Escuchar y no callar

La estrategia de la polarización

Miguel de la Guardia escribe sobre los riesgos de alimentar el odio contra los antagonistas políticos, poniendo ejemplos de derecha y de izquierda.

/ Escuchar y no callar / Miguel de la Guardia /

Me temo que no somos conscientes de los riesgos de polarizar una sociedad. No se trata tan solo de marcar diferencias entre los puntos de vista de los unos y de los otros. Ni siquiera de afianzar las bases de unas creencias comunes a un grupo. En el fondo de la polarización de una sociedad lo que hay es el odio: odio a quien no comparte los puntos de vista del antagonista; odio a los otros, a los que se identifica como la causa de todos los males.

Se tiende a pensar que la polarización es el arma de los ultras para aumentar su popularidad entre la población de los votantes descontentos con su suerte y las políticas tradicionales. Con ello buscan enemigos que expliquen sus males, y así ha sido históricamente y también ocurre en los Estados Unidos del señor Trump; pero la novedad es el empleo de esta estrategia por gobiernos y partidos que se autodenominan democráticos e incluso progresistas.

En Venezuela coexistían dos partidos mayoritarios que se turnaban en el ejercicio del poder. Lamentablemente, en aquel país lo peor de cada familia se dedicaba a la política y la corrupción de unos y otros socavó la confianza de los ciudadanos hasta el punto de que un golpista acabara ganando las elecciones con un discurso populista en las propuestas, aunque fundamentado en la veracidad de sus críticas. Lo que pasó a continuación ya es historia: se fue expulsando del país directa o indirectamente a quien disentía de la línea oficial mientras se iba alimentando una nueva clase financiada por el Gobierno. Se cambiaron las leyes en beneficio de la llamada República bolivariana (para vergüenza de Simón Bolívar) y se puso al frente de las instituciones a los elementos del régimen. Se incrementó la emigración y se fue dificultando hasta la renovación del pasaporte de quienes tuvieron que salir de un país que ahogaba sus sueños. Se sustituyó la cultura del esfuerzo por la de la subvención a los votantes leales y eso fue deteriorando las estructuras de producción y provocando la salida de las empresas. Hoy, el nivel de pobreza de un gran país saqueado por el señor Maduro y sus compañeros ya no es capaz ni de mantener subvencionados a sus partidarios, y de ahí que haya perdido las elecciones presidenciales, a pesar de sus maniobras.

En Cataluña se han ensayado las mismas fórmulas, copando e instrumentalizando las instituciones, transformando en vehículo de propaganda los medios públicos de información, empleando la lengua como ariete frente a los hispanohablantes, a los que se negaba la escolarización de sus hijos en su propia lengua, reescribiendo la historia para instruir a los partidarios en el odio a España, creando supuestas embajadas que actuaban como recompensa a los fieles y vehículos de presión para convencer a la comunidad internacional de la veracidad de un relato que se iba inventando. Lo peor de las actuaciones anteriores no ha sido la fuga de empresas, ni tan siquiera la prevaricación y el enriquecimiento de los separatistas, que han llegado a vivir de las instituciones autonómicas y disfrutar de privilegios incluso estando huidos de la justicia; lo peor ha sido la polarización de la sociedad catalana, la ruptura de familias y amistades bajo la presión de la acción de los separatistas en el poder. Afortunadamente, parece que el discurso separatista se va desinflando y se aleja el peligro de una balcanización del problema. Podría haber sido peor si la conexión rusa hubiese complementado la acción de gobierno regional.

A nivel nacional, la polarización se practica tanto desde el Gobierno como desde los partidos de oposición y me temo que eso, aunque pueda parecer una estrategia apropiada a corto plazo, acabe debilitando a las instituciones que se intentan instrumentalizar por parte del ejecutivo y a dañar la imagen y posibilidades de ser alternativa de una oposición que se pretenda con visión de Estado. Si ridículo es que el gobierno se limite a criticar a la oposición en lugar de gobernar y explicar sus políticas con luz y taquígrafos, lamentable es que una oposición que se pretenda razonable no haga propuestas en positivo de leyes y reformas que evidencien a los ciudadanos que otra forma de administrar las instituciones es posible.

En este momento, la oposición a nivel nacional gobierna en numerosos ayuntamientos y comunidades autónomas y ahí tienen la oportunidad de evitar políticas sectarias y centrarse en la resolución de los problemas de los ciudadanos.

En particular me atrevería a recomendar, a cualquier partido de oposición en cualquier institución, que se limite a preguntar al Gobierno sin hacer valoraciones previas en las sesiones de control, lo que pondría de manifiesto los posibles errores y obligaría al Gobierno a responder con sinceridad a esas cuestiones, esforzándose en poner de manifiesto las ventajas de sus decisiones para los ciudadanos. En cuanto a las iniciativas legales, el Gobierno debería enfocarlas a la resolución de los problemas de la ciudadanía y, si no lo hace, animaría a la oposición a tomar la delantera, lanzando propuestas en positivo que puedan percibirse como tales por los votantes.

Gobernar no es poner a fieles amigos y palmeros al frente de las instituciones para acaparar poder, sino facilitar la vida de los ciudadanos administrando correctamente los ingresos de las instituciones en favor de todos los españoles por igual. Ejercer la oposición no debe consistir en poner palos en la rueda de las instituciones y criticar sin argumentar. Lo contrario a lo dicho es lo que crea un ambiente propicio a la polarización de la sociedad en una estrategia que trata de sustituir la crítica reposada por la adhesión incondicional a favor o en contra de unos y otros, independientemente de la racionalidad de las propuestas y eso tan solo alimenta el odio y la confrontación irracional.


Miguel de la Guardia es catedrático de Química Analítica de la Universitat de València desde 1991. Tiene un índice H de 88 según Google Scholar y ha publicado más de 900 trabajos en revistas del Science Citation Index con más de 34.600 citas,5 patentes españolas, 4 libros sobre Green Analytical Chemistry (Elsevier, RSC y Wiley), un libro sobre Calidad del Aire (Elsevier), 2 libros sobre Análisis de Alimentos (Elsevier and Wiley) y un libro en dos volúmenes sobre Smart materials en Química Analítica (Wiley). En la actualidad está preparando un libro sobre Nuevas sustancias sicoactivas con un contrato con Elsevier. Además ha publicado 12 capítulos de libros. Ha dirigido 35 tesis doctorales y es Editor jefe de Microchemical Journal (Elsevier), miembro del consejo editorial de varias revistas y fue condecorado como Chevallier dans l’Ordre des Palmes Académiques por el Consejo de Ministros de Francia y Premio de la RSEQ (España). Entre 2008 y 2018 publicó más de 300 columnas de opinión en el diario Levante EMV y colabora con El Cuaderno desde mayo de 2021. 


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2 comments on “La estrategia de la polarización

  1. guillermoquintsalonso

    Cada aparición de la Ministra de vivienda es un manual de polarización y lo es a pesar de tener ante
    sí un problema que afecta a cientos de miles o millones de personas; un problema en el que la búsqueda de la coalición es inevitable para solventar un problema que han dejado crecer los unos y los otros hasta hacer imposible la vida a muchos cientos de miles. Y luego vienen «los Alvise» porque el sistema no se toma las precauciones precisas para que eso no sea posible y el hueco que precisan «los Alvise» se lo crea esa insoportable polarización. Si en algún momento es preciso, inevitable, romperla es ahora! Hay algo que ya ha quedado claro: hay gente que vive de la polarización como otros viven de practicar la inseminación. Guillermo Quintás.

    • Miguel de la Guardia

      Totalmente de acuerdo, Guillermo. Hay que evitar el odio y no alimentarlo

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