/ una reseña de Miguel de la Guardia /
La última entrega de la trilogía sobre la familia de Pedro Simón completa un fresco muy realista de las diferentes edades de esta y supone un broche de oro a las excelentes Los ingratos y Los incomprendidos.
Relato sobre la vejez y cómo esta etapa puede alterar las relaciones familiares, historia no exenta de complejidad, con una trama que va más allá del costumbrismo o de las relaciones que se instalan en la sociedad española de clase media. Esta es una novela escrita con la buena técnica de su autor y que obliga al lector a ponerse en la piel de sus personajes, a enamorarse del culito más bonito de Carabanchel desde el primer capítulo o a compartir con el resto de personajes sus debilidades y grandezas.
Probablemente una de las grandes virtudes de la novela sea la contemplación de la vejez del protagonista como antesala de la vejez de todos nosotros y en ese punto remite a la novela gráfica Arrugas, de Paco Roca, en la medida en que todos somos conscientes de envejecer cuando al mirar el espejo, por un momento, creemos ver en él la imagen de nuestro padre. Además existen otras conexiones con este autor y su novela gráfica La casa, que conecta perfectamente con la parcela de la familia Prieto en Toledo. El nexo que el autor establece entre los protagonistas con el anciano Antonio es también el que logra entre cada uno de sus personajes y el lector pues remite a ideas y sensaciones que, de una u otra manera, han pasado alguna vez por nuestra cabeza.
Estructurada entorno a los tres hijos de Antonio —Carmen, Darío y Gabriel—, cada capítulo analiza las relaciones entre todos ellos, en ocasiones contemplando los mismos hechos con una mirada diferente; lo que provoca una visión poliédrica sobre esta familia. A este conjunto de capítulos en tres actos se añaden tres epílogos que contribuyen a cerrar el tema y abrir paso a la esperanza del lector, que, al llegar a ese punto, se ha involucrado de manera inevitable en la peripecia de los personajes.
Un papel primordial en la novela lo ocupan los personajes femeninos: no solo Carmen, la hija, sino también Olivia, la abuela ausente pero omnipresente; Erlinda, la mujer filipina interna en la casa de Gabriel; Rita, Sonia o Cuca, todas ellas tratadas con gran acierto por el autor y nunca comparsas; como tampoco lo son los dos nietos Hugo y Hernán.
En resumen, una novela de las que contribuyen a reconciliar al lector con el género humano y no por un buenismo estúpido y bobalicón, sino porque todos los personajes tienen esa dimensión de grandeza y miseria que llevamos dentro.

Pedro Simón
Espasa, 2024
312 páginas
20,80 €

Miguel de la Guardia es catedrático de Química Analítica de la Universitat de València desde 1991. Tiene un índice H de 88 según Google Scholar y ha publicado más de 900 trabajos en revistas del Science Citation Index con más de 34.600 citas,5 patentes españolas, 4 libros sobre Green Analytical Chemistry (Elsevier, RSC y Wiley), un libro sobre Calidad del Aire (Elsevier), 2 libros sobre Análisis de Alimentos (Elsevier and Wiley) y un libro en dos volúmenes sobre Smart materials en Química Analítica (Wiley). En la actualidad está preparando un libro sobre Nuevas sustancias sicoactivas con un contrato con Elsevier. Además ha publicado 12 capítulos de libros. Ha dirigido 35 tesis doctorales y es Editor jefe de Microchemical Journal (Elsevier), miembro del consejo editorial de varias revistas y fue condecorado como Chevallier dans l’Ordre des Palmes Académiques por el Consejo de Ministros de Francia y Premio de la RSEQ (España). Entre 2008 y 2018 publicó más de 300 columnas de opinión en el diario Levante EMV y colabora con El Cuaderno desde mayo de 2021.
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