Poéticas

«No deixez morir a mía voz»

Pedro Luis Menéndez nos presenta a Ánchel Conte, poeta en lengua aragonesa.

«No deixez morir a mía voz»

/por Pedro Luis Menéndez/

Si todo poeta que se precie construye el universo de su lenguaje en un pulso permanente entre lo común y lo particular para, con el mismo léxico y las mismas estructuras sintácticas que el idioma desvela en su uso cotidiano, ir más allá, darle esa vuelta de tuerca que conduce al poema a una suerte de mundo lingüístico paralelo, donde cobra matices y significados que van naciendo en el desarrollo generador de cada uno de sus versos, aun a sabiendas de que edifica sobre lo edificado porque su idioma puede ser de uso común de cientos de millones de personas, ¿qué ocurre cuándo ese poeta escribe en una lengua minoritaria, con la certeza de que lo va a seguir siendo (si tiene algo de suerte y no llega incluso a desaparecer), y pertenece además a una comunidad autónoma española poco ruidosa, que ocupa escasas o ninguna página en los altavoces mediáticos con sus reivindicaciones, históricas o actuales, y que se caracteriza por una discreción que se defiende como virtud, y a la que sus habitantes no parecen querer renunciar?

Las tres lenguas de Aragón: en amarillo, el castellano; en fuscia, el catalán; en rojo, el aragonés.

¿Cómo afronta ese poeta entonces, más minoritario aún que lo supuesto para todo hecho poético, la conciencia de que su obra está generando un idioma nuevo —como si se tratara de una criatura de la que no sabemos si va a crecer o no— desde la paradoja de que, al mismo tiempo, se trata de una de las lenguas con más historia de la península ibérica?

 

Ánchel Conte (Alcolea de Cinca, Huesca, 1942) escribe toda su obra literaria en aragonés, aunque no es más que indirectamente su lengua materna, que utiliza junto con el castellano sobre todo en su faceta de historiador. Para Conte, escribir en aragonés fue una elección, fruto de la inmersión lingüística que debió afrontar en Aínsa, adonde llegó como profesor en los años sesenta y donde se encontró con que una gran parte de sus alumnos hablaba en una lengua que despreciaban ellos mismos. Desde entonces, su compromiso con la defensa de esa lengua le ha acompañado en Zaragoza, en Teruel, en Huesca, en Barcelona, o en Almería, donde actualmente reside.

En una entrevista realizada a raíz de la publicación de su libro Luna que no ye luna, afirmaba Conte:

El aragonés es mi lengua literaria, la que adopté cuando trabajé en Aínsa. Yo tenía un aragonés residual, pero allí me encontré con alumnos que hablaban aragonés en diversas modalidades (chistavín, belsetán, fovano, sobrarbés), aprendí de ellos, me identifiqué con ellos y aquella tierra que estaba en proceso de destrucción planificada (pantanos, repoblación forestal irracional, cierre de escuelas, muerte de aldeas).  Aprender aquella lengua era una forma de sentirme formando parte de un pueblo que se resistía a la muerte. Luchar por aquella lengua era luchar por su gente. Así lo entendí, hasta el punto de que a los ocho o nueve meses de estar allí me descubrí un día escribiendo un poema en aragonés.

Y a esta explicación añade en la misma entrevista:

[…] en castellano no sé escribir poesía ni cuentos ni novela. El castellano lo dejo para los trabajos de historia. La razón de que sólo escriba en aragonés se me escapa, acaso habría que recurrir a un psiquiatra para que encontrara las causas profundas  que me obligan a usar una lengua aprendida, aunque en mi opinión es el amor por una tierra con la que me sentí completamente identificado y de la que nunca me fui, porque no me fui,  me echaron en 1973. Tal vez ahí radique la razón de que a la hora de escribir lo haga en aragonés, en la ausencia constante que he sentido y siento de Sobrarbe, de sus gentes; de una tierra en la que me  hice lo que soy, a la que tanto debo.

Autor de una amplia bibliografía como historiador, Ánchel Conte ha publicado cinco libros de poemas, dos novelas y dos libros de relatos. Y tal vez sea su obra poética la que más ha utilizado como refugio personal; como espacio de intimidad que, una vez resuelto en su primera intención, se abre después al mundo como un compartir lo que ya está compartido con las personas para las que primero fue escrito, y sentido.

Ánchel Conte.

Un poco a la manera de los muy conocidos versos que Eliot dedicara a su mujer («…esta dedicatoria es para que la lean los demás: éstas son palabras privadas que te dirijo en público»), Conte compone casi todos sus poemas como palabras privadas dirigidas a un con nombre y apellidos, y sólo después, en ocasiones muchos años después (más de los que él hubiera querido por las circunstancias), llega a los lectores que se acercan a su obra como obra pública, ajenos (pero no necesariamente lejanos) a su intención original. Así, en poemas tan mínimos que parecen impulsos eléctricos:

Me naixen flors en to’l cuerpo
sólo con pensar-te
Qué no será cuan te veigo

O en:

Perque t’he quiesto,
sé que he viviu.
Perque te quiero,
soi conscién de que no estoi muerto.

Pero también en otros de desarrollo más extenso, como el «Poema insomne (A.B. presén)», en el que se nos permite acceder como lectores a una intimidad que sólo podemos intuir desde un respeto tan profundo como el de los sentimientos que lo hicieron nacer, y que persisten con el tiempo ya ido:

de nueis me miro lo mar e no i veigo sique una inmensa plana
de tierra roya per an que camina o tuyo esprito
como fotografía amarillenca per os años i apareixes tu ternet fau
de poderosa coculla e fina zaba
en tu m’acubillo
e baixo a tuya mosquera alufro lo tuyo cuerpo d’ombre con cara
de nino enchurgadito e clara mirada
ixe cuerpo en suenios mil vegadas besau que como fuego crema
e dellá d’a muerte ye siempre vivo
me miro lo mar e trobo lo nuestro paisache inmensa envista
dende as ripas per an dondían dos almas
pienso e me digo
son as mesmas almas que agora pareixen vivas pero son muertas
e bien muertas e manimenos s’aman.

Vera, 25 de chulio de 2018, 3:08 oras

Entre la experiencia personal que, en el fondo, siempre es histórica porque no puede vivir fuera de la historia y un cierto neorromanticimo (aunque creo que a Conte la importan poco o nada las etiquetas que los demás podamos aplicar a su obra), su poética podría resumirse, en sus propias palabras, en la creación de una obra «sincera, poco elaborada y muy espontánea».

Si se me permite la comparación del acto poético con el acto fotográfico, resultan muy útiles las palabras de Cartier-Bresson para intentar acercarse también al universo creativo de Ánchel Conte:

La fotografía como yo la concibo, bueno, es un dibujo, un boceto inmediato hecho con la intuición. Y no puedes corregirlo. Si debes corregirlo, será la siguiente fotografía. Pero la vida es muy fluida… Bueno, a veces las imágenes desaparecen y no hay nada que puedas hacer. No puedes decirle a la persona: “Oh, por favor, vuelve a sonreír. haz ese gesto de nuevo”. La vida es una sola vez, para siempre.

Porque Conte resume en una frase que me ha hecho pensar en el fotógrafo francés ese mismo impulso creativo: «Un poema es una chispa que salta y la coges al instante o ya no funciona». Quizás por esto, además de la publicación en papel de sus poemas, Conte mantiene con sus lectores un diálogo fluido a través de Facebook, lo que le permite de algún modo exponer y exponerse, desde la desnudez de los versos pero también desde la protección de la pantalla, ese juego social en el que la poesía está ocupando ya un espacio donde puede expandirse de un modo tan universal como nunca hubiéramos soñado en las páginas de un libro.


Poemas

O zielo entero…

o zielo entero ye amagau n’os tuyos uellos tota la luz la tiens tu n’a mirada
no me l’has robada pa yo integra la guardas
igual como lo tuyo riso riu pazible an que me capuzo en badina d’auguas claras
e a voz ixa voz que dispierta un amatau cuerpo viello que per tu se torna flama
viene t’aquí con yo
e abrazaus zarradas totas as puertas e finestras contaremos as oras dica l’alba
entre que uellos boca mans peito e sexo de propio s’ acazegan e en estivas frescas amallatan

Almería, 10 d’octubre de 2018, 21 oras

Traducción al castellano:
el cielo entero está escondido en tus ojos toda la luz la tienes tú en la mirada
no me la has robado para mí íntegra la guardas
igual que tu risa río apacible donde me zambullo en remanso de aguas claras
y la voz esa voz que despierta un cuerpo viejo apagado que por ti se hace llama
ven aquí conmigo
y abrazados cerradas todas las puertas y ventanas contaremos las horas hasta el alba
mientras que ojos boca manos pecho y sexo a idea se extravían y en prados frescos sestean

Ausenzia d’a tierra

ye a mía sangre buro royo d’alcoleya e doraus trigazals de monegros
me creixen n’os uellos abez pirenencos e turolenses sabinas e chinebros
soi o mesmo que yere o mesmo que pa cutio seré tierra d’a mía tierra
a remor d’a cinqueta e una intensa ulor á ontina dende luen me dispiertan
cuan a mida pa contar a tristura son paisaches allenos e quilometros
e me siento paixaro en exilio d’alas talladas á qui l’han muerto lo canto

me miro lo mar e pa no plorar tanta ausenzia i afogo as parolas pretando-me o peito

Vera 23 d’agosto de 2018, 18 oras

Ausencia de la tierra [traducción al castellano]
es mi sangre arcilla roja de alcolea y dorados trigales de monegros
me crecen en los ojos abetos pirenaicos y turolenses sabinas y enebros
soy el mismo que era el mismo que para siempre seré tierra de mi tierra
el rumor del cinqueta y un intenso olor a ontina desde lejos me despiertan
cuando la medida para contar la tristeza son paisajes ajenos y quilómetros
y me siento pájaro en exilio de alas cortadas al que le han matado el canto

miro el mar y para no llorar tanta ausencia ahogo en él las palabras apretándome el pecho


Pedro Luis Menéndez (Gijón, Asturias, 1958) es licenciado en filología hispánica y profesor. Ha publicado los poemarios Horas sobre el río (1978), Escritura del sacrificio (1983), «Pasión del laberinto» en Libro del bosque (1984), «Navegación indemne» en Poesía en Asturias 2 (1984), Canto de los sacerdotes de Noega (1985), «La conciencia del fuego» en TetrAgonía (1986), Cuatro Cantos (2016) y la novela Más allá hay dragones (2016). Recientemente acaba de publicar en una edición no venal Postales desde el balcón (2018).

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