> Mirar al retrovisor

Las vacunas de los doctores Mabuse y Caligari

Joan Santacana escribe contra la desconfianza hacia la ciencia que crece en Occidente, y que convoca turbios recuerdos de la Europa de entreguerras.

/ Mirar al retrovisor / Joan Santacana Mestre /

Vivimos malos tiempos para los científicos: parece como si mucha gente viera en ellos a una especie de encarnación del doctor Mabuse, el personaje de ficción creado por el escritor Norbert Jacques y que Fritz Lang llevó al cine, presentando a un científico maléfico que tenia una gran habilidad para el disfraz y la mentira y, mediante la telepatía y la hipnosis, hacía que sus secuaces cometieran los más horrendos crímenes. Hoy hay personas en nuestro mundo, gente aparentemente normal, a las que, cuando ven hablar a un científico, a un investigador, a un médico prescribiendo vacunas o precaviendo de problemas, se les disparan todas las alertas y discuten con ellos sobre ciencia, ignorando los más elementales principios científicos y confiando en supuestos sabios que tienen su cátedra en una desconocida web.

Es la prepotencia de la ignorancia, que hoy, a diferencia de ayer, se muestra impunemente, sin avergonzarse de sus desconocimientos. Y esto lo vemos en boca de actores y actrices cuyo único mérito es a veces haber gozado de las caricias de las cámaras de cine o de televisión; lo vemos también en personas que han accedido a la política y, por este solo hecho, consideran que la verdad es todo cuanto sale de su boca; y lo vemos también reflejado en tertulias de canales televisivos cuya función no es otra que entretener, es decir, conseguir que pase el tiempo.

La historia suele enseñar que el avance de los humanos, su camino hacia un mundo cada vez más estudiado, más conocido, más seguro y confortable es directamente proporcional al desarrollo del  conocimiento  científico. Pero la ciencia no suele ser un terreno propicio a verdades absolutas. La verdad científica es siempre una verdad de consenso; así, una investigación muestra que la naturaleza de la luz es corpuscular mientras que otra investigación plantea que se trata de ondas. La verdad científica se obtiene por el consenso científico, es decir, escuchadas las dos posiciones, se suele llegar a ciertos acuerdos que se consideran certezas. Y siempre las investigaciones posteriores validan mejor o peor la verdad científica consensuada. Y en estas circunstancias se puede llegar a la demostración.

Expuesto esto, cabe interrogarnos sobre ¿cómo diferenciar la información de la desinformación en ciencia? La respuesta es que siempre que sea posible hay que posicionarse a favor del consenso. Y el consenso científico no se alcanza mediante debates en las redes sociales ni mediante una sarta de insultos entre las partes, sino que se dispone de cauces específicos y mucho más sofisticados.

Por todo ello, ciencia no es una cuestión de opinión. No se trata de decir, «mire usted, yo esto lo sé porque lo he leído en Internet», ya que en las redes está lo que has leído y también todo lo contrario. Ni tampoco se resuelve una duda científica diciéndole al oponente «mire, yo tengo mis ideas como usted tiene las suyas y son tan válidas las mías como las suyas». Lo cierto es que, sobre si una prenda viste mejor o peor, esta aseveración es válida y puede hacerse; igualmente sobre si gusta mas el chocolate blanco que el negro, pero ante cómo se calcula el volumen de una esfera, la opinión no tiene ningún valor. Enfrentada al consenso científico, mi opinión no deja de ser una ocurrencia sin ningún valor.

La única forma de saber si nuestros conocimientos científicos son ciertos, son válidos como información y resultan operativos, es tener presente el consenso científico. Y esto sirve en todos los campos del saber; es igual en medicina que en botánica o en arqueología. Y el conocimiento científico se impone cuando las supercherías se hunden en el descredito. Yo puedo negar la eficacia de las vacunas, pero el tiempo suele validarlas y la no vacunación se suela pagar cara; asimismo, yo puedo negar la eficacia de la química, pero los analgésicos me calman el dolor.

Por ello, cuando hoy vemos emerger a tantas personas que participan de estas opiniones perversas, discutiendo el valor del conocimiento científico o incluso ridiculizándolo, no puedo menos que pensar en el triunfo póstumo del doctor Mabuse, el sabio malo, así como del doctor Caligari, también llevado al cine por Robert Wiene, y que mostraba al otro sabio perverso que también conducía a sus víctimas al asesinato, bajo los efectos de la hipnosis. Sin embargo, no hay que olvidar que todas estas fantasías mostradas magistralmente por el cine expresionista nacieron en un país, Alemania, en los años veinte, en medio de la más grave crisis de la posguerra. Y estos esquemas de la perversidad de los científicos y de la ciencia renace también en una época muy compleja, en la cual la acción política se percibe como un engaño y, al mismo tiempo, está desapareciendo nuestro sistema de seguridades mientras se ciernen sobre nosotros nuevas amenazas.


Joan Santacana Mestre (Calafell, 1948) es arqueólogo, especialista en museografía y patrimonio y una referencia fundamental en el campo de la museografía didáctica e interactiva. Fue miembro fundador del grupo Historia 13-16 de investigación sobre didáctica de la historia, y su obra científica y divulgativa comprende más de seiscientas publicaciones. Entre sus trabajos como arqueólogo destacan los llevados a cabo en el yacimiento fenicio de Aldovesta y la ciudadela ibérica y el castillo de la Santa Cruz de Calafell. En el campo de la museología, es responsable de numerosos proyectos de intervención a museos, centros de interpretación, conjuntos patrimoniales y yacimientos arqueológicos. Entre ellos destaca el proyecto museológico del Museo de Historia de Cataluña, que fue considerado un ejemplo paradigmático de museología didáctica.

1 comment on “Las vacunas de los doctores Mabuse y Caligari

  1. Benvolgut Joan,
    esperava aquest article amb candeletes !!!…. Estic totalment d’acord amb tot el que escrius, de cap a peus…. perquè estem massa encegats per xavalleria científica, una crec que pitjor que la pseudo-ciència…. i que ens està fent molt de mal a nosaltres, universitaris, i de retruc al món sencer !!!. Espero i desitjo que les aigües tornin a calmar-se i posar-se al lloc on els hi pertoca !!
    Moltes gràcies de nou per la teva saviesa !!

    Núria Rajadell-Puiggròs

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