Poéticas

5 poemas de ‘Un árbol en otros’, de Alberto Chessa

Publicamos cinco poemas de 'Un árbol en otros, de Alberto Chessa, a quien Ada Soriano ha reseñado y entrevistado recientemente para EL CUADERNO.

Manan los nombres

mojado todavía
de sombras y pereza

Ángel González

Creo en tu cuerpo,
en la arcilla y el barro de tu vientre,
en la cavidad donde se refracta
el exterior que nos circunda,
mientras relleno el tiempo de la espera
con migajas de pan en cada verso.

Creo en tu cuerpo ayer y esta mañana,
porque también a mí me da escondrijo
y me recuerda que seremos vida,
que todo sigue oculto en lo visible

y todo lo visible aguarda
su solución,
su clave,
santo y seña.

Ajenas en el puro ser,
aún nadies,
nuestras dos diminutas odiseas
¿dejarán para siempre un vestigio o una ruina
en el cuévano de ese vientre?
¿Habrán sabido ya que la tristeza
del singular jamás irá con ellas?
¿Nos enseñarán a nosotros
a convivirnos con el miedo?

Creo en tu cuerpo y lo acaricio y toco
como las yemas se deslizan
por la extensión cerrada de un piano,
tentando los sonidos,
ensayando la noche,
dejando que la música se nazca
en continuo presente.

Cuando asomen por la bocana
esas dos manecillas sin reloj,
mar todavía sin orillas,
vivir quizá les quedará muy grande,
inmenso muro para un verso incipiente,
estatuas que irán tomando rostro
en la caja vacía de un museo.

Todavía no saben
que acabarán el viaje en el origen,
que solo hay una forma de apearse en la vida
y es manchándolo todo,
como se esparce el vino de un vaso derramado,
como manan los nombres
cuando se dicen en voz alta.

Creo en tu cuerpo,
en Alicia,
en Lucía.

Me creo de tu cuerpo
y con eso me basta

Speculum majus

ille extendens ceruicem silentio vitam postposuit

Vincent  de Beauvais

Tomo en brazos a Alicia y a Lucía
(acaban de cumplir un año)
y las confronto ante el espejo.
Así va dibujándose a la vida
vuestro rostro —fabulo a media voz—.
Como si devanase sin esfuerzo
un estambre cercano de futuros.
Como crece una piedra.

Su indiferencia (miran para otro lado, quieren
bajarse, dejarme solo en este juego que no entienden)
me recuerda a mi gato Chispo.
También a él, de adolescente,
lo obligaba a encararse con su imagen,
exactamente con el mismo éxito que ahora con mis hijas:
dos criaturas con piel de nieve
y una enfática glosolalia
que andan a la altura de los zócalos
y me están enseñando a aprenderlo todo por primera vez.

Por ejemplo que la felicidad y el tormento
caben juntos en el mismo zapato y la misma noche.

la luna es una rana
la rana es una runa
la runa es una lana
la lana es una runa

Pero yo sigo enfrente del espejo,
con Lucía y Alicia en cada hombro,
lo mismo que hace más de un par de décadas
me asomaba buscando una respuesta de mi gato.
Cualquier respuesta, nada hubiera sido decepcionante:
sorpresa, burla, miedo, irritación,
todo menos aquella languidez,
esa apatía, esta indolencia de mis hijas ante su imagen,
que al cabo logra que la vista vire a mi propio reflejo
y recuerde con ello, una vez más,
que los mañanas también tienen memoria.

¿Quiénes sois? ¿Qué diablos o diablesas sois vosotras
a este lado y al otro? —mascullo mientras me voy auscultando la dentadura
y un hielo me recorre el alma hasta los pies.

la lana es una luna
la runa es una lana
la rana es una runa
la luna es una rana

Aftershave

Error nº 4: El ‘after shave’ tiene que picar.

Icon, 10-VI-2016

A Juan de Dios García

Que si el calor,
que si la piel,
que si el picor molesto…

Cada verano me rasuro la barba
por ver si reconozco lo que había detrás.

…Y para calcular qué tiempo queda
para que al fin mi padre
se adueñe de mi cara por completo

Rosa de Reus

El padre despierta, observa un resplandor que
viene de la habitación vecina, se precipita hasta allí
y encuentra al anciano guardián adormecido, y la
mortaja y el brazo del cadáver querido quemados
por una vela que le ha caído encima.

Sigmund Freud

A Ángel González de la Fuente

Rosa de Reus, más de ochenta años.
Quizá convenga repetirlo: más de ochenta años. 

No he querido saber mucho ni poco de su vida.
Solo sé que su casa estaba en Reus. 

No sé en qué trabajó, si trabajó.
No sé si maldormía sola. 

(Seguro que a esa edad
otra vez maldormía. Y sola).

¿Por qué no me interesa leer los testimonios de vecinos,
familia, conocidos… si es que los hubo? 

Nada va a ser más relevante: era Rosa de Reus,
ochenta años cumplidos y un cuerpo calcinado. 

Se alumbraba con velas.
Era invierno, era el frío. 

Perdón, sí que he leído en la noticia
un dato relevante, otro:

La misma compañía eléctrica
promete que este mes no aplicará más cortes.

Escribo esto a años luz.
Ni siquiera recuerdo cómo se encendía una vela 

Tango del miedo

Eres linda y hechicera,
eres linda y hechicera
como el candor de una rosa.

Elpidio Ramírez & Pedro Galindo

A Lola López Mondéjar

Ya nos vamos, Muertita, conociendo.
No diré que te extraño,
pero sí que se me hace a veces raro
no verte mucho el pelo.

Cuando menos lo espero te arrebujas
entre espejos de sombras,
o bien junto a la puerta te demoras
como al alba la luna.

Pero una luna, Muerte…, ¿qué diría?
Una luna arbolada.
Un Adán sin Edén, jardín de lamias
con un Dios masoquista.

Lo que daría yo por olvidarte,
ya que al revés no ocurre.
Por desnucar a todos tus querubes
que vienen a soñarme.

La vida duele muchas veces, Muerte;
puede que no lo sepas.
Pero más duele, amiga, que me quieras
hasta desconocerme.

¿Sueña acaso una piedra con ser crómlech?
¿La luz con envinarse?
No me dejes contigo, no me abraces.
No me arcilles el nombre.

Tu voz, tu silabario de ceniza
son todo cuanto soplas.
Quédate con el mar, dame una ola.
Una ola más, Muertita

Acerca de El Cuaderno

Desde El Cuaderno se atiende al más amplio abanico de propuestas culturales (literatura, géneros de no ficción, artes plásticas, fotografía, música, cine, teatro, cómic), combinado la cobertura del ámbito asturiano con la del universal, tanto hispánico como de otras culturas: un planteamiento ecléctico atento a la calidad y por encima de las tendencias estéticas.

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