/ Escuchar y no callar / Miguel de la Guardia /
Considero que el tiempo es el bien más preciado del que disponemos y que lo razonable es valorar la satisfacción que nos producen las acciones y experiencias en términos relativos de satisfacción/tiempo empleado. Por ejemplo, creo que la duración de una clase o de una conferencia debe plantearse entre cuarenta y cinco y sesenta minutos, puesto que es difícil mantener la atención de estudiantes y oyentes durante un periodo mayor sin sacrificar su aprovechamiento. También por eso odio la acumulación de horas docentes, que solo sirven para facilitar la vida de los enseñantes o de los gestores, y en lo absoluto piensan en los estudiantes.
Este concepto de duración razonable habría que adaptarlo a la cultura y, así, soy de la opinión de que noventa minutos son suficientes para contar una historia fílmica y no comparto ese desafío que sienten los directores actuales para ampliar el metraje de sus películas a dos horas. En general, no discuto que en ocasiones el guión o el número de personajes considerados no exijan una mayor duración: los treinta minutos añadidos suponen un alargamiento excesivo de algunas tomas o la inclusión de escenas gratuitas que destruyen el ritmo de la película porque no todas las historias exigen la duración de Lo que el viento se llevó.
En cuanto a la literatura, y a pesar del enorme éxito entre algunos lectores de muchas novelas de más de seiscientas páginas, también aquí creo que una extensión excesiva daña la experiencia del lector, exigiéndole un tiempo y una atención desproporcionadas frente al placer de su lectura. Ya sé que esta es una actitud muy personal, pero les aseguro que me seduce la literatura capaz de sugerir antes que describir con pelos y señales una escena y valoro las frases que me obligan a imaginar lo que está ocurriendo en lugar de contármelo desde la perspectiva del autor. Confío en que esta actitud no se valore como pereza intelectual, sino como reivindicación de mi propio derecho a hacer míos personajes y situaciones, puesto que la novela no existe independientemente de su lectura y en cada lector se renueva más allá de la voluntad de su creador.
El lector también habrá notado en mis columnas esa tacañería en términos de tiempo, pues, como Ferrán Belda me indicara y he recordado en otras ocasiones, un lector de prensa escrita difícilmente lee más de quinientas palabras y, por eso, trato de limitar la extensión de mis escritos, con la pretensión de que mis tesis no se diluyan en palabras y el lector no deba consumir una parte importante de su tiempo. De ahí también la búsqueda de títulos que sean lo suficientemente atractivos como para atraer la atención del lector, y sí: como tal vez alguien pudiera suponer, estoy convencido de que existe una duración razonable para un Gobierno, y esta debe medirse en su capacidad para transformar la sociedad en beneficio de los ciudadanos y no para resistir en la poltrona.

Miguel de la Guardia es catedrático de Química Analítica de la Universitat de València desde 1991. Tiene un índice H de 88 según Google Scholar y ha publicado más de 900 trabajos en revistas del Science Citation Index con más de 34.600 citas,5 patentes españolas, 4 libros sobre Green Analytical Chemistry (Elsevier, RSC y Wiley), un libro sobre Calidad del Aire (Elsevier), 2 libros sobre Análisis de Alimentos (Elsevier and Wiley) y un libro en dos volúmenes sobre Smart materials en Química Analítica (Wiley). En la actualidad está preparando un libro sobre Nuevas sustancias sicoactivas con un contrato con Elsevier. Además ha publicado 12 capítulos de libros. Ha dirigido 35 tesis doctorales y es Editor jefe de Microchemical Journal (Elsevier), miembro del consejo editorial de varias revistas y fue condecorado como Chevallier dans l’Ordre des Palmes Académiques por el Consejo de Ministros de Francia y Premio de la RSEQ (España). Entre 2008 y 2018 publicó más de 300 columnas de opinión en el diario Levante EMV y colabora con El Cuaderno desde mayo de 2021.
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Muy interesante.
Suele ocurrir que la DURACIÓN (tiempo interior, psicológico), no está en sintonía con el TIEMPO (externo, el del reloj).
A veces, un mismo TIEMPO nos parece que tiene una DURACIÓN insoportable (una clase aburrida, un gobierno que nos resulta ideológicamente ajeno), y viceversa.
Einstein y Bergson discutieron bastante sobre esa dualidad.
Gracias por el comentario. En cuanto al gobierno lo insoportable no es la ideología que dice asumir sino el nepotismos y la corrupción de la cúpula del PSOE
Un fuerte abrazo