/ Mirar al retrovisor / Joan Santacana /
Quizás algunos de ustedes, si me siguen en mis artículos, piensen que estoy obsesionado con el cambio de rol operado por los Estados Unidos, pero es que creo sinceramente que estamos viviendo el crepúsculo de una época y el nacimiento de otra. Y este cambio está siendo brusco y muy rápido. Hasta hace pocos años, el Imperio apoyaba tecnologías descentralizadas, abiertas, pensadas para resistir la censura en regímenes autoritarios y dictaduras, y se apoyaba preservar la privacidad de los usuarios. Ahora, en poco tiempo, esto ha cambiado: quieren un sistema fuertemente centralizado, totalmente opaco; es el Estado norteamericano quien quiere controlar la red.
Con esta idea, quieren romper los marcos reguladores europeos; someter a todo el continente a su dominio absoluto, como están haciendo en América Latina y en todas sus zonas de influencia. A las políticas abiertas que antes apoyaban ahora les llaman «censura europea». Por eso el choque es frontal entre la Unión Europea y plataformas como X.
¿Qué se esconde detrás de este cambio? ¿Por qué lo promueven? La realidad es que todo el proceso actual revela que los Estados Unidos, los estamentos que gobiernan el país, hoy sufren un gran desasosiego, perceptible en otros campos, como el de la industria militar o el comercio exterior, y ello se manifiesta también en la agresividad verbal del presidente o la búsqueda de «enemigos» interiores, como la busca y captura de los emigrantes. Detrás de todo ello hay la sospecha que Estados Unidos está perdiendo su condición de motor y centro del mundo digital.
La pérdida de esta centralidad en lo digital no es que las empresas y grandes plataformas estadounidenses pierdan dinero. Podrían perder dinero y ello serpoco importante, porque el capital puede fluir de muchas formas. No podemos ser ingenuos; estas plataformas no solo son empresas que generan dinero: son plataformas de control del conocimiento, y es eso lo que importa. Son estas plataformas las que dictaminan qué tenemos que oír y ver, qué se nos esconderá de la realidad, qué es lo que se difundirá de forma masiva y lo que se cubrirá de opacidad. Deciden también lo que se monetiza en mayor o menor grado. Y el monopolio de esta información se controla a partir de algoritmos, del control de datos, del dominio sobre los flujos de publicidad y en definitiva, de los prototipos de narrativas que se priorizarán. Esto es lo que no quieren perder precisamente ahora, cuando se está dirimiendo quien controlará el mundo en los siglos venideros. Porque la geopolítica mundial gira ahora en torno al absoluto dominio de esta información. Es más importante poseer este control que disponer de más o menos submarinos, portaviones o acorazados. Si perdieran el poder de control de estas infraestructuras del conocimiento, la capacidad de ejercer poder sobre el mundo se derrumbaría.
Esto es lo que preocupa hoy a las élites norteamericanas; esta es la guerra de las grandes tecnológicas de Silicon Valley, que no quieren soltar su dominio de las redes sociales con las que tienen atados a miles de millones de usuarios, rehenes de su poder. Y aquí esta el meollo de su ataque a la Unión Europea, que quisieran descuajar, para ir comiéndose los pedazos uno a uno. Porque esta Europa fragmentada se convertiría en una presa fácil, el eslabón imprescindible para asaltar al otro gran enemigo: China.
Esta lucha contra las regulaciones europeas nada tiene que ver con supuestas libertades de expresión. Quien controla la información no necesita limitar la libertad de expresión, porque el control de la información implica el dominio de las mentes. Este es el desafío en esta primera mitad del siglo XXI. No es casualidad que el Gobierno Trump, aliado con las grandes plataformas, esté impulsando instrumentos y portales pensados para que los ciudadanos europeos burlemos las normas que rigen el sistema europeo. El portal Freedom.gov, dirigido por la subsecretaria estadounidense de Diplomacia Pública, Sarah Rogers, permitirá a los europeos acceder a todo aquello que los gobiernos de Europa prohíban, incluyendo discursos de odio, racismo, propaganda terrorista o pornografía infantil. Esto es lo que han planeado utilizar contra nosotros. Dicen que nos quieren libres, pero no, no nos quieren libres. Nos quieren domesticados, sujetos a sus sistemas ideológicos y a todo lo que significan. Si ganaran, el mundo sería suyo, pero su desasosiego, su zozobra, indica claramente su miedo a perder el control digital. Yo soy de los que creen que el desorden mundial que han desencadenado es como un monstruo poderoso y brutal, capaz de devorar a sus propios hijos, como Saturno.

Joan Santacana Mestre (Calafell, 1948) es arqueólogo, especialista en museografía y patrimonio y una referencia fundamental en el campo de la museografía didáctica e interactiva. Fue miembro fundador del grupo Historia 13-16 de investigación sobre didáctica de la historia, y su obra científica y divulgativa comprende más de seiscientas publicaciones. Entre sus trabajos como arqueólogo destacan los llevados a cabo en el yacimiento fenicio de Aldovesta y la ciudadela ibérica y el castillo de la Santa Cruz de Calafell. En el campo de la museología, es responsable de numerosos proyectos de intervención a museos, centros de interpretación, conjuntos patrimoniales y yacimientos arqueológicos. Entre ellos destaca el proyecto museológico del Museo de Historia de Cataluña, que fue considerado un ejemplo paradigmático de museología didáctica.
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