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1929-2029: ¿parecida alternativa?

¿Vuelve Europa a los años treinta? Del auge fascista de entreguerras al ascenso actual de la extrema derecha, con Alemania en el centro del rearme. Artículo de Joan Santacana.

/ Mirar al retrovisor / Joan Santacana /

En la Europa de los años treinta, una parte creciente del continente fue cayendo bajo el influjo de ideologías próximas al fascismo, entonces ya instalado en el poder en Italia. Para muchos contemporáneos, el nuevo movimiento parecía encarnar el Estado moderno: eficaz, disciplinado y capaz de movilizar a pueblos enteros. Mussolini aparecía como un modelo a imitar; la Unión Soviética de Stalin, como el otro gran referente autoritario. Al mismo tiempo, las dictaduras se extendían por el mapa europeo: en España aún coleaba la dictadura de Primo de Rivera; en Portugal gobernaba António Oliveira Salazar; en Yugoslavia, el rey Alejandro I había abolido la Constitución; en Albania mandaba Ahmet Zogu; en Polonia, la democracia se tambaleaba bajo el peso del general Józef Piłsudski, y en Hungría el regente Miklós Horthy ejercía el poder con mano de hierro.

Frente a ese clima de modernidad autoritaria, las democracias parlamentarias —como la británica, con sus hombres de chistera y sombrero de copa— parecían pertenecer a otro tiempo. La estética del poder también contribuía al contraste: los uniformes de los fascistas italianos y la cuidada indumentaria nazi proyectaban una imagen de orden, juventud y eficacia que seducía a una parte de la opinión pública europea.

La República de Weimar parecía, entonces, la gran excepción alemana: un régimen casi sin ejército, con una Constitución progresista, democrática y avanzada. Pero la crisis económica desatada por el crack de 1929 y el ascenso electoral del nazismo en el Reichstag precipitaron una transformación fulminante. El 30 de enero de 1933, Hitler fue nombrado canciller; en agosto del año siguiente se proclamó Führer y liquidó la democracia. En apenas cuatro años, Alemania volvió a rearmarse. Y ese rearme, como es sabido, lo cambió todo.

Hoy algunas señales evocan aquel clima de época, aunque las circunstancias no sean idénticas. En Italia gobierna Giorgia Meloni, líder de Fratelli d’Italia; en Finlandia, el partido nacionalista Verdaderos Finlandeses forma parte de la coalición gubernamental junto a los conservadores; en Eslovaquia, el Ejecutivo de Robert Fico integra fuerzas nacionalistas y de derecha radical. También en Austria, Polonia y la República Checa la extrema derecha ha ganado peso en las coaliciones y en la agenda pública. En Croacia, la derecha nacionalista participa en alianzas que sostienen al poder ejecutivo. En España, la derecha tradicional se apoya cada vez más en la extrema derecha para alcanzar o conservar gobiernos.

La conclusión es clara: en Europa, la extrema derecha ha dejado de ser un fenómeno marginal. Ya no se limita a impugnar la Unión Europea desde fuera; ahora influye en sus instituciones y condiciona sus políticas desde dentro. La propia Comisión Europea ha empezado a cooperar con gobiernos de extrema derecha en ámbitos como la inmigración, lo que erosiona el tradicional cordón sanitario. Las causas son múltiples: estancamiento económico, inflación, desgaste de los partidos tradicionales y malestar social ante la inmigración.

Ningún país concentra mejor estas tensiones que Alemania. La República Federal está inmersa en un rearme histórico. El giro, conocido como Zeitenwende —cambio de era—, constituye la mayor transformación de su política de defensa desde la Segunda Guerra Mundial. Lo impulsa la guerra en Ucrania y la creciente desconfianza hacia el paraguas de seguridad estadounidense. Su presupuesto de defensa asciende ya a 124.700 millones de euros, el más alto de su historia.

Conviene subrayarlo: la República Federal de Alemania es hoy una democracia consolidada. Pero en su interior crece Alternativa para Alemania (AfD), una fuerza de ultraderecha en claro ascenso que desafía al sistema político tradicional. Su avance se alimenta de la crisis económica y del descontento con el Gobierno. La pregunta, entonces, resulta inevitable: ¿qué ocurriría si AfD ganara las elecciones de 2029? ¿Qué uso podría hacerse de un arsenal construido bajo una democracia si un proyecto autoritario llegara a administrarlo?

La historia nunca se repite de la misma forma, pero algunos de sus mecanismos regresan con inquietante familiaridad. Los alemanes de los años treinta estaban profundamente irritados con el sistema; muchos alemanes de hoy también expresan ese malestar. En 1933, la alternativa les salió carísima. En 2029, nadie puede asegurar aún cuál será el precio.


Joan Santacana Mestre (Calafell, 1948) es arqueólogo, especialista en museografía y patrimonio y una referencia fundamental en el campo de la museografía didáctica e interactiva. Fue miembro fundador del grupo Historia 13-16 de investigación sobre didáctica de la historia, y su obra científica y divulgativa comprende más de seiscientas publicaciones. Entre sus trabajos como arqueólogo destacan los llevados a cabo en el yacimiento fenicio de Aldovesta y la ciudadela ibérica y el castillo de la Santa Cruz de Calafell. En el campo de la museología, es responsable de numerosos proyectos de intervención a museos, centros de interpretación, conjuntos patrimoniales y yacimientos arqueológicos. Entre ellos destaca el proyecto museológico del Museo de Historia de Cataluña, que fue considerado un ejemplo paradigmático de museología didáctica.


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