Breviario de falsedades

Breviario de falsedades (2)

Cinco nuevos microrrelatos de José Manuel Vilabella.

Breviario de falsedades (2)

/por José Manuel Vilabella/

[BENDICIÓN] Se levantó para estirar las piernas e hizo el recorrido ritual que solo él conocía. Bebió un sorbo de agua, ojeó brevemente un librito que había pertenecido a Maquiavelo, se cepilló los dientes por tercera vez y, del viejo estuche de piel de vaca, extrajo el catalejo y buscó hábilmente en las negruras de la noche. La joven pareja ya estaba haciendo el amor y ella, como siempre, sonreía e intuyó por sus gestos que gritaba de placer. El anciano Papa bendijo su amor una vez más y les convirtió en marido y mujer, ante Dios y ante los hombres, como hacía puntualmente cada noche desde hacía cinco años.

[VIUDA] Acudía todos los días al cementerio para hacerle reproches a su difunto: lo desordenado que había sido en la vida, lo poco detallista que era, las borracheras que cogía el día de su santo. «Y, sobre todo, lo que más me molesta es que te hayas marchado al más allá a la francesa, sin despedirte».

[DEVOLUCIÓN] El mar, que es un pagador irregular, termina devolviendo el justo precio de los barcos que se traga; lo que ocurre es que los devuelve en cómodos plazos y, además, en calderilla.

[AMOR] Todos decían que lo que hacía era una obscenidad y una vergüenza para la familia. Los psicólogos le aconsejaron que actuase de otra forma, el fiscal desaprobó su proceder absurdo, su padre le retiró el saludo, el círculo feminista la miró con repugnancia y su madre le decía: «Hija mía, hija mía», y se llevaba las manos a la cara para desbaratar los lagrimones. Ella no hacía caso de los consejos y se guiaba solamente por los impulsos de su corazón y, cada viernes, se levantaba temprano, se enfundaba en un breve vestido amarillo y, ante el asombro y desaprobación de los vecinos se iba a la cárcel, para ver a su raptor, al ser perverso que la había violado salvajemente, al padre de su hijo.

[COINCIDENCIA] La reseña del periódico le pareció tan fascinante que se levantó a las siete de la mañana y esperó, aterida de frío, a que el librero de la esquina abriese su establecimiento. Empezó a leerla allí mismo, continuó en la cafetería, en el portal y en el ascensor. Era una novela que, como decía el crítico, no se podía dejar y, el que la empezaba, estaba encadenado a ella hasta concluirla. Eran veinticuatro horas de esclavitud, de lectura ininterrumpida, de pasión literaria. No estaba bien escrita pero el argumento era tan enrevesado que el lector se quedaba prendido y no podía salir del laberinto de horror que planteaba. Llamó a la oficina y dijo que estaba enferma, que no podía ir a trabajar, que tenía colitis. Se preparó un bocadillo de jamón y un café y siguió con la lectura del libro. La asesina troceaba el cadáver de su marido y se lo iba dando al perro poco a poco y el animal iba ganando peso hasta que se ponía gordo y lustroso. Aquella mujer sabía muy bien lo que hacía. El entrenamiento del perro como herramienta sexual era concienzudo y metódico y el pastor alemán se convertía en un disciplinado amante que ejecutaba medio kamasutra con la precisión de un robot y el entusiasmo de un adolescente. Qué emocionante. Un sencillo código, la sabia utilización de un silbato y la contemplación de un vídeo, como elemento de apoyo, transformaban al animal en un disciplinado casanova. Y la protagonista se convertía, al fin, en una mujer feliz, en una matrona satisfecha y, el perro, se iba pareciendo poco a poco al difunto y, al final, en los ojos de la bestia tierna y disciplinada, la mujer descubría a su marido, sí, pero cambiado, como le hubiese gustado que fuera. Era Ramiro sin furia y malos tratos, sin gritos, amable, abstemio. Era un marido obediente y mudo, esclavizado, y juntos se pasaban las noches haciendo el amor ante la televisión y ambos sabían que era el perro, como había ocurrido siempre, el único que tenía autorización para cambiar de canal porque para eso era el rey del zapping. El ambiente era sórdido, viscoso, irrespirable y la oscura pasión de los amantes y el ojo omnipresente del televisor que vigilaba a la pareja como un voyeur vicioso, la dejó exhausta, convertida en un guiñapo. La lectura del libro le había llevado, exactamente, veinticuatro horas. ¿Cómo era posible tal cúmulo de coincidencias? ¿Acaso alguien les había expiado? ¿Se oían sus gemidos o los aullidos del perro? Cuando sonó el timbre con estrépito y el pastor alemán la miró con desconcierto y esbozó una amenaza, ella intuyó lo que había ocurrido. A través de la mirilla vio al inspector de policía que sonreía satisfecho. Él también había leído la novela y llevaba un ejemplar en la mano. Y el perro y la asesina supieron, antes de abrir la puerta, que su crimen pasional había sido descubierto y se miraron a los ojos con desesperación, como dos cómplices, como dos amantes, como Romeo y Julieta, como Bonnie and Clyde, como tú y yo.


José Manuel Vilabella Guardiola (Lugo, 1938) ha publicado más de 2500 artículos en prestigiosos diarios y revistas: entre otros, La Voz de AsturiasLa Nueva EspañaEl ComercioEl ProgresoDuniaEl ExtramundiGastronómikaAbcLa Voz de GaliciaHeraldo de AragónEl PeriódicoLar (Buenos Aires) o Gourmand (Santiago de Chile). Mantiene desde hace más de 23 años la columna literaria «Hasta la cocina» en la revista Sobremesa y firmó durante dos décadas «Gastrónomos y caballeros» en la revista Restauradores. Entre sus libros destacan: La cocina de los excesosDelirios gastronómicosGastromaníaCocinadeasturiasLos humoristasEl crimen de don BenitoCuerda de santos, infames y profetasTeoría del insulto en Asturias El día de matamos a Kennedy y otros relatos poco edificantes. Próximamente pubicará Memorias de un gastrónomo incompetente. Obtuvo, entre otros galardones, el Premio Juan Mari Arzak 1999 por el mejor artículo gastronómico del año; el Premio Nacional de Gastronomía 2002 por su libro La cocina extravagante o el arte de no saber comer y el Premio de Periodismo Gastronómico Álvaro Cunqueiro 2005. Pertenece a la Academia de Gastronomía de Asturias, a la Academia de Gastronomía de Aragón y al Colegio de Críticos Gastronómicos de Asturias.

Acerca de El Cuaderno

Desde El Cuaderno se atiende al más amplio abanico de propuestas culturales (literatura, géneros de no ficción, artes plásticas, fotografía, música, cine, teatro, cómic), combinado la cobertura del ámbito asturiano con la del universal, tanto hispánico como de otras culturas: un planteamiento ecléctico atento a la calidad y por encima de las tendencias estéticas.

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