/ Mirar al retrovisor / Joan Santacana /
Fotografía de portada de Robert Couse-Baker
El mundo es, desde hace unas semanas, más inestable; pocas veces en la historia reciente se han vivido amenazas como las que se ciernen hoy sobre una parte importante de la población mundial y no sabemos el resultado. Pero frente al miedo que suele generar todo lo desconocido, hay que analizar los parámetros uno por uno y darse cuenta de las contradicciones que existen entre las amenazas y las posibilidades reales. En Europa hemos sufrido ya muchos embates desestabilizadores en el último siglo y las aguas han vuelto a su cauce. Que la potencia mundial que ha dirigido la política y la economía del último siglo tenga ahora en el timón a individuos capaces de cualquier cosa no quiere decir que consigan sus propósitos de forma inexorable. Y como de contradicciones hay muchas, me limitaré a plantearles una: la de la industria del vehículo eléctrico americano, véase Tesla, y la de sus homónimos de China, véase BYD Auto.
Para ello quisiera fijarme en primer lugar en los negocios del que se postula rey del Universo, Elon Musk, cuya cuna fue Sudáfrica y que hoy tiene a su merced el sillón presidencial de Washington. Su principal compañía está ganando dinero construyendo vehículos eléctricos. De hecho, el mercado del vehículo eléctrico lo construyó él. Desde 2012, su marca Tesla lanzó al mercado el Modelo S, que ha sido la marca más vendida en un mundo allá donde las grandes marcas de automóviles no querían apostar, más que tangencialmente. Él apostó y ganó. Hoy, la mayoría de los expertos aseguran que, las empresas europeas se hallan lejos de alcanzar al buque insignia de Tesla. Animado por este éxito del Modelo S, Tesla lanzó después el Modelo X, un vehículo con altas prestaciones y el mejor puntuado de todos en cuanto a seguridad. Los clientes de Tesla están encantados, le son fieles y aseguran estar muy satisfechos. La curva de ventas fue ascendente hasta el año 2024, cuando parece que se ha estancado. ¿Qué le está ocurriendo al rey del Universo?
Pues parece que le pillan los talones los chinos, singularmente la empresa BYD Auto. Esta corporación fue fundada en 2003. Entre 2008 y 2020 se consolidó y desde entonces ha experimentado un aumento astronómico de ventas, con más de tres millones de vehículos tan solo en 2023, despues de escalar el puesto de primer fabricante de coches en China. Este mismo año ha logrado vender más vehículos que Tesla en volumen total (híbridos y eléctricos), pero en 2024 le ha superado en coches exclusivamente eléctricos. Y es que la compañía china saca al mercado buenos coches, mejores que cualquier otro vehículo producido en Occidente y a precios muy competitivos y razonables, que se aproximan a los 10.000 dólares, mientras que Tesla ha apostado por la producción de coches para ricos, de lujo y de alta gama. Entre producir coches de lujo, caros, y vehículos utilitarios económicos, parece claro quien venderá más en un futuro inmediato.
Además, ahora, despues que el rey del Universo haya asumido el papel de líder de la ultraderecha mundial, saludo fascista incluido, puede empezar a perder potenciales clientes liberales, enemigos de las plutocracias, que creían apostar por una economía y un mundo sostenible comprando un Tesla eléctrico y se han dado cuenta que eso no está entre las prioridades de la compañía. Brilla la contradicción entre querer descarbonizar el mundo de los autos vendiendo vehículos eléctricos y apostar por un presidente y una administración que, como anuncia Trump, quiere extraer y vender más petróleo y carburantes fósiles.
¿Entienden ahora la agresividad de la nueva administración norteamericana? Parece que apuestan por el chantaje, pero, cuando esto ocurre, suele ser señal de debilidad. Los países fuertes compiten con su poderosa producción, sus innovaciones, su capacidad de penetrar mercados y con la altísima productividad. Estados Unidos se ha dedicado —especialmente en el anterior mandato de Trump— a tirar dinero para apuntalar empresas de automoción que tenían una producción de vehículos tradicionales; y ahora las empresas chinas, que apostaron en la buena dirección, les están ganando.
Cuando en 1912-1913 el Imperio aemán del Kaiser empezó a superar a la Gran Bretaña en producción industrial, exportaciones y tecnología, los grandes industriales británicos se pusieron nerviosos y su excitación les hizo proclives a enfrentarse a sus rivales económicos, los Krupp y la oligarquía industrial alemana, desembocando en un conflicto armado que estalló en 1914. Esperemos que esta vez las cosas no ocurran de la misma forma.

Joan Santacana Mestre (Calafell, 1948) es arqueólogo, especialista en museografía y patrimonio y una referencia fundamental en el campo de la museografía didáctica e interactiva. Fue miembro fundador del grupo Historia 13-16 de investigación sobre didáctica de la historia, y su obra científica y divulgativa comprende más de seiscientas publicaciones. Entre sus trabajos como arqueólogo destacan los llevados a cabo en el yacimiento fenicio de Aldovesta y la ciudadela ibérica y el castillo de la Santa Cruz de Calafell. En el campo de la museología, es responsable de numerosos proyectos de intervención a museos, centros de interpretación, conjuntos patrimoniales y yacimientos arqueológicos. Entre ellos destaca el proyecto museológico del Museo de Historia de Cataluña, que fue considerado un ejemplo paradigmático de museología didáctica.
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