El runrún interior

El runrún interior (153)

Pablo Batalla Cueto registra en su dietario pensamientos propios y notas de libros leídos y cosas vistas en Internet, escribiendo sobre una caricatura de 1945 sobre la hipocresía nazi o un ataque terrorista israelí en el Líbano.

/ por Pablo Batalla Cueto /

El runrún interior (152)

Miércoles, 18/9/2024. Sigo leyendo Los orígenes intelectuales del Tercer Reich, de George L. Mosse. El historiador escribe allá la más memorable definición del nazismo, después de aludir a «la tensión [que en algunos había] entre el deseo de mantener su estatus y su deseo igual de ferviente de cambiar radicalmente su sociedad» y a cómo lo resolvían «apelando a la revolución espiritual que revitalizaría la nación sin revolucionar su estructura». En última instancia, dice, «la revolución nazi fue la revolución burguesa “ideal”: una “revolución del alma” que en realidad no amenazó ninguno de los intereses económicos personales de la clase media».

Leo, también, un comentario muy interesante sobre el mundo völkisch y sus apelaciones telúricas a la tradición: su objetivo no era la conquista de «lo mejor y lo más bello», búsqueda que de hecho rechazaban explícitamente, sino «lo eternamente bueno y bello». Frente a la verticalidad metafísica de la era del progreso y sus variopintas pretensiones de asaltar los cielos, una resonancia distinta, horizontal de la horizontalidad transhistórica de la tradición. Que el retumbo lo proporcione, no la conquista de lo inédito, sino el dejarse conquistar por lo sempiterno. Asaltar la tierra. «Debemos descifrar con nuestra alma el paisaje que la arqueología reconquista con la pala», decía Guido von List.

Habla Mosse asimismo de las utopías germánicas; comunidades agrarias cerradas que se fundaban en lugares apartados para practicar el modo de vida völkisch y restaurar las tradiciones alemanasy que recibían nombres como Mittgart, el del origen mitológico de la raza aria. El caso es que Mosse apunta, en torno a esto, algo en lo que yo había pensado otras veces: los vasos comunicantes entre este romanticismo germánico, predecesor del nazismo, y el sionismo, surgido, al fin y al cabo, en el mismo contexto, por impulso de judíos askenazíes como Theodor Herzl, un austríaco que en su juventud había militado en hermandades nacionalistas alemanas, antes de llegar a la conclusión, con el affaire Dreyfus, de que la asimilación de los judíos era imposible. El proyecto sionista, los kibutzim, a su escala el mismo Israel, ¿no son la versión judía de un Mittgart, y un Mittgart exitoso para más señas?

A Mosse, tras publicar el libro en los años sesenta, se le criticó a veces el darle demasiada importancia a una ideología, esta de lo völkisch, que no dejó de ser un asunto de minorías; una extravagancia de sectores muy pequeños de la población. Pero el historiador decía —y ello encierra una lección para el presente, en el que tal vez estén pasando las mismas cosas con otras minorías activistas— que

«La importancia del movimiento völkisch en general nunca residió en su fuerza numérica. Después de todo, en sus inicios los nacionalsocialistas no superaban el millar. Su importancia residía en las ideas que lograban proyectar a la escena nacional, los movimientos que lograban penetrar y las personas cuya imaginación lograron captar y que no necesariamente se integraban en alguna iniciativa organizada. Los que eran lo bastante atrevidos para desdeñar las costumbres y comodidades de la sociedad también eran los que menos tapujos usaban al hablar y los menos propensos a sentirse intimidados por un público poco receptivo o incluso hostil».

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Israel mata y hiere a decenas de personas en el Líbano mediante un extraño ataque a sus buscas, que explotaron. Como dice Diego E. Barros, «Rusia mata a sus enemigos con Novichok y otras toxinas e Israel con buscas. En el fondo es lo mismo».

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La nueva novia de Iñaki Urdangarin es una tal Olympia Beracasa, una millonaria venezolana, residente en el barrio de Salamanca de Madrid. Señala el tuitero Corolen Sponsz que esto dice «dos cosas y las dos preocupantes: que la influencia de la derecha venezolana llega ya a los aledaños de la jefatura del Estado. Y que como no pueden echar al chavismo de su país, el proyecto de la derecha venezolana es recrear la Venezuela perdida en España».

Por cierto que Olympia Beracasa parece el nombre de una inmobiliaria, o, mejor dicho, de la fusión de dos. «Hemos amalgamado la tradición y la experiencia de Olympia, fundada en 1939 y con tres generaciones de amor por el trabajo bien hecho, con la frescura y la vocación innovadora de Beracasa, que ha revolucionado el sector con…», etcétera etcétera.

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Veo anunciar un próximo concierto de Banda Bassotti en Mieres, que no sé quién organiza, pero se presenta como «festival solidario». En el cartel aparecen banderas zaristas que permiten deducir a quién se dirige su solidaridad. La verdad es que era fácil suponer que los muchachos de Banda Bassotti serían hoy más putinistas que Putin, pero no me apetecía comprobarlo, porque son la banda sonora de mi adolescencia y sigo escuchándolos mucho. Qué desgracia de gente.

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«El arte, como el amor, no sabe de ideologías», dice Vox sobre la escultura de los facciosos del Simancas en Gijón, que IU y Podemos quieren demoler y yo también. Levantémosle, pues —diría yo a estas gentes de Vox— una estatua a Stalin en el Humedal, de cien metros de alto y que eche fuego por la boca, que, total, el arte, como el amor, no sabe de ideologías. Es increíble la desfachatez de esta gente. Yo creo que incluso los autores del monumento se hubieran molestado si les hubieran dicho que el arte, que su escultura, no tenía ideología. Hubieran dicho: «Claro que la tiene: la ideología buena».


Jueves, 19/9/2024. Carlos Flores, de Vox, condenado por maltratar a su mujer, reconocido por el ayuntamiento de Valencia por un relato sobre igualdad. Una vez más, mexan por nós e din que chove.


Viernes, 20/9/2024. El candidato republicano a gobernador de Carolina del Norte, un afroamericano llamado Mike Robinson, se autodenominó «nazi negro» en una web porno y defendió la esclavitud. Como dice Moriche, está todo rotísimo. Y como más precisamente dice Gustavo Sanromán, no queda ya ninguna permutación combinatoria identitaria, ningún monstruo frankensteiniano-almodovariano por aflorar. Aquí estamos ya todos para el combate final.


Sábado, 21/9/2024. Apunta Jónatham F. Moriche algo en lo que pensar, con respecto al ataque terrorista de Israel a los buscas libaneses: «por las propias características de los dispositivos detonados, no había modo de que Israel tuviese certeza de que alguno de sus usuarios no estaba, entre otros posibles escenarios, en vuelo en un avión de pasajeros. Simplemente les dio igual».

Otro comentario de Moriche: «La misteriosa doctora en física dueña de la empresa húngara que facturó los buscas-bomba se llama Cristiana Barsony-Arcidiacono. Todo, hasta los nombres, trae ecos del Gran Juego del XIX-XX. Babylon Berlin con armas atómicas, inteligencia artificial, cambio climático y Twitter».

Y otro más: «Distintas investigaciones periodísticas sobre la campaña ciberterrorista israelí contra Líbano siguen subtramas en Taiwán, Japón, Brasil, Hungría, Bulgaria, Noruega, Irán, Reino Unido… Decían en The Wire: “all is in the game”».

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Mosse cuenta en Los orígenes intelectuales del Tercer Reich cómo fue gestándose el antisemitismo en el seno del movimiento völkisch, que en principio no odiaba a los judíos y admitía su asimilación, pero, con el tiempo, acabaría diciendo que —como escupía Heinrich Claβ— «la idea de que todo lo que posee un rostro humano debe tener los mismos derechos es una doctrina que el día a día contradice» Y es interesante una cosa que leo hoy sobre Hermann Goedsche, un novelista que escribió con el seudónimo de Sir John Retcliffe y fue famoso sobre todo por una novela titulada Biarritz, publicada en 1868. En ella, cuenta Mosse, «los judíos eran retratados como conspiradores contra el mundo gentil [… que] se reunían en el “misterioso” cementerio del gueto de Praga, donde urdían la conquista del mundo». Y era una novela, un relato ficticio, se anunciaba como tal, pero se convirtió en un precursor de Los protocolos de los sabios de Sion y fue utilizado por los nazis como prueba documental de la conspiración judía mundial. En tiempos de vesania se produce una suerte de disolución cognitiva, la ficción se vuelve realidad y la realidad ficción; y a la maquinaria del bulo homicida, cualquier gasolina le sirve.


Domingo, 22/9/2024. Se estrena La virgen roja, una película de Paula Ortiz sobre Hildegart Rodríguez, aquella niña prodigio concebida en los años diez por una madre anarquista que quería educar y construir a la mujer ideal, pero la acabó asesinando cuando quiso volar libre. Ello es que las actrices elegidas no se parecen físicamente a los personajes reales absolutamente en nada: son muy guapas y muy delgadas, cuando, yendo a las fotos que se conservan de ellas, ni Aurora Rodríguez Carballeira ni Hildegart se caracterizaron por ninguna de las dos cosas. Lo señala Esther López Barceló, que comenta que no estaría mal que hubiera «mujeres gordas y reales haciendo papeles en los que la gordura no es el eje del argumento. Como si fuéramos personas humanas con identidades que van más allá de nuestras carnes excesivas y onduladas. Imaginad qué fantasía».


Lunes, 23/9/2024. Anoche soñé que me daban quince días de vida, que el estadio coruñés de Riazor —que no significa nada para mí: soy de Gijón y del Sporting— se trasladaba piedra por piedra a Madrid y que encabezaba una manifestación en León (no recuerdo con qué reivindicación) con Felipe González, Cándido Méndez,Edu Bayón y El Cordobés [sic]. Qué inescrutables son los caminos del cerebro dormido.

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Dedica Álvaro Acebes Arias uno de sus rescates en El Cuaderno a mi paisano Julián Ayesta, el autor de esa novelita inclasificable y cautivadora que es Helena o el mar del verano. Yo me la leí hace unos pocos meses y he de decir que me decepcionó un poco, pero tal vez porque me la habían puesto tan por las nubes que esa cierta desilusión estaba más o menos asegurada. Eso que los chavales de ahora llaman hype. En todo caso, ese final es absolutamente deslumbrante, y ahora que Álvaro lo cita, lo releo varias veces, embriagado:

«No hablamos más. Íbamos juntos, solos, entre el silencio del crepúsculo. Solos entre el silencio del tiempo. Solos para siempre. Juntos y solos, andando juntos y solos entre el silencio del mundo y del mar y del mundo, andando andando. Y todo era como un gran arco y nosotros lo íbamos pasando y al otro lado estaba nuestro mundo y nuestro tiempo y nuestro sol y nuestra luz y nuestra noche y estrellas y montes y pájaros y siempre…».

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Remata mi amigo Ernesto Díaz una pequeña investigación que ha estado haciendo en los últimos tiempos: comprobar cuántas carreras de montaña se organizan en las provincias de la cordillera cantábrica. Le han salido 245 carreras entre Asturias, Cantabria, León, Zamora, Palencia, Lugo y Ourense. La mayoría, en espacios naturales protegidos. Si se suman los kilómetros de todas y se calculan los participantes (150 de media), sale un impacto tremendo. 275 carreras equivalen a 41.250 personas, así que —como me dice Ernesto— «si más o menos la mitad de los saraos son en espacios naturales, estamos metiendo 20.000 personas al año en parques naturales y nacionales (Picos) dando zapatilla».

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Una caricatura de 1945, sobre la hipocresía nazi: «El tipo ario: rubio como Hitler, delgado como Göring, alto como Goebbels».

El caso es que, según leo en Los orígenes intelectuales del Tercer Reich, el periódico Die Sonne llegó a asegurar a sus lectores en 1933 que Hitler tenía los ojos azules y era rubio. Como escribe Mosse, «por muy irracionales que fuesen estas ideas racistas, calaron tan hondo en la mente de muchos alemanes que estos las aceptaron incluso cuando sus ojos les decían lo contrario». También se desarrollaron alambiques retóricos como el de que —como decía Ludwig Ferdinand Clauβ— «en un cabello negro y una baja estatura puede haber almas delgadas y rubias».

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El papel de la guerra como forja nacionalista. Franz Schauwecker, un escritor völkisch, escribió esto después de la primera guerra mundial, leo en Los orígenes intelectuales del Tercer Reich: «Vimos nuestra sangre empapar la tierra viva en la que habíamos enterrado a dos millones de hermanos. Volvimos y habíamos experimentado la nación. Solo donde hay destrucción ha lugar a esa poderosa revelación».


Martes, 24/9/2024. En Grecia, el PASOK ya no se pasokiza, sino que Syriza se syriciza, y ya la sobrepasa, no solo el PASOK, sino hasta el comunista ortodoxo KKE. Es lo que dice una encuesta que le predice un 15,5% a los socialistas (pero las elecciones las sigue ganando la conservadora Nueva Democracia, con el 28%), el 10,1% al KKE y solo el 9% al partido de Tsipras. Sic transit gloria mundi.

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Xandru Fernández: «Cada vez entiendo más la escritura como una forma de autodisciplina. No se trata ya de transmitir algo (total, nos leemos cada vez menos unos a otros), sino de imponer una cierta lentitud al pensamiento. Evitar que se desboque».

El runrún interior (154)


Pablo Batalla Cueto (Gijón, 1987) es licenciado en historia por la Universidad de Salamanca, periodista y corrector de estilo. Ha sido o es colaborador de los periódicos y revistas Asturias24, La Voz de Asturias, Atlántica XXII, NevilleNueva Sociedad, Crítica.cl, Jot Down, La Soga, Nortes, LaU, La Marea, CTXT, Público y El País; ha dirigido A Quemarropa, periódico oficial de la Semana Negra de Gijón, y desde 2018 es coordinador de EL CUADERNO. Ha publicado los libros Si cantara el gallo rojo: biografía social de Jesús Montes Estrada, ‘Churruca’ (2017), La virtud en la montaña: vindicación de un alpinismo lento, ilustrado y anticapitalista (2019), Los nuevos odres del nacionalismo español (2021) y La ira azul: el sueño milenario de la Revolución (2023).


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