/ Mirar al retrovisor / Joan Santacana /
Resulta difícil comprender lo que pasa hoy en Estados Unidos. Un multimillonario tildado de loco, según parece también corrupto, ascendió a la presidencia con promesas aterradoras, atendiendo al hecho que dispone del botón nuclear. Ha dinamitado alianzas y fraternidades tejidas pacientemente durante casi un siglo de política, ha dilapidado el créditode buenismo que muchos incautos atribuían al made in USA, se ha rodeado de fieles y devotos que le siguen ciegamente, así como la mitad de la población norteamericana. La otra mitad contempla atónita cómo la obra política de doscientos cincuenta años se volatiliza. El país que había encabezado el ranking de patentes, que es la sede de las más poderosas industrias farmacéuticas, en donde se ubican las más sólidas universidades, se autodestruye, y quienes ayudaron de forma determinante a vencer al fascismo y al nazismo hoy imitan eslóganes y símbolos de un negro pasado. Se está arruinando además a la clase media americana y llenándose de miedo a periodistas, académicos y a intelectuales, que en el corazón del país de las libertades tienen miedo incluso a opinar. Hoy ser norteamericano y viajar por el mundo debe de ser duro.
¿Por qué pudo ocurrir un fenómeno de esta magnitud? ¿Quiénes son los aliados de este millonario qua ha transformado el despacho de Washington, Jefferson, Lincoln, Roosevelt o Kennedy en un plató televisivo barato?
Dos fuerzas se han aliado y han provocado este caos: por una parte una fuerte y poderosa corriente nacionalista, aislacionista, que desde hace más de un siglo sigue defendiendo el América primero, o, lo que es lo mismo, América para los americanos, la famosa doctrina Monroe que en realidad significa América para los norteamericanos y con la cual se han justificado todas las agresiones cometidas contra los pueblos latinos. Esta corriente conservadora, extraordinariamente miope, impropia de quienes quieren liderar el mundo, es la que predomina en las grandes llanuras, en las zonas rurales, en los distritos desindustrializados de un inmenso país que está acostumbrado a manejar la fábrica de papel moneda, el dólar, hasta hoy indiscutido. Esta es la primera gran fuerza que ha elevado a Trump al poder por dos veces. Y para ellos se está llevando a cabo una cruzada contra la emigración y contra los supuestos enemigos de la industria americana: China, Europa y el resto del mundo. También son ellos los que exigen eliminar la «burocracia» de la capital federal, es decir, destruir el poder de Washington.
La otra fuerza que impulsa al trumpismo es la de los neolibertarios que habitan Silicon Valley; ellos se han convertido en millonarios superpoderosos, desprecian al resto de los seres humanos a los que ven como simples números, una especie de epsilons del mundo feliz de Huxley. Agazapados en Silicon Valley, quieren romper las regulaciones que la sociedad impone a sus actos de control absoluto de los ciudadanos. A este grupo incluso universidades como Harvard les molestan y, por supuesto, el derecho internacional les estorba. Para ellos, la democracia es una pantomima que sustituirán con sus robots y su IA. Ambas fuerzas detrás de Trump y el movimiento MAGA son peligrosas, pero también incompatibles entre sí. Miren el caso del megalómano millonario de Tesla: su producto estrella era el coche eléctrico que le catapultó a la cima de clase multimillonaria; sus compradores eran hombres y mujeres de todo el mundo que apostaban por la energía limpia, el planeta descarbonizado, la ecología y el futuro sostenible. Pero el ególatra de Elon Musk se unió a otro millonario, Trump, que todavía cree que el carbón y el petróleo son el futuro de Estados Unidos. En la campaña electoral prometió a estas decadentes industrias todo el apoyo federal y con ello su acción política parece destinada a dinamitar la línea de flotación de Tesla. A este respecto ya escribimos en esta misma sección un artículo en el que concluíamos diciendo que: «Brilla la contradicción entre querer descarbonizar el mundo de los autos vendiendo vehículos eléctricos y apostar por un presidente y una administración que, como anuncia Trump, quiere extraer y vender más petróleo y carburantes fósiles». Así pues, dos megalómanos al mando de la misma nave. No era posible que cohabitaran mucho tiempo y, tal como estaba previsto, ya estalló la primera pelea, que no es superficial: es un choque estructural.
Por todo ello, estamos asistiendo en directo a la caída del Imperio. No siempre es fácil vaticinar el hundimiento de los imperios: suelen derrumbarse sin que la mayoría lo haya previsto. Recuerden el hundimiento del imperio de los zares, o el de la URSS: cómo se disolvió como un terrón de azúcar en una taza de vodka. Sin embargo, siempre hubo quienes lo presintieron. Algunos historiadores anuncian el de Estados Unidos desde hace un tiempo. Entre ellos estava Eric J. Hobsbawm, uno de los mas grandes historiadores del siglo XX, quien en 2003 escribía en Años interesantes que el sistema político de los Estados Unidos estaba sujeto a «las ambiciones y las reacciones de las primarias de New Hampshire y al proteccionismo provinciano, que no tiene ni la menor idea de que hacer con el poder [… L]a megalomanía es la enfermedad ocupacional de los vencedores globales a menos que sea controlada por el miedo […] Por eso cuando escribo estas líneas en abril de 2002, su enorme poder puede desestabilizar y evidentemente desestabiliza al mundo».
Como todos ustedes saben al igual que yo, el imperio de repuesto, el que le va a suceder, ya enseña los dientes de dragón. Nada le detendrá. Y ante esta evidencia, cabe preguntarnos quién es mejor: aquel que dice que defiende la democracia, el progreso científico y la libertad, pero en realidad los ataca e intenta su destrucción, o el que simplemente los niega sin hacer creer que los defiende. Decidan ustedes, pero les queda poco tiempo.

Joan Santacana Mestre (Calafell, 1948) es arqueólogo, especialista en museografía y patrimonio y una referencia fundamental en el campo de la museografía didáctica e interactiva. Fue miembro fundador del grupo Historia 13-16 de investigación sobre didáctica de la historia, y su obra científica y divulgativa comprende más de seiscientas publicaciones. Entre sus trabajos como arqueólogo destacan los llevados a cabo en el yacimiento fenicio de Aldovesta y la ciudadela ibérica y el castillo de la Santa Cruz de Calafell. En el campo de la museología, es responsable de numerosos proyectos de intervención a museos, centros de interpretación, conjuntos patrimoniales y yacimientos arqueológicos. Entre ellos destaca el proyecto museológico del Museo de Historia de Cataluña, que fue considerado un ejemplo paradigmático de museología didáctica.
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