Pantalla

Las Brigadas Rojas y el cine

Luciano Hevia Noriega se incorpora como colaborador de EL CUADERNO reseñando 'Las Brigadas Rojas y el cine', de Luis Veres.

Las Brigadas Rojas y el cine

/por Luciano Hevia Noriega/

Sensación ambivalente la que nos deja el último libro del profesor de la Universidad de Valencia Luis Veres. Las Brigadas Rojas y el cine parte de un material muy interesante y no demasiado estudiado en nuestro país, pero se ve lastrado por una absoluta e incomprensible ausencia de corrección que deja al descubierto abundancia de erratas, descuidada ortografía, repeticiones, inconexiones y descontrol palmario en el manejo de nombres propios, lo que afea en grado sumo el texto y se nos antoja una intolerable dejación de funciones por parte de una editorial tan prestigiosa como Tirant lo Blanch.

Igualmente cuestionable nos parece el título escogido, que invita a cierto desconcierto, ya que la primera referencia al cine la encontramos en la página 97 en un libro que no llega a las 200. Toda esa larga primera parte está dedicada a analizar el periodo abordado desde múltiples puntos de vista (político, laboral, sindical, económico, intelectual, estudiantil…) y a contextualizarlo y enmarcarlo en el convulso panorama internacional que tanto influyó en el plano doméstico, tomando como punto de partida el hito seminal que supuso la muerte en un enfrentamiento estudiantil del militante antifascista Paolo Rossi en abril de 1966 y como corolario el brutal atentado de Bolonia en agosto de 1980, aunque con unos márgenes cronológicos flexibles que no omiten ninguno de los grandes acontecimiento de los denominados años de plomo, con especial atención al caso Moro.

Se presenta la Italia de esos años como un estado acosado a extrema derecha y extrema izquierda (terrorismo rosso versus terrorismo nero), con la amenaza latente de un golpe de Estado, las alcantarillas policiales trabajando para frenar el creciente papel del PCI, un movimiento estudiantil y sindical cada vez más desafecto respecto a lo existente y una omnipresente Democracia Cristiana arrogándose el papel rector del país; un caldo de cultivo, en definitiva, idóneo para el surgimiento de una pléyade de grupúsculos con la clara intención de desestabilizar mediante una escalada de la tensión y una crispación constante que busca la propaganda por la vía de los hechos: Potere Operaio, Autonomia Operaia, Gruppi d’Azione Partigiana, Prima Linea, Lotta Continua, Fronte Comunista Combattente, Proletari Comunisti Organizzati, Ronde Armate Proletarie, Unitá Comuniste Combattenti o, por supuesto, las Brigadas Rojas, que copan la mayor atención. Y junto a este batiburrillo de siglas (con sus correspondientes panfletos incitando a la revolución), un buen puñado de activistas, ideólogos y militantes al frente de las organizaciones legales o clandestinas, en algunos casos con una más que calculada ambigüedad que ha permitido alargar el debate sobre algunas cuestiones hasta casi nuestros días: Renato Curcio, Toni Negri, Mario Moretti, Giangiacomo Feltrinelli, Mario Tronti, Mara Cagol… Muchos nombres desfilan por el libro, algunos de ellos bastante desconocidos para legos en el tema, por lo que hubiera sido muy pertinente incluir un índice onomástico que se echa en falta.

En la segunda parte irrumpe ya el cine, que, evidentemente, no fue ajeno al fenómeno de la violencia terrorista y su respuesta por parte del Estado, dejando un buen puñado de películas que radiografían lo sucedido desde las más variadas ópticas. En los más de sesenta títulos que se citan (en ocasiones en español, pero las más de las veces en italiano) hay comedias, poliziesco, dramas y otros muchos géneros y subgéneros, grandes nombres del cine italiano tanto en dirección como en interpretación y un recorrido más o menos veraz según los casos por casi veinte años de historia reciente de un país al que buena parte de las corrientes de pensamiento emanadas del 68 golpearon como a pocos literal y metafóricamente.

Algunos nombres se repiten de manera recurrente: Francesco Rosi (cuyo fresco de la sociedad italiana de principios de los ochenta Tres hermanos fue nominado al Oscar y que abordó el asesinato de jueces en Excelentísimos cadáveres), Marco Bellocchio (con sus habituales retratos de familias burguesas frecuentemente sacudidas por dolorosas contradicciones de fatales consecuencias, de la manipulación de los medios o del secuestro y asesinato de Aldo Moro), Carlo Lizzani y Fernando Di Leo (con sus películas de acción, delincuencia, violencia neofascista y mafia, aderezadas con pinceladas de erotismo), Elio Petri (cuya Investigación sobre un ciudadano libre de toda sospecha, que remedaba el caso Pinelli y su supuesta muerte accidental, se llevó el Oscar y que en La clase obrera va al paraíso denunciaba las condiciones laborales de las fábricas de la época), Mario Monicelli (convirtiendo al gran Alberto Sordi en un probo funcionario a la búsqueda de venganza en Un burgués pequeño, muy pequeño o parodiando la amenaza de golpe de Estado en Queremos los coroneles), Dino Risi (que en Sábado inesperado hace secuestrar a Mastroianni por un comando revolucionario y en Querido papá a Gassman sospechar de su propio hijo como miembro de una célula terrorista), Marco Tullio Giordana (con su biopic del militante comunista Peppino Impastato en Los cien pasos, el conmovedor recorrido generacional La mejor juventud o su acercamiento a hechos tan controvertidos como el asesinato de Pasolini o la masacre de Piazza Fontana), Giuseppe Ferrara (acercándose a la figura del general Dalla Chiesa, que combatió con desigual fortuna el terrorismo rojo y el mafioso, en Cien días en Palermo o a la del asesinado líder de la Democracia Cristiana en El caso Moro), Michele Placido (que en Roma criminal indaga en las distintas conexiones del crimen organizado con las altas esferas) o Paolo Sorrentino (cuya El divo destripa la controvertida y cínica figura del longevo Giulio Andreotti), por destacar únicamente algunos entre muchos otros protagonistas, con Gian Maria Volonté como rostro más icónico de la época.

Resumiendo, un material de partida enormemente interesante, no todo lo bien tratado que merecería en el aspecto estilístico, pero útil para aproximarnos a un periodo tan fascinante como cruento, cuyos rescoldos aún crepitan lo suficiente para suscitar enconados debates intelectuales.


Las Brigadas Rojas y el cine
Luis Veres
Tirant lo Blanch, 2018
192 páginas
15,10€


Luciano Hevia Noriega (Les Arriondes [Asturias], 1975) es licenciado en historia y especialista en gestión cultural por la Universidad de Oviedo y trabaja como librero. Ha colaborado ocasional o habitualmente en periódicos y revistas como El Cien, El Impulso, El Fielato o La Ratonera.

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