/ Escuchar y no callar / Miguel de la Guardia /
Mi buena amiga Regina Santelli me enseña, tras muchos años y muchas visitas a Brasil, este término carioca que significa «encanto o atractivo personal irresistible» y que vendría a ser equivalente a lo que entendemos por carisma. Me gusta la palabra, su sonoridad repleta de oes y su significado. Lo mejor es que no existe un «borogodómetro» y eso hace que esta cualidad sea imposible medir y cuantificar su presencia en una persona, por lo que se convierte en un intangible que todos quisiéramos añadir a nuestro currículum. Ya ven: viajar, como he dicho en alguna ocasión, no solo acrecienta nuestro conocimiento del mundo y nos libera del nacionalismo, sino que acaba enriqueciendo nuestra propia percepción del lugar que ocupamos en el mundo y nuestra propia personalidad.
El borogodó es una extraña cualidad que depende de la persona que analizamos y de quien la observa, y así se reconoce en algunos amigos e incluso en personas a las que se mira desde fuera. Hay que tener cuidado, pues esta cualidad puede perderse debido a comportamientos deshonestos, a mentiras y otras actitudes que demuestran la falsedad de esa imagen que se pretendía dar a los demás. Hay que tratar de obtener y no malbaratar el borogodó y, especialmente, es muy recomendable no caer en el ó do borogodó, que implica algo así como el quiero y no puedo de nuestra lengua e indica que la persona de quien hablamos exagera su carisma y tiene más pretensión que encanto; vamos, que tiene un ego desproporcionado.
Es importante cultivar el propio borogodó asumiendo liderazgos con grandes dosis de sinceridad y bondad, pero también es imprescindible dotar a nuestra conducta de originalidad y espontaneidad y no quedarse en el marco de los arquetipos sociales. Con respeto hacia los demás es necesario que nuestro comportamiento no sea previsible, que seamos capaces de subvertir las normas en beneficio de quien nos escucha y, en mi opinión, es tremendamente importante no tomarse necesariamente a uno mismo en serio y no pretender que nada nos sea debido, puesto que la vanidad y la soberbia son lo contrario al borogodó, que no se impone a los otros, sino que debe fluir naturalmente como una corriente cálida de amistad y solidaridad, especialmente con aquellos que han tenido menos suerte que nosotros en la vida y ocupan una posición desfavorable en la escala social. El borogodó, por lo tanto, no debe ser nunca altanero con los de abajo ni rastacuero con los de arriba.
Aun siendo una palabra profundamente brasileña, su importancia alcanza a cualquier sociedad humana y, aunque sus enemigos jamás identificarán esa cualidad en ustedes, les animo a cultivar su borogodó a fuerza de creatividad y sinceridad consigo mismos y con los demás.
El término se aplica en todos los campos, desde la belleza hasta los negocios, pero estoy convencido de que sin inteligencia y sinceridad es imposible cultivar esta cualidad y, sin embargo, es algo que abre muchísimas puertas en la vida, que facilita la comunicación y que ayuda a establecer rápidamente vínculos de amistad y de fraternidad con las personas con quienes coincidimos. Nada más lejos de tener borogodó que ser una persona taciturna y huraña y, desde luego, vayan deshaciéndose de su timidez si quieren ver relucir su borogodó.
Este mes de septiembre quedará en mi memoria como un mes brasileiro, pues mi participación en el ENQA 22, el Encuentro Nacional de Química Analítica, sirvió de pretexto para visitar de nuevo Río de Janeiro, Salvador de Bahía y Recife, además de Maceió, en el estado de Alagoas, compartiendo con los amigos y colegas el trabajo que hacemos en Valencia y disfrutando de su amistad. No lo duden: este país es un destino lleno de encanto y sus gentes el mejor regalo; de manera que sirva esta columna, que refleja el alma brasileña a través de una palabra bien suya, como un homenaje a los lugares y las gentes que ocupan un sitio enorme en mi corazón y mi memoria.

Miguel de la Guardia es catedrático de química analítica en la Universitat de València desde 1991 y en la actualidad profesor emérito en activo. Tiene un índice H de 92 según Google Scholar y ha publicado más de 987 trabajos con más de 40.000 citas, 5 patentes españolas, 4 libros sobre green analytical chemistry (Elsevier, RSC y Wiley), un libro sobre calidad del aire (Elsevier), dos libros sobre análisis de alimentos (Elsevier and Wiley), un libro en dos volúmenes sobre smart materials en química analítica (Wiley) y otro sobre NPSs (Elsevier) y está preparando un libro sobre Human biomonitoring in Food safety assurance para RSC. Además ha dirigido 35 tesis doctorales y es editor jefe de Microchemical Journal (Elsevier), miembro del consejo editorial de Spectroscopy Letters (Estados Unidos), Ciencia (Venezuela), J. Braz. Chem. Soc. (Brasil), Journal of Analytical Methods in Chemistry and Chemical Speciation & Bioavailability (Reino Unido), SOP Transactionson Nano-technology (Estados Unidos), SOP Transactions on Analytical Chemistry (Estados Unidos) y Bioimpacts (Irán). Condecorado como Chevallier dans l’ordre des Palmes Académiques por el Consejo de Ministros de Francia, Premio de la RSC (España) y condecorado por la Policía Local de Burjassot.
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