/ Escuchar y no callar / Miguel de la Guardia /
En portada: Contactos 1, de Joaquín Michavila (1975). Colección BBVA
La formación artística de los españoles se ha basado tradicionalmente en el arte figurativo, con una valoración preeminente del dibujo frente a la pintura; lo que ha dado en detener el gusto en nuestro país en el movimiento impresionista al margen del reconocimiento internacional de nuestros artistas más famosos.
Soporto mal el comentario de algunos amigos que ante cuadros abstractos me dicen que ellos me harían una docena por el precio que yo pagué, sin detenerse a pensar en lo que hay detrás de esos colores y trazos que, lejos de reproducir imágenes conocidas, o no tan lejos, tratan de generar o transmitir emociones.
Como alumno aplicado de la enseñanza secundaria de los jesuitas aprendí a valorar el arte figurativo pero la exposición de Joaquín Michavila sobre el lago de la Albufera me abrió la mente a nuevas experiencias; a reconocer en las masas de color y sus reflejos las casas y su continuación en las aguas de los arrozales encharcados, los paisajes de que disfrutaba al cruzar desde El Saler hacia la carretera de Alicante. Luego vendría el placer de disfrutar del juego de líneas convergentes de Fernando Zóbel como representación de los reflejos de la luz sobre la superficie del agua, claramente explicitados en sus cuadernos de apuntes sobre el río Júcar (1971-1984) y el goce de las imágenes de Francisco Lozano, a caballo entre el abstracto y la representación de la vegetación de las dunas. Otro caso particular de simplificación de la realidad y su abstracción lo proporciona Julian Opie, que transforma en iconos en movimiento imágenes de personas realizando todo tipo de actividades y, se lo aseguro, algunas de sus instalaciones en movimiento son de una sensualidad muy provocativa.



Los ejemplos anteriores, tomados de la pintura contemporánea valenciana, conquense e internacional, confío en que inciten al lector a mirar las imágenes abstractas con ojos nuevos y a buscar el proceso que llevó al artista a esa estructura del cuadro más allá de las imágenes reales. A pesar de ello, no quisiera dar la impresión equivocada de que todo el arte abstracto es una transformación de los objetos y paisajes en conceptos de imagen especular, reflejo o reducción de la forma al color. Hay otra pintura abstracta que parte de los sentimientos del artista, de su concepción del espacio y de la gestualidad de su trazo. El arte abstracto es también la algarabía de colores y trazos de Jackson Pollock o las superficies de color de Mark Rothko o Sonia Delaunay, que han influido decisivamente en muchos de nuestros mejores pintores, como Soledad Sevilla o Juana Francés. Aquí el observador debe renunciar a interpretar las imágenes o buscar su origen en la naturaleza, dejando que sea el cuadro quien le atrape y le emocione.


Mucha gente desconecta ante el hecho artístico, especialmente en lo que se refiere al arte abstracto, excusándose en razones difusas de ignorancia o falta de criterio. Se equivocan: no hace falta un grado en arte ni un doctorado en historia del arte para disfrutar y emocionarse con el trabajo de los artistas y el secreto estriba en que lo que cuentan son la emoción y las sensaciones que provoca la obra en nuestros sentidos. Eso ni se enseña, ni depende de gustos oficiales, sino que parte de las propias vivencias del observador y de su exclusivo criterio. Que sea o no compartido por los eruditos y los académicos es otra historia, pero nunca tan intensa como el propio disfrute.
En conclusión deseo que estas opiniones despierten el interés del lector por los autores que se citen y le animen a contemplar el arte abstracto con ojos nuevos y sin exclusiones.

Miguel de la Guardia es catedrático de Química Analítica de la Universitat de València desde 1991. Tiene un índice H de 88 según Google Scholar y ha publicado más de 900 trabajos en revistas del Science Citation Index con más de 34.600 citas,5 patentes españolas, 4 libros sobre Green Analytical Chemistry (Elsevier, RSC y Wiley), un libro sobre Calidad del Aire (Elsevier), 2 libros sobre Análisis de Alimentos (Elsevier and Wiley) y un libro en dos volúmenes sobre Smart materials en Química Analítica (Wiley). En la actualidad está preparando un libro sobre Nuevas sustancias sicoactivas con un contrato con Elsevier. Además ha publicado 12 capítulos de libros. Ha dirigido 35 tesis doctorales y es Editor jefe de Microchemical Journal (Elsevier), miembro del consejo editorial de varias revistas y fue condecorado como Chevallier dans l’Ordre des Palmes Académiques por el Consejo de Ministros de Francia y Premio de la RSEQ (España). Entre 2008 y 2018 publicó más de 300 columnas de opinión en el diario Levante EMV y colabora con El Cuaderno desde mayo de 2021.
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Comparto totalmente su punto de vista.
Los típicos falsos argumentos del aficionado al arte que no quiere parecer reaccionario pero que ha reflexionado muy poco sobre lo que es o no es el Arte. El arte abstracto no existe: existe la decoración, más o menos bella. El arte, como todo en esta vida, no puede existir sin reglas. ¿Existe el fútbol abstracto, el ajedrez abstracto?
¿Quién decide de la calidad o de la mediocridad del arte abstracto? Los marchantes de arte, que pagan más o menos por él. El criterio de la calidad del arte abstracto es el dinero. El arte abstracto es un invento del capitalismo para multiplicar sus negocios, gracias a la ignorancia de la gente, que es capaz de tragarse que Pierre Soulages es un pintor, cuando no ha hecho más que embadurnar durante toda su vida lienzos de negro.
¿Dónde está el arte en los cuadros totalmente blancos de Ryman, algunos de los cuales se han pagado 20 millones de dólares (10 veces más que algunos Rembrandt)? ¿Dónde está el arte en las mamarrachadas de Tápies? ¿Cuántos cuadros abstractos nulos que están en museos si se vieran en una acera apoyados contra un cubo de la basura le parecerían arte a la gente que pasa por ella?
Quien CREE en el arte abstracto (es una fe como otra cualquiera, una ideología tan falsa como todas las ideologías) cree en el poder sobrehumano de ciertas personas, capaces de transformar milagrosamente objetos triviales como un urinario en arte (nadie ha logrado explicar nunca cómo lo hacen). Yo he discutido mucho sobre este tema, pero las discusiones se acaban siempre cuando pregunto al «creyente» si las latas de mierda de Manzoni («Merda d’artista»), que contienen 30 gr de sus excrementos y una de las cuales se ha vendido en 2019 por 275.000 euros (es decir, à más de 9 millones de euros el kg. de heces) son o no son arte. Porque nadie se atreve a decir que sí.
Esperemos que el señor Yusá asuma sus argumentos hasta el final y me demuestre aquí gracia a qué procedimiento químico o alquímico se puede convertir literalmente la mierda en arte.
Un lienzo en blanco es un lienzo en blanco y nada más
Pero si está en el MOMA, por arte de magia, se transforma en arte conceptual y su valor crece
Pero solo crece su valor económico, y ello como consecuencia del fetichismo social ante determinados hechos públicos y notorios
El arte abstracto existe ya que existen cuadros muy emocionantes elaborados a base de colores y dibujos, sin necesidad de representar nada real
Otra cuestión diferente es, ante una obra determinada de un autor, discernir si merece la pena o no para unas personas u otras, y dónde debe estar situado un cuadro abstracto para ser merecedor de nuestro aprecio
Yo creo que un buen abstracto no pasa desapercibido ni en un basurero
«El arte no puede existir sin reglas»
dice Villalba
Esa ya es una regla bastante subjetiva
No creo que la mayoría de los mejores artistas estuviera de acuerdo en esa afirmación
Y aunque lo estuvieran, si se les preguntara cuales son tales reglas, lo más probable es que no se pudieran de acuerdo
Muchas gracias por la excelente edición de mi columna, que se ha enriquecido con la selección de imágenes
.También agradezco que se haya incluido el CV y la foto de mi buen amigo Vicent Yusá. Esto añade una cierta tensión dramática al texto y crea la duda sobre la doble personalidad del autor o el empleo de heterónimos en El Cuaderno.
Todo un hallazgo, que agradezco de verdad
Jajaja, ay, Miguel, lo siento, no sé dónde tengo la cabeza. Ya está corregido.