Escuchar y no callar

Cuantificadores

Miguel de la Guardia escribe sobre la necesidad de números concretos o valores exactos en predicciones y encuestas, en lugar de vagas horquillas.

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Las apreciaciones generales de la cantidad de casos o situaciones del tipo de: «muchos», «pocos», «una gran cantidad», «varios», etcétera, adolecen siempre de falta de información o sinceridad y, por eso, permítanme que declare mi amor por los cuantificadores. Pocos pueden ser dos, uno o ninguno,  muchos pueden ser cien, mil o un millón, dependiendo del tema, y, en cualquier caso, la ausencia de una cuantificación exacta deja a la imaginación del lector la estimación de la realidad, abriendo la puerta a especulaciones y falsedades. Por eso soporto mal que algún representante público se escude en estimadores indeterminados y veo en ello un claro fraude por ignorancia o por ganas de ocultar la realidad. Es necesario aportar datos precisos y no confundir a lectores y representados. Probablemente, la máquina del fango nació de convertir estimaciones personales interesadas en datos que se pretenden colar a la ciudadanía de forma no cuantificada.

Saber que una subida salarial afecta a 1000 o a 10.000 trabajadores es tan ilustrativo como saber si el aumento o reducción de la presión fiscal beneficiará a una pequeña minoría, bien cuantificada, o se plantea como una mejora de la situación de la clase media del país. Ya ven: todo depende de establecer un número concreto y no evadir la realidad con apreciaciones subjetivas e inexactas de unos pocos o la gran mayoría. En ambos casos, prefiero ser yo quien valore la situación sin intermediarios. De ahí que pierda por completo la confianza en quien se escuda en calificativos cuando de lo que se trata es de dar un número sin evadir la realidad.

Es cierto que, en ocasiones, resulta difícil precisar valores exactos y desde aquí reconozco mi incapacidad para estimar la distancia entre dos puntos, la edad de una persona o la duración de un hecho; pero coincidirán conmigo que son situaciones que, aun no siendo nimias, no afectan dramáticamente a la realidad y se pueden relegar a la esfera de lo privado. Lo que sí les confirmo es que nunca me atrevería a trasmitir ni esos ni datos más importantes a nadie sin ponerlos previamente en duda.

Dicho todo lo anterior, espero que coincida el lector conmigo en la apreciación del esfuerzo que supone para quien habla precisar numéricamente datos que, además, podrían ser confirmados o desmentidos, poniendo en apuros a quien erró en evaluar o comunicar los mismos.

En cualquier caso, los datos crudos tampoco son suficientes y habría que referirlos a una base; de manera que no solo las cantidades absolutas, sino los valores relativos, permitan identificar situaciones diferentes. Como ejemplos, les remito a las nuevas tarifas de recogida de residuos en distintas ciudades, la financiación de obras  públicas en diferentes comunidades autónomas, los impuestos aplicados a las rentas del trabajo o de la inversión en bolsa… Datos, no palabras vacías, son lo que necesitamos los electores para decantar nuestro voto en cada elección y para criticar la gestión que se haga de lo público entre periodos electorales.

De hecho, para establecer una recomendación de voto me gustaría plantear una ecuación que valorara cuantitativamente la inversión en servicios públicos como la educación, la sanidad, la seguridad, la dependencia o las pensiones, y que estableciera como cifra de demérito el número de asesores y cargos de libre designación, las dietas y salarios a percibir por representantes y cargos por nominación directa, el número de ministerios, concejalías, vicerrectorados o consejerías, la presión fiscal… Ya ven que para formar una opinión razonable no basta con datos aproximados o informaciones falsas como las que evalúa el señor Tezanos periódicamente con el dinero de todos y que la realidad se empeña en desmentir en cada convocatoria electoral, a pesar de que el personajillo opine que da siempre en el clavo.

Coincidirán conmigo en la necesidad de cuantificadores absolutos y relativos y, siempre, fiables y fáciles de confirmar, para poder establecer correctamente el estado de opinión más allá de banderías y adhesiones incondicionales.


Miguel de la Guardia es catedrático de química analítica en la Universitat de València desde 1991 y en la actualidad profesor emérito en activo. Tiene un índice H de 92 según Google Scholar y ha publicado más de 987 trabajos con más de 40.000 citas, 5 patentes españolas, 4 libros sobre green analytical chemistry (Elsevier, RSC y Wiley), un libro sobre calidad del aire (Elsevier), dos libros sobre análisis de alimentos (Elsevier and Wiley), un libro en dos volúmenes sobre smart materials en química analítica (Wiley) y otro sobre NPSs (Elsevier) y está preparando un libro sobre Human biomonitoring in Food safety assurance para RSC. Además ha dirigido 35 tesis doctorales y es editor jefe de Microchemical Journal (Elsevier), miembro del consejo editorial de Spectroscopy Letters (Estados Unidos), Ciencia (Venezuela), J. Braz. Chem. Soc. (Brasil), Journal of Analytical Methods in Chemistry and Chemical Speciation & Bioavailability (Reino Unido), SOP Transactionson Nano-technology (Estados Unidos), SOP Transactions on Analytical Chemistry (Estados Unidos) y Bioimpacts (Irán). Condecorado como Chevallier dans l’ordre des Palmes Académiques por el Consejo de Ministros de Francia, Premio de la RSC (España) y condecorado por la Policía Local de Burjassot.


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2 comments on “Cuantificadores

  1. José Miguel Trejo

    En tiempos de ruido y palabras imprecisas, reivindicar el valor de los datos es casi un acto de honestidad. Claridad, rigor y compromiso con la verdad: así da gusto leer y pensar.

  2. Vicent Yusà

    Cierto, los datos estadísticos, las cifras, la cuantificación es indispensable para poder evaluar la calidad y honestidad de la actuación de los poderes públicos.
    Y los datos pueden desmentir fácilmente a la propaganda engañosa.
    Un ejemplo:
    La Generalitat Valenciana pidió al presidente del Gobierno 1.782 millones para resolver su infrafinanciación. El Ministerio de Hacienda respondió con más del doble: 3.669 millones en el nuevo modelo de financiación. Ahora, el actual presidente de la Generalitat lo rechaza.
    Los datos evidencian su inconsistencia.

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