, esta última, como La isla de Siltolá, ha creado incluso un premio literario dedicado a dicho género. Tal es la cantidad de títulos aparecidos simultáneamente que resulta imposible detenerse en cada uno de ellos de forma particular. Por otra la parte, el género ha ido mutando y —desde los presupuestos iniciales, centrados en la brevedad y la contundencia semántica principalmente— se ha pasado a admitir reflexiones de mayor desarrollo discursivo, más versátiles y con una intención de mayor calado interpretativo sin contradicciones aparentes.

Los tres libros que comentamos, son, sin embargo, fieles a esas premisas de las que hablábamos al principio. De hecho, Concepto, el volumen de Javier Sánchez Menéndez (Puerto Real, 1964), en la sección del mismo título, parece apelar a los principios que definieron en otro tiempo al aforismo. Así, Sánchez Menéndez escribe: «El aforismo es un ejercicio de concreción». Está, como vemos, haciendo referencia al ejercicio de la brevedad. «El aforismo sorprende, genera dudas, y sobrecoge al lector», escribe el autor poco después haciéndose eco de otras de las premisas del género, tales como la capacidad de sorpresa o la desubicación de imágenes y conceptos cuyo contenido se ha asentado en un lugar cotidiano de nuestra mente. Pero claro: esto no resulta fácil; menos todavía cuando se confunden algunos términos que conducen a la trivialidad y al ingenio como sucedáneos de la meditación sincera. «Buscar la sencillez evitando la simpleza», escribe Sánchez Menéndez. Toda una máxima que exige una labor de contención que no todos los escritores están dispuestos a llevar a cabo y es que, según nuestro autor, «el 99,9% de los aforismos que se escriben no llegan a aforismos. Son ejercicios de superficialidad»). Hay en este libro otros temas además del metaliterario, aunque no dejan de estar relacionados con él, porque se habla de edición o de la crítica («La crítica o la queja con fundamento es crítica. Sin fundamento es envidia e impotencia»), de la escritura en general («Escribir sobre las obsesiones no nos liberará de ellas») e incluso se dan consejos a un futuro lector-editor: «Si pretendes editar un libro pregúntate antes: ¿qué aportaría a la verdadera literatura esta publicación». No podían faltar en este libro las reflexiones sobre la identidad porque es un asunto que Javier Sánchez trata habitualmente en sus escritos; una identidad sujeta, como no puede ser de otra forma, al paso del tiempo: «Lo que queda es la esencia de lo que somos, tal vez de lo que hayamos sido , ya que todo lo que hemos sido ha dejado de ser». Concepto es un libro breve pero hace honor al género porque hay en sus páginas innumerables cargas de profundidad.

Carmen Canet (Almería, 1955) es una de nuestras aforistas más contumaces y más reconocidas. De hecho, su producción literaria está casi supeditada —si dejamos al margen su dedicación a la crítica— a dicho género. La brisa y la lava: aforismos sobre el aforismo no oculta el objeto de sus reflexiones. En lugar de elaborar un tratado teórico, Carmen Canet, como no podía ser de otra forma, riza el rizo y nos ofrece más de un centenar de reflexiones que van mordiéndose la cola unas a otras sin que sepamos muy bien dónde empieza la práctica del aforismo propiamente dicho y dónde acaba la teoría. En realidad no importa. Canet sabe jugar con las palabras como un malabarista lo hace con los objetos. Las voltea hasta lo imposible, pero nunca deja que caigan al suelo: «Aforista: malabarista de palabras». No nos sorprende, cuando se teoriza, que haya ideas similares entre quienes practican el género. Así «el mejor aforismo habita en lo inesperado», que se relaciona de inmediato con la capacidad de sorpresa que mencionaba Sánchez Menéndez. O estos otros ejemplos, que hacen alusión a la brevedad: «Los aforismos pese a ser breves y ligeros ayudan a hacer grande y menos pesado el mundo» y «El aforismo es el pensamiento que se da en un instante. Es esa frase que cabe en un cuarto de minuto, e incluso segundos». Pero Carmen Canet da otra vuelta de tuerca a lo evidente y convierte lo teórico, como decíamos, en práctica. Es aquí donde brilla su particular y envidiable perspicacia, su intuición y su arrojo a la hora de mataforizar la cotidianidad. Algunas de estas reflexiones, de tan evidentes, nos hacen pensar en nuestra incapacidad para la abstracción; en cómo no se nos había ocurrido antes, y es que «Los buenos aforismos dejan siempre las puertas de par en par. Y subidas las persianas de las ventanas». Carmen Canet logra algo verdaderamente difícil: ser original. Su dominio de los paradigmas del género dota a sus aforismos de una intensidad que casi oprime, y digo casi porque, siguiendo su consejo, «los libros de aforismos no se leen de principio a final. Se sortean. ¡Un sorteo con suerte!».

Un hermoso lugar la felicidad es el titulo del libro de Ana Urkiza (Ondarroa, 1969), una autora a la que, lamentablemente, no conocíamos, a pesar de contar con una extensa obra, integrada por libros de poemas y cuentos, pero también por libros de aforismo, género en el que ha publicado dos títulos: Lo que queda para ayer y No hay vuelta para adelante, títulos que ya denotan el gusto por subvertir el significado habitual que profesa la autora. No es fácil resumir el libro que comentamos porque, en su organicidad, resulta extremadamente heterogéneo. No hay capítulos o secciones que nos faciliten su lectura o nos den alguna pista. El lector ha de adentrase en la lectura a pecho descubierto, arriesgándose a recibir el impacto de una sentencia cuando más confiado está, un impacto que atraviese las circunvalaciones cerebrales y trastoque todo lo sabido, todo lo aprendido. Lo ejemplos son muchos y procuraremos transcribir muestras de diferentes temas. El de la identidad aflora a menudo: «No es difícil no ser como a ti te gustaría que fuera, ya que tampoco soy como yo no quisiera que fuese» o «Qué somos: ¿lo que decimos o lo que no decimos?», o «En vida, somos una sombra; al morir, un lugar». Hay lugar también, no podía ser de otra forma, para la reflexión sobre el género: «Aforismo: pastillita que te endulza la vida durante medio minuto». Y también para la literatura o el arte en general: «Se escribe para comprender el mundo, ¿por qué no se lee?»; «El arte no se hace para entender, sino para expresar lo que no se entiende». El paso del tiempo tampoco se escapa: «Futuro: el presente que vamos consumiendo»; «Mañana, de nuevo, el futuro se alejará un día más». Toda una filosofía de vida se desarrolla en estos chispazos llenos de dobles sentidos y de incertidumbres. Gracias, sin embargo, a una cierta propensión a lo lúdico («Necesito para de prisa» escribe Ana Urkiza), el libro se lee —no de corrido, claro, ya lo dijo Carmen Canet— con media sonrisa en la boca. La otra media se contrae, consciente como es de las palabras verdaderas nos dejan desnudos ante la realidad.

Tres libros distintos pero con muchas cosas en común de un género que goza de un enorme éxito. Esperamos que dicho éxito no produzca el efecto contrario y acabe por oxidarse por exceso de oxígeno.


Carlos Alcorta (Torrelavega [Cantabria], 1959) es poeta y crítico. Ha publicado, entre otros, los libros Condiciones de vida (1992), Cuestiones personales (1997), Compás de espera (2001), Trama (2003), Corriente subterránea (2003), Sutura (2007), Sol de resurrección (2009), Vistas y panoramas(2013) y la antología Ejes cardinales: poemas escogidos, 1997-2012 (2014). Ha sido galardonado con premios como el Ángel González o Hermanos Argensola, así como el accésit del premio Fray Luis de León o el del premio Ciudad de Salamanca. Ejerce la crítica literaria y artística en diferentes revistas, como ClarínArte y ParteTuriaParaíso o Vallejo&Co. Ha colaborado con textos para catálogos de artistas como Juan Manuel PuenteMarcelo FuentesRafael Cidoncha o Chema Madoz. Actualmente es corresponsable de las actividades del Aula Poética José Luis Hidalgo y de las Veladas Poéticas de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander. Mantiene un blog de traducción y crítica: carlosalcorta.wordpress.com.

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