Diarios de cuarentena

Pandémica, terrestre, infernal (3)

Tercera entrega de la antología de poesía de EL CUADERNO, que reúne diferentes formas de mirar al mal, al miedo, al desasosiego y a la incertidumbre generadas por la epidemia de 2020.

EL CUADERNO ha reunido los textos de un grupo de autores que desde sus cárceles de la cuarentena ha descendido a los infiernos de la pandemia para atisbar la tragedia, pero también la luz, de i nostri tramonti. Durante los próximos días se publicarán una selección de poemas que nos interrogan sobre los distintos rostros de la condición humana y sus fatalidades. Las dos primeras compilaciones recogía textos de José Luis García Martín, Fernando Menéndez, Antonio Manilla, José Luis Gómez Toré, Rosario Neira, Pelayo Puente Márquez, Emilio Amor, Avelino Fierro, Ángeles Carbajal, Carlos Alcorta, José Luis Zerón Huguet y Candela de las Heras. La tercera entrega de Pandémica, terrestre, infernal convoca a Lourdes Álvarez, Antonio Rivero Taravillo, Sergio Fernández Salvador, Yasmina Álvarez y Héctor Pérez Iglesias.

Lourdes ÁLVAREZ (La Güeria d’Urbiés-Mieres, 1961)

Les aves de la mañana crucen el sueñu / reposa’l parte inciertu d’esti día d’abril

Les aves de la mañana crucen el sueñu,
nesta parte del ser que respira por mi
reposa’l  parte inciertu d’esti día d’abril.

El martes llegó-yos la noticia pola que tanto llevaben esperando; Ella dio negativo: yá curara.
«Dientro poco, quiciabes güei,  volverá a la residencia, la captura, de vuelta a la residencia»,
comenta un familiar a los medios.
Pero enantes de que la treslladen al tiempu ivernizu onde vivía, axusta la mázcara a la cara,
nun vaya ser que’l llantu fienda la cantera.

Les aves de la mañana crucen el sueñu,
nesta parte del ser que respira por mi
reposa’l  parte inciertu d’esti día d’abril.

Siempre foi roca duro, sí, también agora. Consigue’l filo póstumu y cuese les ausencies.

Les aves de la mañana crucen el sueñu,
reposa’l  parte inciertu d’esti día d’abril

Nun tengo palabres sombríes/ non dafechu sombríes
pa cuntar lo que pasa / lo que nos ta pasando.

Las aves de la mañana cruzan el sueño / reposa el parte incierto de este día de abril

(Traducción del asturiano al castellano de la autora)

Las aves de la mañana cruzan el sueño,
en esta parte del ser que respira por mí
reposa el parte incierto de este día de abril.

El martes les ha llegado la noticia por la que tanto llevaban esperando; Ella ha dado negativo: ya estaba curada.
«Dentro de poco, quizá hoy,  volverá a la residencia, la captura, de vuelta a la residencia»,
comenta un familiar a los medios.
Pero antes de que la trasladen al tiempo invernal donde vivía, ajusta la máscara a la cara,
no vaya ser que el llanto parta la cantera.

Las aves de la mañana cruzan el sueño,
en esta parte del ser que respira por mí
reposa el parte incierto de este día de abril.

Siempre ha sido roca dura, sí, también ahora. Consigue el hilo póstumo y cose las ausencias.

Las aves de la mañana cruzan el sueño,
reposa el parte incierto de este día de abril.

No tengo palabras sombrías/ no completamente sombrías
para contar lo que pasa / lo que nos está pasando.

Pájaros y ciruelo, de Pu Zuo

Antonio RIVERO TARAVILLO (Melilla, 1963)

Un trampantojo

Han volado los patos del Alcázar,
ellos que apenas vuelan.
Se han sacudido la pereza
y agitado las alas
y han traspuesto murallas y tejados
y ahora graznan atónitos en calles
que el hombre ha despoblado: el decorado
de una plaga que abraza
urbes y pueblos
como al pulmón la asfixia.
Hambrientos y curiosos inspeccionan
estos nuevos dominios.
Católicas majestades o alcaides,
visires y califas ataviados con plumas,
se pavonean
en estanques de asfalto y por el río
seco de la avenida más desierta.
Caritativos,
echan las migas blandas del asombro
a quien los ve
patosos caminar por la ciudad
que ha cambiado de dueño.

Patos, de Galina Ivanova

Sergio FERNÁNDEZ SALVADOR (León, 1975)

Estado de alarma

Fuera respira el cielo,
los pájaros anidan donde nunca
se hubieran atrevido,
bostezan los columpios
y los pavos reales se pasean
por las calles vacías.

Dentro, este laberinto de una casa
llena de tiempo que se sabe espejo.
Laura y Andrea juegan sin saber
de los cientos de padres cada día,
de esta tristeza por
lo que dijimos y por lo que no.

Todo va a salir bien. Eso escribimos.
Esta vida no es vida.
Sólo queda soñar.

                            Estarán ya los lirios
jugando a mar, a cielo, a sol llorado.

Desnudo con alcatraces, de Diego Rivera (1944)

Yasmina ÁLVAREZ (Tinéu, 1978)

Poema performativo

Lo explicaba el profesor, muy serio, en clase:
Existen verbos que en sí mismos
producen un efecto en el mundo.
Es decir: si se pronuncian
realizan exactamente la acción que significan.
Y así, por ejemplo, con solo una palabra
quedaron inaugurados los pantanos,
declarados culpables los amantes,
condenados a muerte los poetas.
Dicho esto
y por el poder que me otorga la gramática,
decreto yo que en estos tiempos de guardar distancias
dicha nómina se amplíe a otros vocablos.
Que solo con decir besar, te esté besando.
Y que tú me respondas
con: piel, caricia, abrazo,
saliva, cuello, lengua, pechos,
desnuda, amor, deseo, cuerpo
y sean todos ellos,
desde hoy y para siempre,
                     actos de habla.

Beso bajo el agua, de Marco Ortolan

Héctor PÉREZ IGLESIAS (Arlós-Llanera, 1978)

(Traducciones del asturiano al castellano del autor)

1.

Tipos d’alverbios
hai varios: de mou,
de dulda, de tiempu…
Al pensar estos díes oxalá
pudiera tar ellí, esi
ellí más que de llugar
ye un alverbiu de tautu.

*

Tipos de advervios
hay varios: de modo,
de duda, de tiempo…
Al pensar estos días ojalá
pudiera estar allí. Ese
allí más que de lugar
es un adverbio de tacto.

2.

Na «Carta sobre los ciegos
para uso de los que ven» (1749), Diderot
fala (a mou d’esperimentu filosósficu
más que fisiolóxicu) de cómo los invidentes
percibiríen ciertos conceutos que nel día a día
la mayoría solemos dar por tan obvios que raramente
paramos a pensar nellos (y que-y sirven al pensador
de metáfora de les sos idees racionalistes). Hai pasaxes
como los d’esi home avezáu a reconocer cola pie
al que pregunten si cree en Dios
(¿pue haber precisamente conceutu menos epidérmicu?)
y diz Si usté quier que yo crea en Dios,
tien qu’enseñame a tocalu. O esi otru
nel qu’a un ciegu de nacimientu pregunten si querría
recuperar la vista, y el paisanu, que nun tien idea real
de lo qu’eso quier dicir, respuende que lo que de verdá
echa en falta ye nun tener unos brazos más llargos
colos que poder ver el mundu a la so manera…

Hai tamién nesti aislamientu dalgo de repentina
ceguera; ser conscientes de tolo que nos quedó
fuera del alcance de los abrazos.

*

En «Carta sobre los ciegos
para uso de los que ven» (1749), Diderot
habla (a modo de experimento filosófico
más que fisiológico) de cómo los invidentes
percibirían ciertos conceptos que en el día a día
la mayoría solemos dar por tan obvios que raramente
paramos a pensar en ellos (y que le sirven al pensador
de metáfora de sus ideas racionalistas). Hay pasajes
como los de ese hombre acostumbrado a reconocer con la piel
al que le preguntan si cree en Dios
(¿puede haber precisamente concepto menos epidérmico?)
y dice Si usted quiere que yo crea en Dios,
tiene que enseñarme a tocarlo. O ese otro
en el que a un ciego de nacimiento le preguntan si querría
recuperar la vista, y el hombre, que no tiene idea real
de lo que quiere dedir eso, responde que lo que de verdad
echa en falta es no tener unos brazos más largos
con los que poder ver el mundo a su manera…

Hay también en este aislamiento algo de repentina
ceguera; ser conscientes de todo que nos quedó fuera
del alcance de los abrazos.

3.

La pintura de los grandes maestros
dende fai sieglos, esos encuadres
tan midíos de tantes semeyes, escenes
grandioses nel cine faciéndonos creyer
de siempre que la perspeutiva apelaba
al sentíu de la vista
pa danos cuenta de sutaque que’l verdaderu
puntu de fuga siempre ye cuestión del tautu.

*

La pintura de los grandes maestros
desde hace siglos, esos encuadres
tan medidos de tantas fotografías, escenas
grandiosas en el cine haciéndonos creer
desde siempre que la perspectiva apelaba
al sentido de la vista
para darnos cuenta de repente que el verdadero
punto de fuga siempre es cuestión de tacto.

4

En casa viéronme una vez
poneme colonia enantes de contautar
contigo per videollamada: tovía
se tan riendo. Lo que nun saben
ye que yera la to colonia.
Nun ye comunicación
si nun siento’l to arume na piel.

*

En casa me vieron una vez
ponerme colonia antes de contactar
contigo por videollamada: todavía
se están riendo. Lo que no saben
es que era tu colonia.
No es comunicación
si no siento tu aroma en mi piel

Denis Diderot, de Louis Michel van Loo (1767)

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