Cisnes, cañones, hidras de siete cabezas

Las ocasiones, pero solo las felices

Alberto R. Torices reseña 'Las ocasiones', de Rubén Lardín, alguien que «nos recuerda en cada página que somos criaturas nacidas para ser libres, que tenemos el derecho y el deber de serlo, y por eso se indigna y se deprime, rabia y pena al vernos sometidos y estabulados, atados y bien atados».

/ Cisnes, cañones, hidras de siete cabezas / Alberto R. Torices /

A quién no le puede a veces el vértigo, quién no necesita de pronto parar un poco y echarse a un lado, mirar atrás, hacer recuento. Incluso un hombre tan arrojado, tan lanzado al río que nos lleva como Rubén Lardín, se para de vez en cuando a juntar y ordenar sus papeles, a conformarlos y expurgarlos, y retoca y suelda lo que haya que soldar o retocar, y agavilla finalmente hermosos haces que da a sus editores con la misma generosidad con que los editores se dan a él. Son ocasiones felices, mucho, pues hablamos del mejor escritor de nuestra generación, por lo menos, y también de un autor cuya obra se ha ido haciendo de manera muy fragmentaria y perdidiza, ahormada mayormente al pulso y medida del texto breve —artículo, reseña, post— que se quiere único y total y es, acaba siendo, espejo o eco, compendio y resumen de todos los demás, a los que se añade y replica y con los que va elevándose como se eleva una duna o un parapeto, un faro o una muralla china. La summa es, va siendo, una precipitación fecunda, numerosa, de partículas desperdigadas y elementales que se reagrupan en libros como este, más otras muchas que el lector puede rastrear y  rejuntar como las piezas de ese mecano al que siempre le faltará algún gozne, algún sillar, ay. Un juguete, un juego, que cada vez nos dará una forma distinta pero igual, igual pero distinta.

Rubén surgió muy oportunamente en la escena de la contracultura barcelonesa de los noventas, se fogueó a gusto —pluma y espada, espada y pincel— en el fanzine, y cuando el fanzine fue sepultado por el alud de Internet se acaballó graciosamente a la montura del blog, bendito formato que nos lo descubrió a él y a otros tantos de su quinta gloriosa y alrededores. Sus intereses han estado siempre orientados a lo que la cultura tasada, digamos «oficial», va despreciando y orillando, esos márgenes ignorados en los que crecen tupidos bosques, animales fabulosos. Se ha interesado muy especialmente por el cómic y por el cine, ámbitos en los que se desenvuelve como una reina por sus aposentos y en los que su autoridad intelectual es abrumadora, punto. Es devoto del terror, de la ciencia ficción, del underground; de los géneros más denostados y de autores que solo lee él, de libros rebuscados y extrañísimos por los que se interesa como el niño que no tiene miedo a los bichos. Cultiva una florida erotomanía en la que se dan la mano todos los extremos y filias, o la mayoría, y a ellos aplica toda la sensibilidad, todo el fuego, toda la libertad. Su educación, su curiosidad y su carácter lo han convertido en un hombre con una cultura vastísima, un universo que ha ido armando a su bola y que vemos orbitar graciosa y livianamente sobre su cráneo cada vez un poco más pelado y brillante. Sí, lo amamos. Lo envidiamos, lo admiramos, lo necesitamos.

Las ocasiones es una nueva entrega de esta escritura personal y hasta íntima, hasta impúdica, que Rubén mantiene hábil o milagrosamente sobre la cuerda floja que pende entre la inocencia y la experiencia. Sobre ese filo va y viene nuestro autor alegre, rabioso, temerario, modulando conforme a su apetito la distancia a la que sobrevuela el mundo y sus cuerpos, sus sustancias; dolido, conmovido, enamorado; colérico, poseído, muerto de ganas. Inclasificable, con ritmos, tonos y hechuras de diarismo, y licencias o acabados más o menos novelescos, va vertiendo en sucesivas entradas su pensar y su despensar, su memoria y sus fantasías, sus maldiciones y sus bienaventuranzas, aunque luego quiera atribuírselas a un supuesto narrador o a «una persona de Barcelona que se muda a Madrid». En estos textos, estos sueltos que penden del hilo que decimos como la ropa blanca de las coladas, se habla de cine, de amor o de sexo, de los viejos amigos, de su ciudad y de otras ciudades, de sexo otra vez, de sus deambulaciones por Madrí. De su forma de mirar el mundo y estar en él, y de sus maneras de ausentarse; de lo que le irrita y lo que le encandila; de la marcha muy absurda que lleva y llevamos todos sus semejantes, no todos con la misma fortuna.

Rubén Lardín escribe como camina, piensa de la misma manera que pasea, esto es, va pensando sin pararse a pensar, mira y se pierde y se decanta en las esquinas, tirando por aquí o por allá sin más afán ni planificación que la que requiere echar una carta al buzón o comprar un bote de tomate. Natural, por supuesto. Su pensar se va así haciendo y deshaciendo, se va y nos va enredando, enriqueciendo de hallazgos y azares. No necesita mucho más porque es dueño, creo que ya lo he dicho dos millones de veces, de un cráneo previlegiado y de una prosa excepcional, es autor de papeles en los que la lengua se engolosina y se expande, se recrea y se vierte toda, la muy…, y así da su más alta talla, despliega toda su sensual plasticidad, toda su posible belleza. Lo leemos y nos sentimos también desleer y verter, y nos entran ganas de llorar y sonreír, de hacerle el amor al mundo entero o cabalgar la bomba atómica. Solo por eso, por el deleite, por la belleza lozana y atrevida y distinta, por el gozo físico y químico que nos brinda, merece nuestra más alta consideración. Pero eso que es tanto, y bastaría, no es todo, hay más, mucho más que también se nos da en abundancia en su escritura, como dan los mejores anfitriones a los convocados a su mesa.

De una manera o de otra o de todas, Rubén Lardín nos recuerda en cada página que somos criaturas nacidas para ser libres, que tenemos el derecho y el deber de serlo, y por eso se indigna y se deprime, rabia y pena al vernos sometidos y estabulados, atados y bien atados… Quizá esto que digo no sea así en absoluto; quizá no seamos, para nada, criaturas nacidas para la libertad, y nuestra naturaleza más profunda y auténtica nos predisponga más bien a la obediencia y la imitación, a ceder, servir y acomodarnos, a la cobardía, a la crueldad, al egoísmo más ciego y más necio. Sea como sea, Lardín es un escritor y un hombre incapaz de tolerar el espectáculo que estamos dando, básicamente el de nuestra rendición, el de nuestra renuncia a la dignidad, a la inteligencia, a la mínima bondad, y su escritura, su voz toda, es una lluvia de pedradas contra nuestros cristales, una bofetada tras otra al cretino pequeñoburgués que somos, o queremos ser, o acabaremos siendo. El radical libre Rubén Lardín es el más cuerdo en la sociedad de sádicos y majaras que somos, de seres alienados y conformes, embrutecidos y banales, sometidos voluntariamente a todo tipo de servidumbres del cuerpo, de la mente y del espíritu, incluidas muy especialmente las llamadas «trabajo», pero también las que denominamos, con toda la cara dura del mundo, «cultura», «arte», «política», frutos podridos de nuestra sensibilidad y nuestra inteligencia embozadas en lo dictado y en lo convenido. Por todo ello, digo y establezco y ordeno que es un autor oportuno y necesario, que su medicina se administre al enfermo que somos en generosa posología, que se acuda a sus papeles como se acude sin falta al plato y al vaso, al agua y al ibuprofeno, a Dios y a todos los demonios. Que así sea o que así me lleven a mí.


Las ocasiones
Rubén Lardín
Fulgencio Pimentel, 2024
284 páginas
21,85 €

Alberto Rodríguez Torices (Guernica [Vizcaya], 1972) ha publicado los libros de cuentos Yo, el monstruo (2002), Los sueños apócrifos (2009), Trata de olvidarlas (2017) y El trabajo está hecho (2021), y las novelas Piel todavía muy blanca (Premio Tierras de León, 2004), Sacrificio (Premio Fundación MonteLeón, 2015), Como un perro en la tumba de un cruzado (2019) y Desposesión (2024). Ha recibido asimismo el Premio de Narración Breve UNED (2009) y el Premio de Relatos La Puerta de Tannhäuser (2017), entre otros. Fue miembro del equipo editor de las revistas Otras Voces y The Children’s Book of American Birds. Reside en Valdefresno (León) y se dedica a tareas de preimpresión y diseño editorial.


Descubre más desde El Cuaderno

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Acerca de El Cuaderno

Desde El Cuaderno se atiende al más amplio abanico de propuestas culturales (literatura, géneros de no ficción, artes plásticas, fotografía, música, cine, teatro, cómic), combinado la cobertura del ámbito asturiano con la del universal, tanto hispánico como de otras culturas: un planteamiento ecléctico atento a la calidad y por encima de las tendencias estéticas.

0 comments on “Las ocasiones, pero solo las felices

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Descubre más desde El Cuaderno

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo